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viernes, 23 de julio de 2010

En el estudio: "El artista en el trabajo". Francis Alÿs

ORIGINAL: The Economist
Traducción libre: Grupo Mente Nómada

La revista The Economist inicia una nueva serie "El artista en el trabajo" con una reseña del trabajo de Francis Alÿs, quien crea arte sobre territorios y fronteras.

Francis Alÿs, artista belga, ha vivido en México desde hace más de 20 años. Se formó como arquitecto, luego fue a América Latina con el ejército belga en el marco de los esfuerzos de ayuda del terremoto de 1986. Unos años más tarde se encontró en la ciudad de México, donde se decidió convertir en trabajo el abrazar su sentido de nostalgia. El otoño pasado, trasladó su estudio a la Plaza Loreto, una plaza en la zona fronteriza entre el centro urbano histórico reformado de la ciudad y una zona ilegal, con drogas, prostitución y piratería de DVD. La ubicación es significativa. Lo que delata la fascinación del artista con la poética y la política de mundos paralelos.


La exposición individual en curso de Alÿs de la Tate Modern de Londres ha sido muy bien recibida. Trabaja en pinturas, esculturas, documentales y animación de ficción, pero su proceso creativo a menudo comienza con una actuación en solitario. Muchas de sus "acciones", como él los llama, incluyen el artista en movimiento. En "Cuentos Patrióticos", su figura alta y delgada puede ser vista liderando un rebaño de ovejas alrededor del asta principal del Zócalo, la plaza principal de Ciudad de México. En "La Línea Verde", él da un paseo a través de Jerusalén a lo largo de la frontera del armisticio de 1948 entre Jordania e Israel, una línea de goteo de una lata de pintura abierta. En "Tornado", su video más reciente, corre hacia el centro difuso de varias tormentas de viento. El resultado evoca la historia de la pintura de paisaje, el expresionismo abstracto y monocromos mínimos.

El taller del artista es en una casa de tres plantas construido en 1736, y todavía se siente como un hogar familiar. Babouche, un bulldog francés, recibe a sus clientes con la lengua por sus dedos de los pies. Las reuniones personales tienen lugar en la cocina con un plato caliente servido a las 14:00 por Mercedes, la cocinera. Las habitaciones son talleres, salas de edición y estudios de pintura, pero siguen teniendo mucho carácter, con el azul turquesa y las paredes de terracota y muebles de época del mercado local de la calle. Las ventanas en la parte delantera dan a la Iglesia de Loreto, cuyo campanario hace que la torre inclinada de Pisa se pueda mirar tranquilamente vertical.

En una habitación (primera foto arriba), 15 cuadros pequeños están dispuestos en varias filas improvisados. Ellos pertenecen a una serie de ensueño de 111, en la que Alÿs ha estado trabajando desde 1996. Bajo el título "Le Temps du Sommeil", las obras tienden a representar figuras como hadas y animales extraños jugando en un paisaje encantado. Su fondo rojo terroso reitera las tonalidades de la habitación tan de cerca que parece que el artista pintó las paredes por igual. Pero Alÿs hizo muy poco, además de re-cablear la electricidad y agregar algunos tragaluces. "Tengo bastante visión para tomar decisiones", explica.

Alÿs prefiere colaborar a delegar. Describen dos colegas de muchos años como los "alter-ego de las clases": Rafael Ortega, un artista y camarógrafo, quien trabaja con él "en la parte operativa", y Cuauhtémoc Medina, crítico de arte y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, que es esencial para "la argumentación" de su trabajo. Más recientemente se encontró con Julien Devaux, un editor de video, que colabora en la crónica de sus "acciones" y se ha convertido en "crucial de cómo las historias son dichas".

Una serie de otros artesanos trabajar con Alÿs, algunos de los cuales tienen sus propios talleres en su estudio. Ellos incluyen a Juan García, un pintor y retratista, y Toxqui Ángel, escultor y restaurador experto de arte colonial. En el estudio se habla en Español, pero dos vistantes recientes de habla francesa encuentran dificultades en el trabajo de edición de un video ambientado en ambos lados del Estrecho de Gibraltar, con el título de trabajo, "No cruce el puente antes de llegar al río".

"La clave para una buena colaboración es que todos tienen sus propios proyectos colaterales", explica Alÿs. "No se trata tanto de la independencia económica como de la salud general de las relaciones y el intercambio de ideas." Alÿs claramente confía en el juicio de quienes lo rodean. "Al final, una persona toma las decisiones finales", dice. "Pero puede ser muy diluida".

Cuando la mayoría de los artistas de video dependen de sus distribuidores como patrocinadores, Alÿs financia sus propios videos. "El video podría ser sólo un documental en YouTube sin valor comercial, por lo que no tendría forma de recuperar su inversión", explica. Muchas de las obras de Alÿs son gratis para descargar. Su sitio web, www.francisalys.com, cuenta con 19 videos de dominio público, incluyendo su famosa "paradoja de la Praxis", que figuran como "A veces hacer algo no conduce a nada", en la que el artista lleva un bloque de hielo alrededor de la ciudad de México durante nueve horas hasta que se derrite. El video destila el concepto de Sísifo en unos cinco minutos intelectualmente estimulantes.


Algunos de los videos de Alÿs, en particular sus loops de animación dibujados a mano, se producen en ediciones pequeñas de cuatro (más dos pruebas de artista). Su distribuidor principal, David Zwirner en Nueva York, los vende a los museos y a coleccionistas ocasionales de video arte.





Alÿs hace su continuidad mediante la venta de sus pinturas y dibujos. Las pinturas contemporáneas tienden a ser grandes, pero las pinturas al óleo de Alÿs, encáustica y pastel sobre madera son a menudo de no más de seis pulgadas (15 cm) de ancho. Las miniaturas son fáciles de transportar, explica, lo que le permite trabajar con ellas en casa o en la carretera. "En una maleta, me puede embalar toda una serie." Él describe sus pinturas como las fantasías, o "maquetas para las grandes obras que nunca pueden ocurrir", con un estilo, orientadas a evocar "la visión de un dios" mirando hacia abajo desde las nubes "en gente pequeña el ejercicio de actividades vano. "

El artista ha colaborado con la Galería Nacional de Retratos para crear una obra generada mediante el sistema de CCTV de alta tecnología de la galería.

Alÿs liberó un zorro, llamado Bandit, en la galería desierta por la noche. Desde el punto de vista elevado de las cámaras de seguridad, el zorro se ve un poco confundido entre todas las pinturas de los grandes y los buenos. Al igual que los guardias, el zorro está fuera de contexto, es un intruso, observado desapasionadamente.





Dibujo y pintura ocupan "un espacio terapéutico" para Alÿs, donde puede salirse "fuera del curso de la producción." Él siempre viaja con un cuaderno de bocetos. De un bolso, saca dos libros negro sujetos con una banda elástica. En el interior, una mezcla de dibujos tenues, diagramas de escritura a mano y cubren el entramado. No puede usar papel normal, ya que sería "un caos", dice con una mueca. Algunos proyectos pueden durar por años, de tal forma que los dibujos le permiten volver a revisar sus intenciones originales. "Se recuerda el estado de la mentecuando los hizo", dice. "Para un artista visual, los dibujos son notas".

¿Qué tipo de artista que es? La pregunta parece sorprender a Alÿs, que tararea y declara no haberle dado mucha importancia. "Una partera", dice por fin, a medida que las campanas distantes campanas de la iglesia suenan sobre el zumbido de un ventilador de pie. "¿Cómo llamas a una partera en Inglés? Una partera. "La metáfora es inesperada. Es un cambio del cliché de la obra de arte como la descendencia del propio artista. "Sí, yo soy sólo uno que está al lado!", Ríe. "Algunos artistas pueden ser los inventores pero yo soy más un catalizador ".


A Alÿs lo inspiran situaciones incomprensibles. "El motor principal detrás de muchos proyectos es una incapacidad de comprensión bastante profunda", dice mientras repasa con los dedos largos y delgados a través de la cubierta de su cuaderno de bocetos. Mediante sus acciones y otras representaciones, el artista transforma a menudo situaciones vastas y complejas, como la metrópoli moderna, en algo más inteligible. De hecho, el arte de Alÿs es desconcertante, pero no impenetrable.

jueves, 1 de julio de 2010

Sobre la curaduría en la periferia. Por: Cuauhtémoc Medina

ORIGINAL: Letras Anónimas
Por Lucrecia Piedrahíta



  1. A lo largo de la década pasada hizo su entrada en la periferia un nuevo agente cultural, el curador de arte contemporáneo. El título de “curador” no surgió por la definición universitaria, sino por la emergencia de un cierto número de agentes que se apropiaron del modelo metropolitano del “curador independiente” para acompañar la ruta de los artistas locales hacia las prácticas post-conceptuales, transformar las estructuras de representación artística local, y negociar los términos de la inserción de obras e historias en el circuito global. Esa intervención estuvo definida por una alteración de la geopolítica cultural. El arte dejó de operar sobre la base del monólogo de los centros de “arte internacional” que, desde 1945, correspondieron a las capitales de la OTAN, y la marginalidad de las versiones más o menos desarrolladas de arte moderno del resto. Ese tránsito hacia una escena integrada requería de una interacción muy distinta que la mera selección de autores: supuso hacerse cargo de pensar el contexto y los medios de la cultura emergente como un campo de batallas, asumidas sin la conocida mezcla conservadora de la paranoia y la resignación.
  2. Donde quiera que apareció la noción de curador fue para instigar conflicto, deseo, ansiedad, posibilidades y crisis. La palabra “curador” quedó inscrita, en América Latina, con la obsolescencia de las prácticas expresionistas, humanistas y líricas que habían sobrevivido en el continente ya por el tradicionalismo de los circuitos regionales o bajo el amparo de pensarse como una estética de resistencia frente al arte del imperialismo. A la vez, aparece con la formación de una variedad de modos de autorreflexión, que han hecho de la tarea curatorial un quehacer que expone públicamente sus contradicciones. Como la curaduría involucra tácticas y tomas de posición facciosas, todo enjuiciamiento en masa de “los curadores” es una simplificación tan bárbara como sería juzgar colectivamente a “los artistas”. Bien se sabe que siempre es más fácil castigar al mensajero que hacerse cargo del mensaje. Alabar o despotricar a la curaduría en general deriva de añorar una despolitización donde el campo cultural no hiciera explícita la diferencia de poderes, estéticas y modos de operación. El odio indiscriminado por el curador y el arte contemporáneo suelen ser la expresión del sentimiento más reaccionario que existe: la nostalgia por un sistema de dominación previo. Pero como en la práctica artística misma, toda intervención curatorial depende de ahondar y/o provocar distinciones. Hacer valer ante el hipócrita lamento por el “todo se vale,” un actuar por y en contra determinadas formas de cultura.
  3. En lugar de aniquilar la crítica, la curaduría debería demandarla, pues sólo puede validarse en relación a las respuestas que provoque. Entre más partidista, explícita y clara es una trayectoria curatorial, más debiera esperar enfrentar otras tomas de partido concretas. Sin embargo, es cierto que sus formas más integradas y tímidas pueden generar una apariencia de pacificación. No obstante, el arte no se entiende históricamente sino como un despliegue constante de fricción. Es el carácter rijoso del campo artístico el que impulsa a la curaduría a no asumirse como entretenimiento ni apaciguamiento.
  4. La irrupción de la curaduría de la periferia en los 90 vino precedida de dos movimientos cruciales. Primero la emergencia, a la par del conceptualismo, de un nuevo tipo de agente cultural (encarnado en el trabajo de gente como Seth Siglaub, Lucy Lippard y Harald Szeemann) que extendió a la institución de la exhibición la inestabilidad y autorreflexión que los artistas post-vanguardistas habían instaurado en relación a la noción del arte. De ahí la frecuente alianza, a nivel simbólico, de la curaduría con esa clase de prácticas y su progenie. Un segundo momento fue la generalización, a lo largo de los años 70 y 80, en los centros artísticos, de curadores independientes a cargo de romper la lógica de los intereses internos de los museos e instituciones culturales. Ese proceso vino a radicalizarse a medida que toda una gama de no profesionales se fueron haciendo presentes como “curadores”: artistas, críticos, historiadores, filósofos, reformadores sociales, etc. Traer a alguien a curar una muestra o bienal ha sido un método por el cual se propicia una cierta autonomía, que impide que el programa artístico sea la transcripción de los intereses y gustos de patrones, artistas y burócratas, para apostar a generar un interés público incluso contra el interés aparente del público mismo.
  5. Desde el punto de vista de una sociología de las profesiones, la implantación del curador plantea una perturbación de la división del trabajo y de la topografía de los saberes. El curador simboliza una cierta “desprofesionalización”, que corre en sentido contrario del sentido común que piensa que todo nuevo oficio implica el avance de una cada vez mayor especialización de los saberes científicos o técnicos. Uno de los elementos más perturbadores de la función del curador es que combina de modo casuístico tareas, saberes y poderes que bajo la mentalidad modernista, debieran haber sido ejercidas por gremios independientes y especialistas “objetivos”. En tanto el universo conceptual modernista suponía que las tareas del crítico de arte, historiador, museógrafo, artista, comisario de exhibiciones, connoisseur, restaurador, administrador cultural, productor de cine, sparring, y activista cultural no podían mezclarse, la curaduría es frecuentemente un Frankenstein ad hoc de esas modalidades. En efecto: la noción de “curador” nos lanza de lleno en el mélange postmoderno de cierta confusión disciplinaria. Fenómeno que lejos de ser una aberración, es el acompañante lógico de un arte, que en sus mejores expresiones plantea un desacomodo, una crítica o una desobediencia de las vías instrumentales y las convenciones epistemológicas de la sociedad. Pero la curaduría no asume su canibalismo sin discreción. La selección de sus tácticas y encarnaciones tiene que ser estratégica.
  6. Aun cuando hoy hay una pandemia de posgrados de curaduría, el sistema artístico sigue siendo un paraíso de improvisados. Pero es la informalidad —donde para ser curador casi basta con declararse como tal— uno de los principales antídotos contra la neutralización de una cultura gozosamente volátil.
  7. Por supuesto, esa canibalización e indeterminación de funciones implica que en sentido pleno, la “curaduría” no es una profesión, con el sentido de fidelidad y confiabilidad técnica que quería Max Weber, sino una función que debe reinventarse cada vez que se le asume. Hay ciertas modalidades de práctica curatorial más o menos estables, especialmente en el caso del curador de museo, el llamado curador institucional. Éste define políticas de exhibición y colección, negocia el flujo de discursos y recursos entre públicos, patrocinadores, burócratas y artistas, y procura asegurar que la sociedad tenga una bitácora confiable de los corrimientos del arte contemporáneo con cierta diversidad. Sin embargo, hay toda una franja que se define por reinventar continuamente el dispositivo de producción y circulación cultural, induciendo nuevos retos de visibilidad artística, imbricándose con el radicalismo de los movimientos culturales, cuestionando los espacios, canales y métodos de comunicación, y apoyando apasionadamente una facción de artistas. Juzgar a la curaduría sobre la base de preguntarse quién deja entrar determinada cosa al museo es una ingenuidad: lo monstruoso de la curaduría estriba en no tener una tarea predefinida, sino establecerse de acuerdo con las necesidades de cada proyecto o circunstancia. También por esa maleabilidad es una actividad política.
  8. Hay dos cuestiones que hacen de la curaduría un dispositivo renuente al ideal de pureza crítica del intelectual del siglo XX. Por un lado, el territorio de sus operaciones es el pensamiento y la acción sobre lo particular, lo que lo liga al campo de juicios reflexivos que inventó la estética moderna. Por el otro, no es un ejercicio puro de crítica: deriva de una negociación con poderes, saberes, poéticas y públicos. El curador no puede escoger no negociar. Pero puede aspirar a jamás negociar el modo en que negocia.9.- Con todo, la curaduría puede ser fiel a su etimología derivada de la noción de “cuidar”, y aspirar a ser una cierta clase de servidumbre. Alguien debe abanicar al artista, darle agua, y proveerlo de una silla, para luego provocarlo con una idea, mostrarle un dilema, o convocarlo a donde no pensaba ser llamado. Que haya relaciones de complicidad entre curadores y artistas es parte esencial del juego. Pero se equivoca quien piensa que esas relaciones pueden progresar como una aplicación de justicia universal. Con frecuencia, las relaciones culturales no pueden evitar operar bajo el signo de cierto abuso. A lo más que el curador puede aspirar, frente a instituciones, mercados y discursos absurdos, es conseguir un cierto abuso mutuo.

Cuauhtémoc Medina*

Fuente: http://salonkritik.net/08-09/2008/09/sobre_la_curaduria_en_la_perif_1.php

lunes, 8 de marzo de 2010

Dominó caníbal de Cuauhtémoc Medina

MATERIAL ORIGINAL DE:
El Cultural - por Miguel FERNÁNDEZ-CID 22/01/2010
lacontramolto-YouTUBE

Tras aterrizar en 2008 como uno de los proyectos más ambiciosos de la nueva política cultural de Murcia para renovar la aburrida idea de bienal de arte, el 25 de enero se inaugura la segunda edición del PAC (Proyecto de Arte Contemporáneo) con nuevo comisario y formato expositivo. El mexicano Cuauhtémoc Medina, uno de los latinoamericanos de más prestigio en el mundo del arte, es el responsable de Dominó caníbal, proyecto que durante todo el año hará a seis artistas intervenir, destruir o reinventar la propuesta de su predecesor en la Sala Verónicas. Todo un reto del que hablamos con Medina, que hoy mantendrá en Murcia una charla abierta al público con Jimmie Durham, el primero en mover ficha en esta extraña partida.

El ritmo de trabajo de Cuauhtémoc Medina (Ciudad de México, 1965) es frenético. Nos atiende entre llamada y llamada: se ha acostado a las 4 de la mañana y aún tiene que dejar algún texto para su columna quincenal en el periódico mexicano Reforma, antes de coger el avión que le trae a Murcia, a inaugurar la segunda edición del PAC y la primera de las intervenciones de esta edición. Acostumbrado al debate, le gusta ir directo y suele responder incisivo: no es de los teóricos que se esconden tras un discurso retórico.

Le preguntamos por su propuesta, en la que, bajo el sugerente título de Dominó caníbal, plantea una sucesión de intervenciones en las que cada artista parte de lo realizado por el anterior. La respuesta es contundente: “La mecánica del proyecto en sí es algo que llevo varios años pensando. Tiene que ver con cierta insatisfacción por la forma en que eventos similares a una bienal proponen una retórica de diálogos, cuando en realidad son tan sólo una suma de despliegues de individualidades. Y, sobre todo, el proyecto deriva de la fascinación que siento por un tipo de dispositivo de colectividad en medio de las diferencias: las acciones del movimiento Popular Mechanics de Sergey Kuryokhin en la Unión Soviética de Bréshnev y la forma en que la antropofagia brasileña planteó que el arte del Sur debía reclamar el gusto caníbal por el robo de la cultura ajena. También es cierto que pensaba en los cuadros intervenidos de Asger Jorn en su etapa situacionista y el comportamiento de la escultura en transformación del Proyecto continuamente alterado diariamente (1969) de Robert Morris. Me interesa además mezclarlo con la mecánica del juego del dominó como objeto transcultural, tanto por las transformaciones que el juego significa en su paso desde China a Italia, a España y a América Latina, como por el hecho de que el juego implica actuar en un campo de tensiones definido por las jugadas previas”.

Lo profano entra en Verónicas

Cuauhtémoc Medina lanza un guiño a la primera edición del PAC, Estratos, que aglutinó actividades por distintos espacios de la ciudad: “Aunque no asistí, conocí el proyecto de Bourriaud, y admiro mucho el delicioso debate que provocó Lara Almárcegui en torno a su genial montaña de escombros”. El discurso de Dominó caníbal es distinto: “El proyecto está enteramente localizado en un espacio: la antigua iglesia de Verónicas, hoy convertida en sala de exposiciones. La implicación que tiene esa iglesia en la historia de la superposición del catolicismo sobre el pasado musulmán, y del arte contemporáneo sobre el catolicismo, seguramente será una parte importante a la que se aluda en el proyecto. En su primera jugada, Jimmie Durham lo discute al traer al templo de arte, que fue el templo de otra clase de religión, todo lo profano, lo que queda antes y fuera del templo”.

En su texto -afirmativo, directo, baudelairiano-, habla de la línea que va de la colonización a la globalización capitalista, pasando por el postcolonialismo, y su incidencia en el mundo del arte: “La mecánica del proyecto es tanto una crítica a la fragmentación de las bienales y su operación como festival en un tiempo concentrado, como a la idea de que un tema pueda servirle como paraguas. La selección de artistas está definida por la importancia que todos tienen en los debates de la condición postcolonial y los diversos modos en que se efectúa el canibalismo intercultural, pero el sentido en que cada artista ha de abordar el reto a la hora de hacer su intervención no es algo predispuesto”.

También hace referencia al Manifiesto Antropófago de 1928, del poeta brasileño Oswald de Andrade, y a los cadáveres exquisitos de los surrealistas: “Para mí, el Manifiesto Antropófago es un referente liberador porque implica romper con cualquier discurso identitario que busca una pureza nativista y, al mismo tiempo, convierte el estereotipo del salvaje caníbal en procedimiento de invención cultural. Como nací en México, siempre me ha asombrado el modo en que Andrade dinamitó la idea del nacionalismo cultural como posición latinoamericana. Mi fascinación en ese punto es muy concreta: concedo una gran importancia a esa genealogía porque se aparta de toda política identitaria de afirmación. Lo que me interesa de ese momento son las coaliciones revolucionarias, la importancia de la república española para quienes crecimos y pensamos desde México, el rol de Bataille y su relación con Alejo Carpentier, o el encuentro entre Trotsky, Breton y Rivera, la forma en que Glauber Rocha hablaba de Buñuel como el surrealista mexicano clave”.

Alternativa a la bienal


Cuauhtémoc Medina habla ahora de buscar una alternativa al modelo de bienales y proyectos específicos: “Estoy a favor de la violenta transformación que el protagonismo de las bienales ha tenido en las últimas dos décadas. Creo que, sobre todo, a partir del cambio de polaridad que introdujeron las bienales de La Habana, Johannesburgo o São Paulo desde los años 80, se hizo posible perturbar la centralidad que tenía el monólogo de algo que yo llamo el arte de la OTAN.

¿El lado oscuro de la bienalización del arte?: “La pérdida de energía y la no inclusión de nuevos artistas, geografías y prácticas disidentes por la presión, en eventos como Venecia, a complacer al público. Lo mismo sucede en los museos o en las publicaciones que tienen que lidiar con el bendito dilema que plantea que haya hoy millones de personas interesadas en el arte contemporáneo. También la forma en que a veces de modo acrítico estos eventos siguen siendo usados como medio de publicidad de los países, como diplomacia cultural, para vender imágenes edulcoradas de situaciones complejas o inaceptables como la de las consecuencias y valores detrás de las políticas de combate a las drogas en México”. Consciente de que tiende hacia lo próximo, retrocede: “Bienales como la de Venecia se están aburguesando, pero esa es una condición que hay que tener en cuenta al pensar un proyecto para ese evento. El problema no es el contexto, sino la falta de compromiso político”.


El plato fuerte

Dominó caníbal se abre y cierra con dos artistas habituados a provocar diferencias en las exposiciones colectivas, muy próximos a Cuauhtémoc Medina: Jimmie Durham y Francis Alÿs. Sorprende (por inhabitual) que el comisario acceda a señalar qué le interesó de cada uno de ellos para incluirlo en su proyecto.

-Pensé mucho a quién invitar a la exposición. Era importantísimo que el primer invitado, que al final es también la víctima del sacrificio caníbal, fuera un platillo muy fuerte y valioso. Durham es uno de los artistas que más importancia ha tenido en la reflexión y el debate del arte del Sur y como es el maestro de la operación de perturbar la cultura como un trickster, es decir, el personaje de los mitos, como la zorra, el coyote o la zarigöella (que en México llamamos tlacuache) que derrumba los mecanismos del poder con un truco, era el ideal para poner al resto de los artistas una trampa. La siguiente, Cristina Lucas, tiene un reto espinoso, pero la forma iconoclasta de su feminismo le permitirá pensar cómo usar alguna clase de picota, como hizo al filosofar con el martillo sobre el Moisés de Miguel ángel. La sucesión de los demás artistas, espero, tiene también la apuesta de introducir diversas modalidades de crítica y canibalismo. Bruce High Quality Foundation es un colectivo que ha hecho de cierto parasitismo y de la invención de la personalidad artística un dispositivo para repensar cuál es la energía del agente artístico. Me imagino que Kendell Geers va a tener que negociar con el peculiar balance entre agresión y elegancia de su posición. Tania Bruguera no sólo es extraordinaria en retomar modelos históricos y presentes de todo tipo para repolitizarlos, sino que su cuestionamiento ético sobre el compromiso artístico esta vez se expresó en pedirme explícitamente que quería “devorarse a Kendell y pedir que se la comiera Rivane”: ya veremos qué quiere decir con eso... Rivane Neuenschwander encarna una continua reinvención de cómo involucrar la sutileza en el acto de cuestionamiento del rol del artista global, y seguramente marcará un cambio de temperatura y tono en la serie.

-¿Por qué Francis Alÿs para terminar el proyecto?

-Hacia 1991 Alÿs hizo una pieza casi desconocida en forma de un texto que operaba como el dominó, que también inspiró el proyecto. De él he tenido en cuenta su capacidad para transitar entre lo poético y lo político en contextos inesperados como una ventaja para completar el descuartizamiento. A todos se les mostró el espacio con planos e imágenes y se les comunicará del modo más detallado posible cada intervención de la serie, pero ni los artistas ni los organizadores sabemos cómo se desarrollará la partida. Cada jugador tendrá sólo entre seis y ocho semanas para reflexionar, regular y realizar su proyecto. Cada uno puede retirar, resignificar, reutilizar o reponer elementos de las jugadas previas, pero creo que ya son demasiadas erres para tener además reuniones...”

Entre España y América

La conversación prosigue y las opiniones se vuelven seductoras (“No creo que la respuesta a una crisis sea gastar menos, sino criticar más”), prosiguen sinceras (“Debo confesar que durante unos años me desesperaba un poco la falta de sustancialidad que uno sentía en el arte español”), esperanzadas (“Me parece importante que los artistas latinoamericanos en España se han convertido en una parte decisiva del arte local, como sucede con Alexander Apóstol o Carlos Garaicoa”). O rotundas, cuando habla del arte latinoamericano: “Lo que es importante es que el arte de esta región es parte del campo de fuerzas donde se define la cultura mundial hoy y quizá la única región geográfica cuyos debates y tendencias internas se están diputando todo el tiempo en el circuito global. Lo que quiero decir es que la pregunta de qué es el arte latinoamericano es una cuestión que concierne a un circuito que ya no es latinoamericano y esa es una victoria de la transformación del arte hoy”.

También sé que las bienales son circos. Pero si no hubiera circos, los circuitos artísticos nunca hubieran querido tener nada que ver con los monstruos: con el arte problemático, politizado o hipercrítico, especialmente del Sur. Con mucho, la bienal es el modelo de exhibición que mejor ha representado la autoconciencia metodológica del comisariado contemporáneo. Lo que me inquieta es la posibilidad de que ese género pueda ir decayendo hasta convertirse en un estereotipo conservador y por eso es por lo que vale la pena participar en él desde un postulado crítico. Como todo dispositivo cultural, la bienal produce géneros de práctica artística y cómo se desempeñan los artistas ante esas distintas estructuras es un asunto crucial para quieres estudiamos y nos interesamos en el arte”.

Cuauhtémoc Medina vive en México DF, donde es uno de los críticos más activos e influyentes. Comisario del pabellón mexicano en la última Bienal de Venecia, España no le es ajena: “Estudié en un colegio republicano español, el Colegio Madrid. Mi relación con España tiene que ver con el conflicto con la antigua metrópoli, pero también con el hecho de que yo puedo cantar el himno republicano”, dice.

Miguel FERNÁNDEZ-CID

El efecto dominó


Con una presentación a modo de juego de relevos, el ciclo de exposiciones Dominó caníbal ocupará durante todo 2010 el espacio de la Sala Verónicas de Murcia, una antigua inglesia conventual del siglo XVIII, en la que cada uno de los siete artista que participan en el proyecto trabajará a partir de la propuesta del artista precedente.
  • El norteamericano Jimmie Durham es el primero en abrir esta partida con una invasión en el espacio del templo cristiano de objetos y desechos hallados tras varias visitas a la región murciana. Trozos de cemento y vídrio, alambres, refrigeradores y barriles son el particular mapa del mundo con el que Durham cuestiona todo aquello que rechaza el espacio sagrado occidental.
  • Un cadáver exquisito que mediante el residuo empieza hablando de exclusión y violencia y al que deberán dar réplica la intervención de la única artista española entre los seleccionados, Cristina Lucas (26 de marzo),
  • el colectivo Bruce High Quality Foundation (21 de mayo),
  • Kendell Geers (9 de julio),
  • Tania Bruguera (24 de septiembre),
  • Rivane Neuenschwander (12 noviembre) y
  • Francis Alÿs (17 de diciembre).

martes, 3 de noviembre de 2009

Espectralidad materialista

ORIGINAL: des-bordes

Por Cuauhtémoc Medina

i. La trepidación del imaginario
Según la prensa mexicana, 2008 fue el año en que más balas se dispararon en la historia reciente de México.(1) De acuerdo a las cifras compiladas tanto por las fuentes oficiales como periodísticas, en 2008 más de 5.000 personas perdieron la vida en los diversos episodios de violencia ligados con la actividad del tráfico de sustancias y su represión, cuando durante el año 2007 la cifra fue de aproximadamente 2.800.(2) La abultada aritmética de esas estadísticas, que en números netos rebasan los niveles de violencia en varias de las zonas de conflicto bélico del mundo, hizo que a principios de 2009 México saltara a las notas principales de las agencias informativas, lo que llevó a autoridades e intelectuales mexicanos a sonar la alarma por el deterioro de la “imagen del país en el exterior”.(3) La trepidación del imaginario llegó a su punto más alto cuando, en enero de este año, el Departamento de Defensa de Estados Unidos hizo público un reporte de una de sus varias agencias de análisis estratégico, que dibujaba la posibilidad de que el país pudiera sufrir un “colapso súbito y rápido” como resultado de la presión que las bandas criminales ejercían sobre su sistema judicial, policíaco y financiero.(4) Si bien la aseveración de que México era un “estado fallido y débil” fue inmediatamente repelida por el aparato diplomático mexicano, y semanas más tarde la nueva administración norteamericana pareció adoptar un cambio de discurso que aceptaba la corresponsabilidad de los Estados Unidos en la violencia, tanto por su insaciable demanda por las sustancias declaradas ilegales como por ser el mercado de origen de la inmensa mayoría de las armas utilizadas por los brazos armados de la criminalidad,(5) la crisis forzó al gobierno mexicano a desplegar miles de soldados para patrullar las calles de las ciudades fronterizas como única vía para reducir la intensidad de fuego.(6) Aun así, durante los primeros cuatro meses de 2009, cerca de 1.900 personas han caído en el remolino de las ejecuciones, decapitaciones y tiroteos.(7) Si bien la visión de que las organizaciones delictivas pueden desplazar al Estado-Nación en el control de territorios y poblaciones, y plantear un serio desafío a su hegemonía es exagerada, lo cierto es que la exacerbación de la violencia vino a establecer un estado de conmoción que parecía reservado a los estallidos sociales. En un país donde, como en la mayor parte del mundo, la modernidad es la experiencia desquiciada (es decir, fuera de marco) que va de la turbiedad del colonialismo a la eterna deriva del estado nación, es imposible no reconocer que la emergencia de la pura destructividad es también signo y motor de un cambio de época.