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jueves, 10 de diciembre de 2009

SE INAUGURÓ MEMORIA DECAPITADA.



SE INAUGURÓ MEMORIA DECAPITADA.
INVESTIGACIÓN / PROYECTO / CURADURÍA: LUCRECIA PIEDRAHITA
CLAUSTRO DE SAN AGUSTIN. BOGOTÁ.
2 DE DICIEMBRE A 2 DE MARZO

LUCRECIA PIEDRAHÍTA - MEMORIA DECAPITADA
CLAUSTRO DE SAN AGUSTÍN. BOGOTÁ

Estéticas del desarraigo

Inventando la Matria
Rossana Reguillo[1]

Memoria decapitada, constituye un trabajo invaluable en torno al desplazamiento humano forzado en Colombia, uno de los flagelos más brutales y dolorosos para la sociedad contemporánea. En una poderosa interface entre una analista de la cultura (por calificar de algún modo, el complejo trabajo de Lucrecia Piedrahita) y la mirada de un fotógrafo como Juan Fernando Ospina, Memoria decapatida, nos acerca –sin concesiones- a los desfiladeros del desarraigo y la reinvención de la vida de miles de colombianos que, han debido incorporar el tránsito, el movimiento, el desanclaje como experiencia cotidiana. Nómadas con nombre propio, rostros, cuerpos, humores y sudores que pese a todo, son capaces de travestir su desesperanza en una vida con sentido. Geografías atravesadas por lo precario, lo provisional, lo contingente, que a fuerza de repetirse cotidianamente, trastoca su signo excepcional en rutina y ritual.

LUCRECIA PIEDRAHÍTA - MEMORIA DECAPITADA

Lo sabemos, Colombia es el país del hemisferio occidental con mayor número de desplazados internos; una guerra de más de cuarenta años ha dejado una cicatriz profunda en el tejido social y en el paisaje colombiano. Los datos varían según las fuentes consultadas, la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU (ACNUR), reporta una cifra de 3 millones; pero quizás lo relevante, como lo muestra descarnadamente Memoria decapitada, no es establecer con precisión estadística (aunque ello sea fundamental), el número de mujeres, hombres, niños, ancianos, jóvenes que son lanzados hacia un itinerario incierto, sino justamente, la capacidad para plantear a través de biografías, trayectos, bastidores y escenarios, el modo en que “los desplazados” esa categoría incómoda y amenazante, reorganiza, reinventa, reconstruye a fuerza de fragmentos una trama que Piedrahita llama, con gran sentido “neo grafía” y es justamente esa neo grafía la que habilita otras formas de memoria y otras formas de acceder al drama sin ceder a la tentación de la victimización con que suele encararse el tema cuando se pretende huir de la demonización. Quiero decir, que esta obra logra situarse en un lugar complicado, uno que no traiciona ni elude lo trágico y al mismo tiempo, restituye dignidad y agencia a los desplazados en su devenir sujetos sociales, ciudadanos que reclaman inclusión.

LUCRECIA PIEDRAHÍTA - MEMORIA DECAPITADA
SOBRES NÓMADAS Y TOPOGRAFÍA

LUCRECIA PIEDRAHÍTA - MEMORIA DECAPITADA
SOBRES NÓMADAS, FREDY ALZATE

Extranjeros en su propia patria, arrancados del territorio y expulsados hacia las periferias de Medellín, organizando la precariedad en las laberínticas laderas y despeñaderos de esa ciudad que ha sabido reconstituirse y reinventarse constantemente. En calles y veredas casi imposibles –aunque la frase suene a hueco lugar común-, emerge un lugar imaginado a la manera de Anderson[2], en el contexto, usando las palabras de la autora de “una arquitectura inacabada”. La lectura del impecable e implacable análisis de Piedrahita y la mirada que se detiene en las poderosas imágenes, generan un sinfín de preguntas, en ello consiste el trabajo de un buen analista, abrir el espacio para la interrogación y la duda. En tal sentido, quisiera proponer un concepto de la micro historia acuñado por el historiador mexicano Luis González[3], para aludir a las complicadas operaciones de bautizo y apropiación del territorio. González, utilizó la palabra “matria” en oposición a la noción de patria, para denominar esa pequeña región hecha de historias cotidianas, imágenes, memorias, un espacio de pertenencia y de anclaje, que no pasan por la historia nacional y que al mismo tiempo, la constituyen. En la matria no hay grandes fechas, ni héroes fundacionales, no hay rituales fastuosos, sino pequeñas andanzas cotidianas que trastocan lo desconocido en lo propio, lo ajeno en cercano, historias que aparentemente transcurren ajenas al devenir histórico oficial y oficioso. Las fotografías 40 y 41, que aluden precisamente a la “arquitectura inacabada”, no podrían ser más elocuentes de esto que estoy intentado argumentar: qué es la matria sino ese pedazo de territorio que cobija –a la intemperie-, la risa de las niñas que son veladas por un perro hambriento y perezoso, en un microcosmos que logra trastocar el signo de lo trágico en una explosión de símbolos, marcas, tatuajes en la epidermis de la tierra.

LUCRECIA PIEDRAHÍTA - MEMORIA DECAPITADA
TOPOGRAFÍA ASENTAMIENTO PICACHO

LUCRECIA PIEDRAHÍTA - MEMORIA DECAPITADA
TOPOGRAFÍA ASENTAMIENTO JARDÍN - OASIS

LUCRECIA PIEDRAHÍTA - MEMORIA DECAPITADA
ASENTAMIENTO PICACHO, PREDIOS 2009

LUCRECIA PIEDRAHÍTA - MEMORIA DECAPITADA
ASENTAMIENTO JARDÍN - OASIS, PREDIOS 2009

Ello no significa y en eso quisiera ser enfática, que la autora se permita nunca dejarse seducir por una especie de “estetización romántica” de la pobreza y el dolor; por el contrario, me parece que la excelente factura de esta obra, nos coloca sin concesiones frente a una cruda realidad y, que sin eludir nunca la pregunta política y cultural más densa, la que alude al drama del desplazamiento articulado a la pobreza, al rechazo, a la estigmatización, permite no obstante, como ya dije, restituir dignidad y agencia a los sujetos. Hay en esta obra, un lenguaje múltiple, el dato estadístico con su brutal evidencia, el relato etnográfico, el trazo plástico, la poesía, el análisis cultural y, ese registro visual que permite dar “carne” a esa matria inventada que pese a la ausencia de muros, logra delinear un mínimo de certezas en contextos donde ese es el bien que ha sido expropiado.
Memoria decapatida, da cuenta de una manera creativa, inteligente e informada de una realidad que nos interpela de maneras complejas y dolorosas, cuyo mérito principal no estriba solamente en acercarse con rigor (que no rigidez) y cuidadosa paciencia a una realidad descarnada, sino además, el invitarnos a traspasar esa frontera que levantada por la modernidad, colocó a la estética del lado de la cultura “noble”, especializada, erudita, obturando la posibilidad de entender que ella es una facultad humana cuyo sentido es la de dar razón y emoción a la vida misma. Contra los “usos” de las más clásicas teorías del arte y la filosofía, Lucrecia Piedrahita es capaz de penetrar en un universo que pese a su contingencia y dramaticidad, construye –en la precariedad-, una razón y una emoción que en su búsqueda de mínimas certezas, vuelve comunicable lo incomunicable: la experiencia de lugar.

Guadalajara, Octubre 2009

[1] Profesora-investigadora en el Departamento de Estudios Socioculturales. ITESO

[2] Ver Benedict Anderson: Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. FCE, México, 1993.

[3] Ver Luis González, Pueblo en Vilo. El Colegio de Michoacán, México, 1995.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El boom de las curadurías de arte

ORIGINAL: PODER

Cada vez que observe un conjunto de obras de arte, intente crear ciertas conexiones entre ellas. Esa será la tarea del curador. Tanto en Chile como en el mundo, quienes tienen a su cargo la selección de piezas artísticas ganan cada día mayor relevancia.

Por Pabla Ugarte



Hoy es cada día más común leer la palabra curador, tanto en la prensa como en invitaciones a exhibiciones de arte. También es usual escuchar de muestras de arte que dicen estar curadas por alguien, o que en cierta bienal o trienal el curador nombrado para la siguiente edición es tal o cual persona. Es, sin duda, un término hoy vigente. Pero ¿qué es en realidad un curador y qué actividades realiza?

Debido a que el mundo del arte ha experimentado un crecimiento exponencial desde los 80 en adelante, lo que incluye a todos sus integrantes: artistas, coleccionistas, galerías, museos e instituciones, publicaciones, críticos, consultores de arte, curadores, entre otros, son estos dos últimos quienes han tomado relevancia debido a la especificidad que sus trabajos necesitan.

El término curador proviene originalmente del latín, y fue utilizado primero en el ámbito de lo legal, pero luego emigró al contexto artístico, donde el curador era “aquel que está a cargo de los bienes de los niños y los locos”. Es decir, en un comienzo cuidaba algo, estaba a cargo de una colección, pero hoy sus responsabilidades van mucho más allá de esta actividad.

Primero, está el curador que pertenece a una institución o museo, como por ejemplo MNBA, Malba, MoMA o TATE, y quienes tienen el papel de diseñar políticas institucionales y planear exhibiciones a largo plazo. Es el encargado de la colección de la institución. Es decir, debe estudiarla, analizarla y ampliarla. De esta manera, es un continuador de un proyecto que comenzó sin él, en la recolección de obras, y que seguirá para la posteridad sin él. Debe ser fiel, leal y apegado a la misión de dicha institución. A mayor el tamaño y envergadura de la institución, existe un mayor número de curadores especializados por departamentos.

Independencia a toda prueba

Fuera de las instituciones, en los últimos años se ha producido un boom de aquellos curadores independientes que intentan legitimar su trabajo a través de la elaboración de un discurso personal, desarrollando muestras, haciendo textos críticos, catálogos y reseñas en diarios y revistas. Los curadores independientes ejecutan su investigación curatorial fuera de los márgenes institucionales –un museo o una galería–, aunque siempre terminarán por adaptarla a un espacio físico donde finalmente presentarán su trabajo. De alguna manera, es como presentar un proyecto o licitación cuyo contenido es independiente de la institución, pero debe acogerse en cierta forma a la posición que dicho centro tiene con respecto al arte.

En general, un curador descubre y promociona el trabajo de ciertos artistas en los cuales está interesado. Al mismo tiempo, puede trabajar con ellos directamente en sus obras, algo cercano a la labor de un psicólogo o un coach –¡o un editor!–, pero que opera al nivel de producción de la obra. Por otro lado, un curador propone y ejecuta investigaciones para proyectos curatoriales, planifica proyectos, exhibiciones, textos, selección fotográfica, coordina la museología y museografía. En otras palabras, el curador se encarga de conceptualización al interior del mundo del arte, lo que incluye re-lecturas y ordenamiento de materiales históricos de períodos o temas de la historia del arte.

Tal vez una forma de entender la práctica curatorial es concibiendo que es básicamente un terreno de escritura. Es decir, toda exposición es siempre una narración. Y específicamente, una narración que ocurre en el espacio físico, una narración especializada. Por eso, toda práctica curatorial implica un acto discursivo. La noción de escritura, la noción de narración, y la noción de discurso son los tres elementos fundamentales en el terreno de la práctica curatorial. Es la puesta en acción con un acto discursivo y con la construcción específica de una narración.

La práctica curatorial puede tomar la metáfora de John Tagg: “Cada exposición es un mapa. Como tal, no solamente separa, define y describe un sitio particular, resaltando sus rasgos principales y puntos significativos y omitiendo o simplificando otros, sino que también representa el territorio de acuerdo con un método de proyección: un juego de convenciones y reglas bajo las cuales el mapa es construido. El problema radica en que en las exposiciones, como en los mapas, la naturaleza convencional de la representación tiende a estar oculta durante su utilización. Las leyes de proyección se vuelven invisibles”.

Caso a caso

Ya sea que queramos entender la curaduría de un grupo de obras como una narración o como un mapa, vamos a aplicar estos conceptos para analizar algunos casos.

Por ejemplo, la colección del MoMA fue fundada en la década del 20 por visionarios coleccionistas que querían una institución exclusivamente para el arte moderno, para que la gente entendiera y disfrutara el arte de su tiempo (desde los impresionistas). Así, en un contexto bastante conservador empezó con ocho grabados y un dibujo. Y sin perder esta misión, hasta hoy continúan enriqueciendo una de las mejores colecciones de arte de fines del siglo XIX, el siglo XX completo, e incluso hoy incursionando en el XXI.

Desde el origen de este museo la producción artística ha sido dividida en los departamentos de Arquitectura y Diseño; Dibujo; Films; Media; Pintura y Escultura; Fotografía; Grabados y Libros. Analizando la formación de esta colección, que hoy cuenta con más de 150.000 piezas, podemos concluir que es un grupo de obras que revisa distintos aspectos de la producción cultural, con un orden cronológico, poniendo un claro acento en la producción de las vanguardias de arte mundial.

De igual forma, una muestra de dos curadores independientes: Táctica, estrategias para romper el aislamiento, presentada en la Sala de Arte de la CCU, cuya curatoría estuvo a cargo de Renato Bernasconi y Pabla Ugarte (quien escribe esta nota), busca reflexionar sobre cómo el contexto geográfico es parte esencial de la identidad chilena.

Dicha curatoría se estructuró sobre la base de la idea que estamos aislados y nos sentimos al fin del mundo. Con esto en mente, algunos artistas han desarrollado hábiles estrategias para desplazar fácilmente sus obras por el planeta, y son aquellos procedimientos de movilidad los que explora la muestra. Para ello se revisaron cuatro de estas operaciones: plegar, fragmentar, desarmar y miniaturizar, todo ello con el fin de hacer que las obras no sucumban al aislamiento territorial que las separa de los centros del arte.

De igual forma, el proyecto del joven curador Gonzalo Pedraza Colección Vecinal fue generada específicamente para la Galería Metropolitana, en la comuna de Pedro Aguirre Cerda, con el objetivo de comprender la relación de los habitantes del barrio con el arte, lo que fue materializado con las obras que cada habitante de la comuna tenía en los muros al interior de sus casas.

Se les pidió a los vecinos que prestaran sus obras para la exhibición. Así fue como Pedraza juntó 250 piezas, y en su rol de curador de la muestra procedió a estudiar las obras y las montó de tal forma que generó una lectura específica para esta colección. Ahora los vecinos no sólo son el público objetivo, sino que también protagonistas de la muestra, porque las obras expuestas son las mismas que ellos exhiben en los muros de sus casas.

Queda claro que el ejercicio curatorial es una actividad diversa. Ya que no se trata simplemente de administrar u organizar. Hoy los curadores dan un punto de vista. Esa es la nueva tarea: cada vez que observe un conjunto de obras de arte, intente crear ciertas conexiones entre ellas. Esa es la tarea que desempeña el curador.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Curaduría en las artes plásticas: ¿arte, ciencia, o política?

ORIGINAL: ArteAmerica

Evento sobre curaduría realizado en el Auditorio de la Alianza Francesa de Argentina, Julio 2002

En las escuelas de arte, el contraste simultáneo es una lección básica de lenguaje visual; percibimos una mancha de color como más clara o más oscura, más verde o más roja, según lo que tenga al lado. Ese fenómeno que demuestra la relatividad de la percepción es considerado un pilar esencial para el desarrollo artístico. Pero este mismo principio ampliado en escala para abarcar obras al lado de otras obras, donde se contaminan no solamente en sus aspectos formales sino también en sus contenidos y posturas, no es tratado con la misma atención. Entendemos comúnmente que este nivel de consideración de obras al lado de obras corresponde a una disciplina relativamente nueva, llamada curaduría.

La curaduría describe la actividad de un meta-artista, quien, con la presentación de una combinación de obras de arte en un espacio, logra modular la forma en que son percibidas y cómo se interpretan sus significados. En la práctica, no es tan fácil delimitar o evaluar esta acción de curar; consiste en organizar? seleccionar? invitar? colgar? legitimar? En el mejor de los casos, la acción de artistas y curadores se relaciona en una suerte de pulseada constructiva. Y es en esta intersección compleja, cambiante, y contradictoria donde la lectura de la obra está en juego.

Esteban Alvarez [1] / Tamara Stuby [2]

Transcripción de la Mesa Redonda:

Esteban Alvarez

Muchas gracias por haber venido. Sería complicado decir hasta qué punto nosotros elegimos el tema de la mesa redonda de hoy y hasta qué punto el tema se impuso solo. La curaduría en las artes visuales es un tema cada vez más prominente debido a varias causas; entre ellas, el crecimiento y la multiplicación de mega-eventos internacionales como bienal y trienal, etc. Curiosamente, mientras este campo va transformándose para tomar un perfil cada vez más profesional en cuanto a la oferta de especialización de formación institucional que prepara a la gente para practicar, al mismo tiempo más y más artistas también se acercan a la práctica con un perfil que es casi el inverso. Esta dicotomía demuestra el amplio interés que la actividad despierta, tanto como la ausencia de una base de información, definiciones o expectativas que tomamos por dadas o que tenemos en común. Para informarnos y empezar a investigar el espectro de opiniones que tenemos, estamos aquí hoy.

Victoria Noorthoorn

Curadora de Malba-Colección Costantini; previamente Projects Coordinator del International Program del MoMA y Assistant Curator of Contemporary Exhibitions de The Drawing Center en Nueva York.

En primer lugar, quería agradecer muchísimo a Esteban Alvarez y a Tamara Stuby por esta espléndida invitación. Es todo un lujo estar acá, en Buenos Aires, pudiendo hablar y con esta maravillosa compañía, especialmente compartiendo la mesa con Marcelo Pacheco, que es mi jefe e interlocutor en Malba. Voy a empezar por revisar un poco los presupuestos de esta mesa tal cual fueron planteados porque me generaron un poco de incomodidad. Por un lado, la idea del curador equiparado a la situación de montaje, o sea, el curador que se reduce o se enaltece a partir de la colgada de las obras. Por otro lado, la presunción de que en esta práctica, el curador se propone como un pseudoartista. Ante todo, disiento, porque si bien nuestro trabajo implica una práctica que se resuelve en un producto visual - que es la exposición - no creo que la curaduría sea un arte, sino todo lo contrario, creo que la curaduría es un generador de posibilidad. Y es bien claro, por lo menos a mi juicio, que los generadores y productores de arte son los artistas y no los curadores. Eso es clarísimo.

Entonces, siguiendo con esta idea, hay dos concepciones del curador como generador de posibilidad que motivan mucho mi trabajo que quería compartir hoy con Uds. Uno es --y esto es del punto de vista de una curadora que ha trabajado en instituciones-- el trabajo del curador como mediador entre artista y público. Eso por un lado. Por otro, el curador en una situación de catalización y provocación en el trabajo que realiza en los talleres. O sea, un trabajo de intercambio de ideas y de provocación de uno en uno, artista - curador, donde también se pierden un poco las nociones de artista - curador y se convierten en dos personas dialogando. Se juegan en esto, a mi juicio, varios campos de responsabilidad. Por un lado, primero y principal, para con el artista y su obra -- lo cual no quiere decir acatar a todo que diga el artista, porque como todo buen escritor, todo artista necesita un buen editor. Otro campo de responsabilidad es para con el público: la necesidad de presentar una exposición claramente, un mensaje coherente tanto al nivel de montaje como a nivel de soporte textual. Otro, una responsabilidad para con la institución donde se inserta esta exposición, o sea, cómo se inserta esta exposición dentro la misión más amplia de la institución, cómo hacer que esta exposición contribuya a que la institución sea catalizadora, propositiva, y no una mera vidriera de prácticas que ya existen. Y otra -añadiría- una responsabilidad para con uno mismo, de ideales respecto de cómo deberían hacerse las cosas, y cómo contribuir a la profesionalización de la propia área de trabajo.

Respecto de la idea del curador como provocador o catalizador, quería contarles una experiencia que tuve trabajando con dos artistas en Nueva York en la galería White Box. El director me invitó a iniciar un programa para curadores jóvenes; él quería tener la galería cerrada en el verano, pero que estuviese activa. Entonces, invitó a seis curadores a que propongan cada uno un proyecto que debía realizarse desde la ventana. O sea, el campo de exposición era la ventana y uno podía ver lo que estaba adentro. Entonces, (la primera diapositiva ...) invité a Judi Werthein y Leandro Erlich, dos artistas jóvenes viviendo en Nueva York, que hasta ese punto estaban trabajando por separado, y les propuse que hagan una colaboración, que propongan un proyecto que salga de la discusión entre ambos, y esto fue lo que hicieron. Lo que están viendo parece ser un espejo, pero no lo es. Hacia la izquierda y la derecha de la ventana, lo que están viendo es una fotografía de la vista del otro lado de la calle, o sea, lo que esté enfrente, simulando una situación de espejo, y dentro de esa fotografía insertaron un espejo real. Entonces, (la próxima diapo ...) se genera esta situación, donde si uno está a la derecha de la fotografía, no se refleja, y si uno esta enfrente del espejo, sí se refleja. (La próxima diapo ... y la última...) para que vean un poco lo que pasaba. Entonces, el espacio de exposición se convertía en la calle, no tanto en el interior sino en ese límite. La ventana se convertía no en una ventana que mira hacia adentro -eso tiene connotaciones importantes en la historia del arte- o sea, no era una representación de ningún tipo sino que era un rebote visual hacia la calle.

Aquí quiero marcar un par de puntos que creo que son importantes, que podemos volver luego sobre ellos... Por un lado, la importancia de asumir el valor del riesgo en un proyecto curatorial. Creo que este valor se está perdiendo en muchas instituciones por una necesidad que las instituciones tienen de garantizar que el dinero sea invertido en proyectos exitosos. Esto puede generar que el arte se convierta en previsible, si uno no salvaguarda el valor del riesgo. Por otro lado, la importancia de ceder el lugar de acción a los artistas con quienes uno trabaja pero siempre exigir, es decir, apoyar y desafiar simultáneamente. Por otro lado, está el seguimiento, hacer un texto donde uno explique la importancia de presentar tal o cual proyecto, porque la gente no tiene por qué adivinar y menos en el ámbito de lo contemporáneo. Por otro lado, promover, generar un espacio de visibilidad para futuras oportunidades, y siempre motivar y exigir un pensamiento crítico riguroso, tanto respecto de uno mismo como interlocutor como respecto del artista con quien uno trabaja, o sea, no "esto lo hice porque tuve ganas", sino qué más? Porque generalmente, si estamos trabajando con algo serio, hay bastante que decir sobre eso. Y también respecto del público, generar preguntas, cuestionamientos. Generar no un público pasivo sino un público que piense, generar problemas y no tantas respuestas. Esto en cuanto al curador como provocador.

Y volviendo a la otra idea, del curador como mediador en el ámbito de lo institucional- quería contarles un poco sobre la dinámica curatorial de exposiciones de artistas jóvenes del espacio donde trabajé en Nueva York, que se llama el Drawing Center. Es un espacio que recibe carpetas, en este sentido, hay muchos espacios allá que reciben carpetas, pero la particularidad del Drawing Center era que las carpetas se recibían no con el fin de una exposición, sino con el fin de que esa persona sea aceptada a un programa de discusiones a puertas cerradas, uno a uno con un curador. Se llama el Viewing Program, existe hace 25 años; es un programa según el cual la institución trata de posicionar al trabajo de bambalinas o de provocación, o de taller, dentro de la institución. Una instancia de discusión, donde los artistas tienen, si quieren y pasan un primer filtro de selección (muy amplia), la posibilidad de llamar tres, cinco, siete, diecinueve veces por año al Drawing para pedir una cita con un curador y sentarse y trabajar sobre un proyecto o a discutir, mostrar el desarrollo de uno mismo. En fin, en esto me parece que es importante porque la institución avalaba este espacio más allá del ámbito de la exposición.

Es cierto que los artistas querían participar en exposiciones. Eso lo teníamos bien claro, y las exposiciones se llamaban Selecciones. Quería mostrarles algún ejemplo... (la próxima diapositiva...) Respecto del proceso de selección, había un comité curatorial; éramos cuatro personas: dos curadores y dos artistas. Cada uno de distinta generación, donde nos exigíamos un rigor en la argumentación, ¿Por qué estamos eligiendo esto? Eran cantidades de artistas, cantidades de portafolios, y lo genial de la situación era la apertura mental con que uno entraba. O sea, uno iba, y muchas veces salía con una opinión contraria a la que uno había entrado. ¿Por qué? Porque el otro te había discutido bien. Entonces, eso era bastante importante.

En esto, en términos de selección, había un par de cosas que voy a puntualizar, y que también, podemos volver después. No tratábamos de encontrar ninguna vanguardia total, adivinar el futuro, ningún tipo de cuestión así, sino de responder al presente. Qué está pasando, cómo cuestionar al dibujo contemporáneo de la forma más interesante, o sea: la materialidad del dibujo es, hoy en día, el papel? ¿Cómo se cruza con las tecnologías? ¿Qué es lo que define el dibujo hoy por hoy? ¿La transparencia y la gestualidad, digamos? ¿O puede entrar el cálculo digital en el dibujo contemporáneo? Porque puede haber dibujo digital. O sea, cuáles son los planteos, cómo cruza el dibujo con el espacio, esa situación es de arquitectura, o no... En fin, una cantidad de preguntas y en esto, diría que fuimos más exitosos cuando apostamos por lo incómodo. Algo que quizás no nos gustaba, no era una cuestión de gusto personal, todo lo contrario, lo que nos generaba tensión.

Luego, llegando al ámbito de la exposición, acá estamos. Esto es el espacio principal del Drawing Center (refiriéndose a la diapositiva). Elegí esta porque está Jorge Macchi al fondo, con dos obras que fueron bastantes impresionantes porque inauguramos esta exposición el 6 de Septiembre del año pasado (2001), y bueno, estaban los dos monoblocks de Macchi entrando al espacio a la derecha. Pero lo que quería recalcar era que lo que tratamos de hacer era no generar una curaduría de tipo teórico discursiva. Con eso quiero decir que lo importante era el reconocimiento de que estas eran exposiciones colectivas de artistas cuyas prácticas eran totalmente diferentes, uno del otro. Entonces, no se trataba de poner esas obras al servicio de una teoría equis o zeta, sino que lo importante era que cada uno se sostenga independientemente al anterior y al próximo en el espacio. En este sentido, pienso que era una curaduría que trataba de no ser una curaduría, o sea, era una situación bien desafiante para un curador que siempre está tratando de articular algún tipo de discurso. El ritmo de la exposición era de uno más uno más uno más uno y no tanto de muchos al servicio de lo que podemos llamar un "otro discursivo". En este sentido, creo que realmente el curador como mediador se ponía bastante en juego.

Para cerrar, diría que la curaduría tiene (además de los campos de responsabilidad que mencioné anteriormente, o sea: para con el arte, para con el público, para con la institución, para con uno mismo) la posibilidad de ser catalizadora, provocadora, intermediaria entre escena artística y público general. En este caso, y para hacer alusión al título de esta mesa, que es "Curaduría: arte, ciencia o política?", diría que es claro que la curaduría no es arte, si bien se juega en la misma un ojo que puede generar posibilidad y que de hecho tiene repercusiones visuales en el ámbito de la exposición. No es una ciencia, si bien debería existir un rigor comparable con el científico en la base de toda exposición desarrollada responsablemente - que de hecho puede pensarse como un proceso de elaboraciones de hipótesis y tesis-que requiere de argumentaciones claras y rigurosas respecto de lo que se expone y porqué-y de un rigor expuesto tanto en la etapa, digamos, de soporte de ideas como en la etapa de montaje, que es lo que en definitiva enaltece la exposición, y lo que la gente va a ver. Tampoco es política, pero sí tiene repercusiones que pueden pensarse más allá del espacio de la exposición. Por ejemplo, creo que toda exposición, al pensar en un público, piensa en un contexto. Un contexto que es social, político, y económico. Cuál es la situación de la gente que viene? Cuál es la situación de la educación? Cómo provocar algún tipo de situación distinta respecto a la educación a través de una exposición? Cuál es la escena artística en la cual está insertada esta exposición? Dónde cree la institución que vale la pena poner una inyección más de salud en esta escena artística? Dónde motivar? Es decir, una exposición responde a un contexto determinado desde el momento en que uno es responsable ante su público, y desde el momento en que uno se compromete son ese o esos público(s) en sus diversas acepciones de cuerpo social y económico. En fin, la curaduría es una práctica donde los principales beneficiarios entonces, deberían ser tanto los artistas como el público. Eso es todo.

Mercedes Casanegra

Investigadora y crítica en arte argentino y contemporáneo y Presidente de la Asociación Argentina de Críticos de Arte.

Bueno, yo también quería hacer algunas aclaraciones, unas mini-aclaraciones de principios, con respecto a la invitación, que por supuesto agradezco.

También, me generó un poco de conflicto el título y ese pequeño texto (que me pareció muy bien), pero, justamente cuando me preguntaron cómo definía lo que yo hacía, yo en realidad, no me denomino a mi misma como una curadora. En esto de la curaduría: arte, ciencia o política?, seguro que respondería primero, arte. Y después veríamos cómo podemos hacer otras relaciones. Y en cuanto a mí y a mi trabajo... los chicos me pidieron que me refiriera específicamente a la curaduría de la exposición de Tunga en Buenos Aires en noviembre de 1999. Bueno, lo que pasa es que justamente, no es, desde mi punto de vista, como trabajo curatorial de lo más típico y ortodoxo, sino que bueno, fue bastante Sui Generis, y les puedo ir contando un poco.

Lo que van a ver (comienza la proyección de un video), las imágenes no son demasiadas nítidas, pero para los que no estuvieron, esto fue el día de la inauguración, que además de la exposición en sí misma, de las instalaciones, había una performance dirigida por Tunga. Vamos a ir viendo el video mientras tanto. En cuanto a mi trabajo, bueno, hace diecinueve años que trabajo en el medio del arte, después de cinco o seis años de una carrera universitaria, pero bueno, todavía curadora no me denomino. ...Continuar Leyendo...

Tomado de El Basilisco



[1] Esteban Alvarez, Buenos Aires, 1966. HA realizado exposiciones personales y colectivas en Argentina, Inglaterra, Chile, Japón, Brasil, España etc. Ha recibido numerosos premios como Premio Klemm a las Artes Visuales. Mención. Galería Klemm, Buenos Aires, Argentina, 2001 y el II Bienal del Grabado Latinoamericano y del Caribe. Barranquilla, Colombia. 2do Premio. 1998, entre otros.

[2] Tamara Stuby, NY en 1963, realizó estudios universitarios en el Pratt Institute (en Brooklyn, N.Y). Actualmente vive y trabaja en Buenos Aires.



martes, 22 de septiembre de 2009

Laboratorio de Pensamiento es un espacio para la escritura del arte, la crítica y el análisis de las prácticas artísticas contemporáneas.

Por: LUCRECIA PIEDRAHÍTA. Museóloga-Curadora

Desde hace dos años avanzo en una investigación sobre Geopolítica de la Imagen en el arte y precisamente revisando las propuestas que están seleccionadas para el 13 Salón Regional de Artistas, Zona Centro Occidente que se inaugura el 7 de octubre en Armenia, les comparto una reflexión que me permite la obra de Libia Posada con sus proyectos: Signos Cardinales [Fotografía / Acción / Documentación] y Materia Gris [Instalación In Situ]


IMÁGENES TRANSITADAS: RELACIONES / METAMORFOSIS /TRANSFORMACIÓN
La idea de representación adquiere validez para definir el nuevo escenario geopolítico que se propone, desde las prácticas artísticas, -asimilándola como el conjunto de ideas y percepciones colectivas de orden político, económico, cultural, religioso u otro, que anima los grupos sociales y que estructura el imaginario colectivo y la visión del mundo de los mismos-. (Joan Costa). Concepto fundamental porque esas percepciones se transforman en intenciones y, luego, en justificaciones de acciones e inspiraciones de posturas geopolíticas.

En los tránsitos de la representación ésta deviene imagen. En términos contundentes Serge Tisseron distingue entre “representaciones” e “imágenes” aduciendo que la representación es “un contenido sin cuerpo”, en cambio la imagen es una relación, es motriz, es socializante. Podría argumentarse que -la representación es planimétrica, la imagen posee un espesor sensorial y un contenido que funciona como cohesionador-.

Si trasladamos estos esquemas a la geopolítica de la imagen en el arte es necesario referenciar los conceptos que sobre la imagen han desarrollado algunos críticos y teóricos que ayudan a conceptuar desde este campo. Serge Daney, crítico de cine distingue entre lo visual, la imagen y las visibilidades. Entiende lo visual como lo óptico, nos conduce en términos de verificación óptica de cualquier procedimiento de poder (técnico, político, publicitario o poder militar).

Para Daney lo visual no tiene contracampo, no admite añadidos. Lo visual que predomina en la televisión, no remite a otro, sólo a si mismo, su esencia es la tautología. La imagen, en cambio, testimonia una alteridad. La imagen tiene lugar siempre en la frontera de dos campos de fuerza. Y las visibilidades no son más que imágenes sin significación.

Por su parte el director de cine francés Jean Luc Godard afirma que lo visible es el lugar donde se asienta la imagen.

Y para Rancière la imagen es siempre una relación, un desvío. Significa y muestra a la vez, es plural… “En la imagen siempre hay una desviación entre lo que muestra y lo que significa (…) una imagen no es un icono que está ahí, un dato visual, una unidad visual. No es un cuadro ni un plano (…) la imagen es una separación entre una función de significación y una función de mostración, pero también una separación entre dos imágenes, entre la mostrada y otras que serían posibles. La imagen siempre es plural. La vida de las imágenes se hace con otras imágenes (…) Una imagen está muerta si está dada y se interrumpe. La imagen es siempre un intervalo o una expansión. Metamorfosis, desestabilización, trasformación.

El poder de las imágenes, radica entre otras cosas, en su versatilidad y su ductibilidad. “Es irrompible porque es capaz de admitir todo cambio posible sin la menor resistencia (Luis Puelles).

Podemos entonces concluir que la imagen es una frontera móvil y mutante y es un factor determinante de la producción simbólica y las prácticas artísticas contemporáneas. Por las imágenes y sus fisuras y escondites son muchos los artistas y colectivos que re-piensan el mundo y proyectan los sentidos del espacio.

Todo esto constituye lenguajes, formas de participación, estrategias de consenso y disenso, espacios de opinión pública que se asientan en la construcción del imaginario y que permiten levantar cartografías para identificar territorios en donde tenga cabida un contramapa de la geopolítica a partir de las micropolíticas al tránsito de la imaginación, entendida esta última, en términos de Hannah Arendt, como la facultad de hacer presente aquello que está ausente.

Tanto Arendt como Kant plantean una interpretación de la imaginación como facultad política, es decir, la imaginación es el puente entre la estética y la ética. (…) la imaginación es la facultad de tener intuiciones sin la presencia del objeto”. Es productiva cuando se trata de la artística. Es “la condición de la memoria”. Por lo tanto referenciarla temporal y espacialmente es otorgarle sus múltiples sentidos y de materializarla como facultad que tiene de dar cuerpo a lo que está ausente, por ello la Geoimaginación es el aporte a este instrumento de análisis para llegar a un mapa interpretativo a través de las obras y proyectos de algunos artistas que miraremos.

Así entonces la imagen en el arte se entiende como una mirada al mundo mismo, como un ensayo visual de las prácticas, acciones, contextos y actos que permite analizar el orden mundial y sus producciones y en este caso, haciendo una apuesta desde el concepto de las micropolíticas a la geoimaginación para ir más allá del significado de reparto espacial del poder mundial y de situaciones de subordinación política, económica y cultural.

Nos dice Eduardo Pavlovsky: “la Micropolítica propone otros territorios sociales, existenciales, abiertos a la comunidad. Es aquello que no pueden capturar los sistemas de representación – que no puede capturar fácilmente el Estado. Tiene que ver con lo resistencial y lo incapturable. Se maneja siempre fuera de los sistemas de representación habituales. Es lo que Deleuze define como acontecimientos o devenir.

Por su parte el antropólogo Arjun Appadurai, abre un campo expandido para la Imaginación y la entiende como un campo de prácticas sociales organizadas, es una forma de trabajo. Para Appadurai el trabajo de la imaginación colectiva es la materia prima sobre la que operan los individuos para proyectar sus vidas y la facultad “a través de la cual emergen nuevos modelos colectivos de disenso, de desafección y cuestionamiento de los patrones impuestos a la vida cotidiana”. La imaginación es una herramienta para enfrentarnos a los cambios económicos, sociales y políticos de la globalización.

Trasladándonos al campo de las prácticas artísticas y culturales a muchos artistas contemporáneos no le interesa el discurso progresista, más bien propone desde nuevas subjetividades y este es precisamente el espacio de las micropolíticas cuyo lema es: lo personal es lo político. Relaciones familiares, identidades locales, conciencia sobre su propia cotidianidad, son características de los artistas que se inscriben en esta esfera. No es denunciante de su entorno político, económico o social, podría decirse que su mundo está circunscrito a la esfera de lo privado, del oikos, de lo reservado. Propone, desde una crítica personal, sin esperar movilizaciones o manifiestos.

Antonio Negri le preguntó a Deleuze sobre el tema de los devenires micropolíticos: ¿qué política puede prolongar en la historia el esplendor del acontecimiento y de la subjetividad? Y Deleuze responde: Lo que más nos falta es creer en el mundo. Perdemos el mundo y nos ha sido tomado. Creer en el mundo es también suscitar acontecimientos, producir nuevos sentidos y subjetividades – aún pequeños-- que escapen el control o hacer nuevos espacios tiempos, aunque sean de superficie y volúmen reducidos. Es a nivel de cada tentativa que son juzgadas la capacidad de resistencia o por el contrario la sumisión a un control. Son necesarios al mismo tiempo creación y pueblo.
Gabriel Orozco representa las estrategias de dislocación y expresa su condición nomádica de manera fina y acertada, Eija-Liisa Ahtila trabaja las iconografías femeninas a través de sus películas que califica de – dramas humanos- , Ilya Kabakov analiza el entorno político y privado para narrar con crítica los desmanes del poder. Por su parte Hanne Darboven traslada el acto monotémático de escribir y repetir para analizae el paso del tiempo como una experiencia subjetiva. Louise Bourgeois porta las experiencias autobiográficas a espacios de impresionante espesor sensorial para el espectador.

Alicia Framis propone espacios para ser habitados y no para ser vistos. Bruce Nauman y sus relaciones entre arte y tecnología para entender el mundo. Ann-Sofie Sidén, Catherine Opie, Martín Parr, Andrea Zitte crea su propia Factoría, sus unidades de vivienda para reflexionar sobre desplazamientos y nomadismo. Tracey Emin, Nan Goldin documenta su entorno emocional, familiar, sexual para dar cuenta de una generación y Chantal Ackerman potencia historias situadas a través del cine expandido. Y Santiago Sierra, el cuerpo trasegado por el dolor colectivo y la esencia marginal.

En nuestro medio Doris Salcedo: cuerpos que callan, María Teresa Hincapié: el cuerpo como redención, Clemencia Echeverri: revisitar lo privado. Libia Posada: cuerpo somático y antropológico, José Alejandro Restrepo: el mundo con otros ojos. Miguel Ángel Rojas: la memoria radicada. Johanna Calle: atender el silencio.

Estos son algunos nombres que se inscriben en una producción desde las micropolíticas. Todos ellos se hace expresa una resistencia a la colonización de la vida cotidiana.

El mapa como idea y representación sirve de contexto para georeferenciar propuestas, obras y proyectos y narrar -la construcción político – visual del presente-, parafraseando a Hardt y Negri, en su ensayo Imperio -la construcción política del presente- .

Ciudad, Espacio Público y Comunicación

ORIGINAL: Ciudad, Espacio Público y Comunicación-Revista Íconos- (pdf 960kb)

El texto de la investigadora Dörte Wollrad me permite ampliar las lecturas del proyecto La Cartelera Biosocial [Intervención del espacio público / Acción] del colectivo La Cuyana, del departamento de Caldas.

Proyecto: La Cartelera Biosocial [Intervención del espacio público / Acción]
Colectivo: La Cuyana
Depto: Caldas.


jueves, 17 de septiembre de 2009

Arte público + Espacio público

Por: Lucrecia Piedrahita. Museóloga/Curadora

Este texto es la reflexión que planteo a partir del Proyecto "Auto constructora el ladrillo" del artista Víctor Muñoz, quien participa en la Curaduría Inversiones.




El espacio público constituye un punto de encuentro vital para los habitantes de la ciudad. Es también el lugar de consumo de signos, que tiene una dimensión simbólica: los monumentos, las plazas, las avenidas, los lugares de encuentro que hacen posible la sociabilidad. Lo familiar y lo barrial, las relaciones interpersonales, la vida anónima que permite el ambiente urbano, son actos, acciones, mensajes, que definen la morfología material y social de la ciudad como lugar y medio.

En la ciudad surge un paisaje de visión caleidoscópica, múltiple, fracturada y expansible que se integra o, más bien, hace parte de lo urbano. La cartografía es mutable y sirve de contexto para describir la ciudad como una conjunción de espacios cerrados, abiertos, inconclusos, insinuados, de ambientes presentes en la memoria, de lugares de paso, de interiores brutales; todos ellos, elementos que definen la comunicabilidad de lo urbano.

La ciudad constituye una categoría sociológicamente compleja, es el lugar donde se construye la memoria colectiva, es una suma de opuestos que configuran el espacio de representación donde interactúan los individuos de la colectividad. En cuanto a la forma urbana surge de dos clases de sistemas como lo ha explicado el urbanista Carlos Julio Calle: el sistema estructurante, constituido por lo público, cuya esencia es la calle, en sus diferentes formas y manifestaciones, y el sistema estructurado que establece lo privado, cuya representación es el barrio.

La ciudad es un centro de comunicación permanente, el lugar por excelencia donde se desarrolla y se vive el sentido de lo público. Es permanencia y sustancia etérea. Existe como concreción y materialización de las necesidades de los hombres, y, al mismo tiempo, se convierte en fantasma. Es distancia y tráfico, arraigo y desorientación para otros.

En ella coexisten símbolos de prestigio que se contraponen a los símbolos de estigma. Lugar de residencia y trabajo, de consumo y recreación. Es el observatorio de las rutinas diarias que cumplen los ciudadanos y que son conceptos claves que vinculan al individuo con sus diversas situaciones sociales.

El territorio urbano es la utopía de la ciudad para inmigrantes y los que migran internamente. En ella hay un choque de tiempos. Sin embargo, todos reclaman el derecho a la ciudad, una estructura hecha de calles, parques y avenidas. De secretos y escondites.

La reflexión sobre arte, ciudad y espacio público nos permite una re-lectura de lo urbano. Es la posibilidad de entender y asimilar esa tarea a la que hace referencia Jurgen Habermas cuando propone como una de las tareas fundamentales en las sociedades actuales, el “producir lo público”. Es precisamente ahí en donde deben intervenir los actores de una colectividad, que en nuestro medio, muchas veces desconocen o han perdido las herramientas por medio de las cuales pueden reclamar sus derechos de participación para intervenir en la construcción de lo público. Y esta gestión pública se ha hecho en los últimos 15 años a través del trabajo que hacen los artistas al asumir en su obra justamente esa producción de lo público, al intervenir la ciudad como espacio narrativo, como lugar de comunicación. El artista aparece entonces como constructor social.

Hablamos de un arte público en el espacio público que transgrede los ordenes establecidos en la ciudad, y porqué digo, transgrede, porque el arte público ya no es más ese elemento decorativo que maquilla la ciudad, ni ese monumento que perdió su razón de ser, tal véz por esa ostentación emblemática o porque en un mundo saturado de símbolos, los héroes se bajaron de su pedestal para sentarse y observar como sus fuerzas se desvanecen. Hoy, el arte público debe establecer un diálogo directo con los ciudadanos, “afectarlo” dentro de su cotidianidad.

Sobre esa evolución del arte público, José Luis Brea señala los cuatro rasgos que mejor caracterizan su evolución:

  1. Ruptura con la lógica del monumento, con la semiótica bipartita del significante/significado, dominio de la representación/dominio de lo real, tendencia en cambio a una inmersión.
  2. Ruptura con la lógica de la conmemoración. No se pretende construir el monumento en objeto de perduración en argumento de recuerdo, sino en testimonio efímero de la intensidad del tiempo ahora, del instante, de lo pasajero.
  3. Ruptura con la lógica del espectáculo. Resistencia al cumplimiento de una función meramente emblemática y de legitimación de las formaciones sociales instituidas.
  4. Concentración en el esfuerzo de producción de un dominio público políticamente activo, de constitución de una esfera que permita la discusión razonada de los intereses compartidos y su conducción política.

El arte contemporáneo se convierte en un medio de comunicación visual que evidencia lenguajes y representaciones, a través del cual se hacen visibles procesos de identidad que señalan pautas de comportamiento, formas de pensar y actitudes de los actores sociales frente a lo público y lo privado. La manera de percepción del espectador frente a la obra de arte, cambia y genera relatos múltiples a niveles corporales, éticos, estéticos y dialógicos, lo que permite que se abran las posibilidades interpretativas de la obra como espacio significante y como lugar de encuentro de la actividad intersemiótica.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Agorafobia

ORIGINAL: EsferaPública

Este artículo reseñado en Esfera Pública me permite ampliar las miradas del proyecto "De Carne y Hueso" [Video / Documentación de Performance] del artista Rolf Abderhalden, quien es invitado a la curaduría MICROmacro.



Agorafobia [1

«No se puede concebir un retorno al pasado en el marco de la democracia» (Claude Lefort, «Derechos humanos y Estado de bienestar»).

¿Qué quiere decir que el espacio es «público», el espacio de una ciudad, edificio, exposición, institución u obra de arte? A lo largo de la pasada década [de 1980 esta cuestión ha provocado enérgicas discusiones entre críticos y críticas del arte, de la arquitectura y del urbanismo. Son asuntos importantes los que están en juego en estos debates. El modo en que definimos el espacio público está íntimamente ligado a nuestras ideas relativas al significado de lo humano, la naturaleza de la sociedad y el tipo de comunidad política que queremos. Si bien existen claras divisiones en torno a estas ideas, casi todo el mundo está de acuerdo en un punto: apoyar las cosas que son públicas promueve la supervivencia y expansión de la cultura democrática.. Por tanto, a juzgar por el número de referencias al espacio público que encontramos en el discurso estético contemporáneo, el mundo del arte se toma la democracia en serio. Cuando, por ejemplo, quienes en la administración se ocupan de las políticas artísticas y los funcionarios municipales bosquejan directrices para situar al «arte en los lugares públicos», utilizan rutinariamente un vocabulario que invoca los principios tanto de la democracia directa como de la representativa: las obras de arte ¿son para «el pueblo»?, ¿animan a la «participación»?, ¿están al servicio del «electorado»? La terminología del arte público alude con frecuencia a la democracia como forma de gobierno, pero también a un espíritu democrático igualitario en general: esas obras de arte ¿evitan el «elitismo»?, ¿son «accesibles»?

En lo que respecta al arte público incluso los críticos neoconservadores —para nada ajenos al elitismo en asuntos artísticos— están con el pueblo. Históricamente, por supuesto, los neoconservadores han puesto objeciones a lo que Samuel P. Huntington llamó en una ocasión el «exceso de democracia»: el activismo, las demandas de participación política, así como el cuestionamiento de la autoridad gubernamental, moral y cultural. Tales demandas, escribió Huntington, son el legado de «la oleada democrática de los años sesenta» e impiden el mando democrático por parte de las élites. Vuelven ingobernable la sociedad porque el gobierno se hace demasiado accesible: «Las sociedades democráticas no pueden funcionar cuando la ciudadanía no se mantiene pasiva.» [2 Hoy, empero, los neoconservadores dicen que el gobierno es excesivo y atacan la «arrogancia» y el «egoísmo» del arte público, especialmente el arte público crítico, precisamente en nombre de la accesibilidad democrática, del acceso del pueblo al espacio público. [3

Las opiniones acerca de la más conocida controversia reciente sobre el arte público, el desmantelamiento de Tilted Arc de Richard Serra en la Federal Plaza de Nueva York, al menos las opiniones de quienes se opusieron a la preservación de la escultura, también enfocaban la cuestión desde el punto de vista de la accesibilidad democrática. «Hoy es un día de satisfacción para el pueblo», declaró William Diamond, miembro del programa Arte en la arquitectura del Gobierno Federal, el día que Tilted Arc fue destruido, «porque ahora la plaza vuelve merecidamente al pueblo.» Pero quienes apoyaban la escultura, en sus testimonios durante el juicio oral que habría de decidir la suerte de Tilted Arc, defendieron igualmente la obra bajo el estandarte de la democracia, sosteniendo el derecho del artista a la libertad de expresión o afirmando que el juicio en sí mismo aniquilaba los procedimientos democráticos. [4

Hay incluso quienes, igualmente comprometidos con el arte público pero reacios no obstante a tomar posición en tales controversias, buscaron resolver las confrontaciones entre artistas y otros usuarios del espacio mediante la creación de procedimientos generalmente descritos como «democráticos»: la «implicación comunitaria» en la selección de las obras de arte o su «integración» en los espacios que tales obras ocupan. Puede que tales procedimientos sean necesarios, en algunos casos incluso fructíferos; pero dar por hecho que se trata de procedimientos democráticos es presumir que la tarea de la democracia es calmar, y no sustentar, el conflicto.

Y sin embargo no hay tema más disputado que la democracia, la cual, como muestran incluso estos pocos ejemplos, se puede tomar seriamente de muchas formas. La emergencia de dicho asunto en el mundo del arte forma parte de una irrupción mucho más extendida de debates relativos al significado de la democracia que actualmente tienen lugar en diversos ámbitos: en la filosofía política, los nuevos movimientos sociales, la teoría educativa, los estudios legislativos, los medios de comunicación y la cultura popular. Es por su condición de contexto de tales debates —y no, como afirman con frecuencia sus teóricos, porque el arte público esté situado en lugares públicos a los que todo el mundo puede acceder— que el discurso sobre el arte público va más allá de los límites de las arcanas preocupaciones del mundo del arte.

La cuestión de la democracia ha surgido internacionalmente, por supuesto, por las denuncias planteadas frente a los gobiernos opresores racistas africanos, las dictaduras latinoamericanas y el socialismo de Estado soviético. Se nos quiere vender que tales denuncias son el resultado del «triunfo de la democracia», equiparándolas con las supuestas muertes del socialismo y del marxismo, de tal manera que la democracia se convierte en un lema que encubre las incertidumbres de la vida política contemporánea. Pero dichas denuncias arrojan también dudas sobre ese tipo de retórica sobre el triunfo de la democracia, planteando la cuestión de la democracia, precisamente, como una cuestión.

La preocupación de los teóricos y teóricas de izquierda por las incertidumbres de la democracia se debe no solo al descrédito en que recientemente puedan haber caído los regímenes totalitarios. Hace ya tiempo que izquierdistas de todo tipo, preocupados por la ceguera de marxistas ortodoxos y del propio Marx en lo que se refiere a las ideas de libertad y derechos humanos, tomaron conciencia de que el totalitarismo no es sencillamente una traición al marxismo. Las formas más fosilizadas del marxismo han mostrado tal celo en denunciar la democracia burguesa como forma mistificada del dominio de clase capitalista y en insistir en que solo la igualdad económica garantiza una democracia verdadera o «concreta» que, como alguien escribió, han sido «incapaces de discernir entre la libertad en la democracia y el servilismo en el totalitarismo.» [5 Pero el rechazar tanto las nociones economicistas de la democracia como el totalitarismo no es motivo para sentirnos cómodamente en el anticomunismo. Porque, tal como de forma sensata nos recuerda Nancy Fraser, «existe aún mucho que objetar a nuestra democracia realmente existente.» [6 Voces poderosas en Estados Unidos convierten con frecuencia la «libertad» y la «igualdad» en eslóganes bajo los cuales las democracias liberales de los países capitalistas avanzados se nos muestran como sistemas sociales ejemplares, el único modelo político al que pueden optar los países que salen de dictaduras y del socialismo realmente existente. Y sin embargo, el inexorable ascenso de la desigualdad económica en las democracias occidentales desde finales de la década de 1970—con Estados Unidos a la cabeza—, el crecimiento del poder corporativo y los feroces ataques a los derechos de los grupos sociales prescindibles revelan cuán peligroso es adoptar una actitud celebratoria. Enfrentándose a la tesis de Francis Fukuyama según la cual la lucha contra la tiranía tiene como final inevitable la democracia capitalista, Chantal Mouffe escribe: «Hemos de reconocer que, en realidad, la victoria de la democracia liberal se debe más al colapso de su enemigo que a sus propios éxitos.» [7

Ha surgido al mismo tiempo una fuerza democrática compensatoria que consiste en la proliferación de nuevas prácticas políticas inspiradas por la idea de los derechos: movimientos por el derecho a la vivienda, a la vida privada y a la libertad de movimiento de las personas sin vivienda [homeless, por ejemplo, o declaraciones en favor del derecho de gays y lesbianas a una cultura sexual pública. Con el objetivo de conseguir reconocimiento para las particularidades colectivas marginadas estos nuevos movimientos defienden —y extienden— derechos adquiridos, pero también propagan la exigencia de nuevos derechos basados en necesidades diferenciadas y contingentes. A diferencia de las libertades puramente abstractas estos nuevos derechos no eluden tomar en consideración las condiciones sociales de existencia de quienes los reclaman. Y aunque tales nuevos movimientos cuestionan el ejercicio del poder gubernamental y corporativo en las democracias liberales, se desvían de los principios que han sustentado los proyectos políticos tradicionales de la izquierda. Concentrándose en la construcción de identidades políticas en el seno de la sociedad y en la formación de alianzas provisionales con otros grupos los nuevos movimientos toman distancia frente a las soluciones totalizadoras a los problemas sociales. Rechazan asimismo ser dirigidos por unos partidos políticos que se autoproclaman representantes de los intereses esenciales del pueblo.

A lo largo de las dos últimas décadas determinadas pensadoras y pensadores políticos de izquierda han buscado, por un lado, abrir espacio para estas nuevas modalidades de lucha política y, por otro, enfrentarse a la experiencia del totalitarismo. Este doble objetivo ha movido a intelectuales como Claude Lefort, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Étienne Balibar, Jean-Luc Nancy y Philippe Lacoue-Labarthe, entre otros nombres, a renovar las teorías de la democracia. Uno de los iniciadores de tal proyecto es Lefort, filósofo político francés quien a comienzos de la década de 1980 planteó algunas ideas que desde entonces son clave en los debates sobre la democracia radical. El distintivo de la democracia, dice Lefort, es la desaparición de las certezas acerca de los fundamentos de la vida social. La incertidumbre hace del poder democrático la antítesis del poder absolutista monárquico con el cual acabó. Desde el punto de vista de Lefort la revolución política burguesa que tuvo lugar en Francia en el siglo XVIII inició una mutación radical en la forma de la sociedad, una mutación que Lefort llama, siguiendo a Alexis de Tocqueville, «la invención democrática.» La invención democrática forma un todo con la Declaración de los Derechos del Hombre, un acontecimiento que desplazó la ubicación del poder. Todo el poder soberano, afirma la Declaración, reside en «el pueblo.» ¿Dónde se localizaba previamente? Bajo la monarquía el poder tomaba cuerpo en la persona del Rey, quien, a cambio, encarnaba el poder del Estado. Pero el poder en posesión del Rey y del Estado derivaba en última instancia de una fuente trascendente: Dios, la Justicia Suprema o la Razón. La fuente trascendente que garantizaba el poder del Rey y del Estado también garantizaba el significado y la unidad de la sociedad: del pueblo. La sociedad, en consecuencia, era representada como una unidad sustancial cuya organización jerárquica descansaba sobre fundamentos absolutos.

Con la revolución democrática, empero, el poder estatal ya no se remite a una fuerza externa. Ahora deriva de «el pueblo» y se ubica en el seno de lo social. Pero con la desaparición de las referencias a un origen externo del poder también se desvanece el origen incondicional de la unidad social. El pueblo es la fuente del poder pero también él queda privado de su identidad sustancial en el momento democrático. Al igual que el Estado, el orden social no tiene fundamento. La unidad de la sociedad ya no se puede representar como una totalidad orgánica sino que es, en cambio, «puramente social»; por tanto, un misterio. Con la democracia sucede algo sin precedentes: que el lugar de donde el poder deriva su legitimidad es lo que Lefort llama «la imagen de un lugar vacío.» [8 «A mi modo de ver», escribe Lefort, «el punto importante es que la democracia se instituye y sostiene por la desaparición de las señales de certeza. Inaugura una historia en la que el pueblo experimenta una indeterminación fundamental en lo que respecta a la bases del poder, la ley y el conocimiento, así como acerca del fundamento de las relaciones entre uno mismo y el otro.» [9 La democracia alberga por tanto una dificultad en su seno. El poder emana del pueblo pero no pertenece a nadie. La democracia abole la referencia externa del poder y refiere el poder a la sociedad. Pero el poder democrático, para afirmar su autoridad, no se puede remitir a un significado inmanente a lo social. Al contrario, la invención democrática inventa algo más: el espacio público. El espacio público, siguiendo la argumentación de Lefort, es el espacio social donde, dada la ausencia de fundamentos, el significado y la unidad de lo social son negociados: al mismo tiempo que se constituyen se ponen en riesgo. Lo que se reconoce en el espacio público es la legitimidad del debate sobre qué es legítimo y qué es ilegítimo. Al igual que la democracia y el espacio público este debate se inicia con la declaración de derechos, privados también ellos, en el momento democrático, de una fuente incondicional. La esencia de los derechos democráticos se ha de declarar, no se posee. El espacio público implica una institucionalización del conflicto en la que, mediante una incesante declaración de derechos, el ejercicio del poder se cuestiona, lo cual, en palabras de Lefort, «tiene como resultado una impugnación controlada de las reglas establecidas.» [10

La democracia y su corolario, el espacio público, llegan a existir entonces cuando se abandona una positividad, la idea de que existe una fundamentación sustancial de lo social. La identidad social se torna un enigma y queda por tanto abierta a disputa. Empero, tal y como argumentan Laclau y Mouffe, este abandono significa también que la sociedad es «imposible», es decir, que es imposible concebir la sociedad como una entidad clausurada. [11 Puesto que sin una positividad subyacente el campo social se estructura mediante relaciones entre elementos que tampoco tienen identidades esenciales. La negatividad forma parte por tanto de cualquier identidad social, puesto que la identidad llega a existir tan solo a través de la relación con un «otro» y, en consecuencia, no puede ser plena por sí misma: «La presencia del “otro” me impide que yo sea totalmente yo mismo.» [12 La identidad está dislocada. Asimismo, la negatividad es parte de la identidad de la sociedad en su conjunto; ningún elemento de la sociedad puede por sí mismo unificarla ni determinar su desarrollo. Laclau y Mouffe utilizan el término antagonismo para designar la relación entre una entidad social y un «afuera constitutivo» que bloquea su conclusión. El antagonismo afirma y simultáneamente evita la clausura social, revelando la parcialidad y precariedad —la contingencia— de toda totalidad. El antagonismo es «la “experiencia” del límite de lo social.» [13 La imposibilidad de la sociedad no es una invitación a la desesperanza política sino el punto de partida —o «la “base” sin base»— de una política propiamente democrática. «La política existe porque existe subversión y dislocación de lo social», dice Laclau. [14

La lefortiana argumentación de este ensayo será que quienes defienden el arte público en el deseo de fomentar el crecimiento de una cultura democrática deben también partir de este punto. Unida a la imagen de un lugar vacío, la democracia es un concepto capaz de interrumpir el lenguaje dominante sobre la democracia que hoy nos engulle. Ahora bien, la democracia mantiene la capacidad de cuestionar continuamente el poder y pone en cuestión el orden social tan solo si no escapamos a la cuestión —la incertidumbre de lo social— que genera el espacio público en el corazón de la democracia. Instituido por la Declaración de los Derechos del Hombre el espacio público hace extensible a todos los seres humanos la libertad que Hannah Arendt llama «un derecho a tener derechos.» [15 El espacio público expresa, en palabras de Étienne Balibar, «la falta de límites que caracteriza a la democracia.» [16 Pero cuando la cuestión de la democracia se ve reemplazada por una identidad positiva, cuando sus críticos hablan en nombre de significados de lo social absolutos en vez de contingentes —es decir, políticos—, la democracia puede servir para imponer la aquiescencia con nuevas formas de subordinación.


NdE: Debido a la extensión del texto publicamos un fragmento. La versión completa se encuentra aquí

viernes, 4 de septiembre de 2009

CENTRO COLOMBO AMERICANO


COORDINACIÓN
13 SALÓN REGIONAL DE ARTISTAS

El Centro Colombo Americano busca, a través del Laboratorio de Pensamiento, movilizar el ejercicio de observación, análisis y escritura sobre las prácticas artísticas contemporáneas, en el marco del 13 Salón Regional de Artistas Zona Centro Occidente.

Los Salones Regionales de Artistas iniciaron en 1976. Dentro del nuevo proceso que abrió el Ministerio de Cultura (2005) se busca potenciar la investigación curatorial, diversificar las miradas y ampliar la formación de públicos. En esta ocasión se desarrolla la versión número 13 que busca establecer diversas relaciones entre las prácticas artísticas y culturales lo que demanda elaborar diálogos, generar puentes y propiciar encuentros entre distintas disciplinas para entender sus propias dinámicas.

El Centro Colombo Americano como Institución Coordinadora del 13 Salón Regional de Artistas, 13SRA, tiene claro que una de las funciones sociales del arte es ampliar las conversaciones y diálogos de los proyectos curatoriales para convocar la participación interdisciplinar de artistas, colectivos, curadores, docentes, críticos de arte e investigadores, entre otros.

El ejercicio reflexivo de la escritura es una necesidad urgente por lo que establecimos una alianza con el Grupo Mente Nómada para desarrollar el Laboratorio de Pensamiento como una plataforma para ampliar las miradas sobre los ejes temáticos que definen las curadurías de Antioquia y Eje Cafetero: Inversiones S.A. y MICROmacro, plantear preguntas que atraviesen diversos estadios del conocimiento y lo más importante, para hacer visible un -estado del arte- actual de las prácticas artísticas dentro de un contexto de región.

GRUPO MENTE NÓMADA


GRUPO MENTE NÓMADA

Conservar el Futuro - Preservar Innovando
Cultura | Ciencia | Tecnología

“Conservar el Futuro” y “Preservar Innovando” son los propósitos fundamentales del Grupo Mente Nómada, establecida por la Museóloga, Curadora y Analista Cultural, Lucrecia Piedrahíta Orrego y el Ingeniero, Consultor en Tecnología de Información, Electrónica y Nuevos Medios, Hugo Ángel Montoya.

El Grupo Mente Nómada establece puentes entre los campos de la Cultura, la Ciencia y la Tecnología para producir nuevos sentidos, mediante acciones concretas de investigación, análisis y soluciones que incidan activamente en el desarrollo de las prácticas culturales, humanísticas y materiales.

PROYECTOS

El Grupo Mente Nómada realiza proyectos que involucran nuestras competencias en las áreas de Museología, Curaduría, Gestión de Proyectos Culturales y Tecnológicos mediante diseños que integran
  • Estructuración,
  • Medios Electrónicos,
  • Cartografía,
  • Electrónica,
  • Sistemas de Información.
El Grupo Mente Nómada adelanta actualmente proyectos en varios campos. En el campo científico académico lidera, conjuntamente con la Universidad Pontificia Bolivariana, un proyecto innovador en el campo ambiental, “Arquitectura Verde Interactiva”-, el cual se exhibirá, dentro de la propuesta curatorial MICROmacro del 13 Salón Regional.

En el campo de Nuevos Medios, finalizó la extensión Web del libro MEMORIA DE CAPITADA con la totalidad de las prácticas multimediales interactivas.

lunes, 17 de agosto de 2009

Cómo pensar el arte en el mundo de la globalización

por Anna María Guasch
Profesora de Historia y Teoría del Arte de la Universidad de Barcelona.
(Publicado en NotasCuratoriales.com)








Ante la emergencia de un mundo globalizado dominado por las tecnologías de la información se impone una nueva manera de pensar, abordar y escribir sobre el arte, una manera que, dejando de lado aspectos de una historia del arte lineal y cronológica, preocupada por los estilos y las tendencias aboga claramente por una narrativa articulada en función de distintos momentos culturales: el momento multicultural , el del reconocimiento de la existencia del “otro múltiple” y el momento global que en su constante tensión e interacción con lo local tiene su equivalente en el interculturalismo. De ahí la importancia de nuevos conceptos como diáspora, nuevo internacionalismo, localidad, estética relacional y arte colaborativo que parecen responder a un común denominador: su proximidad a la cultura más allá del arte y su apuesta por la cuestión de identidad más allá del lenguaje.

En realidad todo empieza en el apasionante momento en que el espacio monocultural de la modernidad etnocéntrica empieza a desmoronarse y se asiste tanto desde el “mainstream” como desde las periferias, tanto del espacio hegemónico como del de las minorías emergentes a un episodio verdaderamente revolucionario en la definición de la identidad: el reconocimiento del “yo múltiple”, el de una máxima expansión , desplazamiento y democratización del hecho cultural en un mundo ya no dividido en estructuras binarias ( lo civilizado/lo primitivo; lo cocido/lo crudo; la cultura/la subcultura) ni tampoco dominado por una mirada etnocéntrica.

Algunos hablan de una estética del “thirdness” o “in-betweenness” y aquí el término “tercero” nada tiene que ver con una estética geográficamente localizada en el “Tercer Mundo”. Su significado, aparte de su proximidad al concepto de “hibridez” tendría más relación con el “tercer cine”, un tipo de discurso que explora y intenta descubrir cómo las prácticas culturales fruto de una emancipación cultural y política tienen que ver con estrategias estéticas. Y en este sentido resulta adecuada relación con el “tercer cine” , un tipo de cine que no se limita a un significado geográfico sino que se extiende a través de otras disciplinas , como las artes preformativas y las artes visuales.

En este nuevo espacio metafóricamente “sin fronteras” que puede parecer la consolidación de la agenda utópica de la “aldea global” propuesta en los años sesenta Marshall McLuhan y que estaría dominado, como reconoce Frederic Jameson, por un circuito de redes comunicacionales alrededor del mundo, por un concepto que alternativamente enmascara y transmite significados culturales y económicos se impone un replanteamiento de los conceptos de identidad y diferencia que suponen una relación cada vez más tensa entre el estado-nación y los nuevos estados posnacionales : “Lo que está emergiendo -sostiene Arjun Appadurai- son poderosas formas alternativas de organización del tráfico de recursos, imágenes e ideas, formas que o bien desafían al estado-nación de una manera activa o bien son alternativas antagónicas pacíficas constituyentes de lealtades políticas a gran escala” .

En este mundo posnacional dominado por lo que el economista Roger Burbach denomina “policentrismo” se impondría la aparición de una nueva etnicidad, capaz de atraer a personas y grupos que por su dispersión espacial son mucho más vastos que los grupos étnicos de los que se ocupaba la antropología tradicional. Una etnicidad que, lejos de estar vinculada con las prácticas “primordialistas” del estado-nación, es transnacional y reclama un nuevo entendimiento de la relación entre la historia y la agencia social, el campo de los afectos y el de la política, los factores a gran escala y los factores periféricos, los flujos culturales globales y las realidades específicas locales, los contextos propios y los contextos ajenos.

Este pensar “más allá de la nación” entendiendo por nación el último reducto del totalitarismo étnico, pero contemplando las múltiples y fragmentarias realidades nacionales no sólo es en la actualidad un tema recurrente en los estudios de política global sino que también puede ser muy clarificador en nuestro ámbito de trabajo: el ámbito de la cultura visual y la teoría del arte contemporáneo y su posición entre lo global y lo local: ¿Qué lugar corresponde a lo local, a las identidades locales (aquí ya no decimos nacionales, regionales, folklóricas, vernáculas , periféricas, étnicas o subalternas) en los esquemas relativos al flujo cultural global? ¿Cuál es el significado de lo local ( y junto a lo local las subjetividades contemporáneas) en un mundo pleno de flujos diaspóricos, un mundo que se ha desterritorializado, un mundo donde además los medios masivos de comunicación electrónicos (lo que llamaremos comunidades electrónicas y virtuales) están transformando las relaciones entre la información y la mediación?.

Es en este contexto que cobran sentido conceptos vinculados a filosofías políticas como el de “multiculturalismo” y en especial el de “interculturalismo”, es decir, el intercambio de culturas a través de las naciones con todo lo que ello supone de una nueva reapropiación de lo nacional y sus contactos críticos con lo internacional: “ El mundo está en proceso de desplazarse de la fase nacionalista a la fase cultural y es preferible distinguir áreas culturales más que naciones”, afirma Rustom Bharucha . El futuro estaría pues en lo “intercultural” superador de la antigua dicotomía identidad/diferencia a través de una mayor potenciación de las subjetividades, las realidades particulares de cada ser humano más allá del concepto de lo “étnico”, y de un mayor diálogo entre lo universal y lo local, entendiendo lo local (sinónimo de sitio o lugar) más como relacional y contextual que como escalar o espacial. De ahí la defensa de una universalidad compartida: “En el espacio vacío del encuentro intercultural, que es como un “punto cero” de un “primer contacto” entre la existencia humana esencial , desaparecen las “etnicidades” de los diferentes participantes a favor de sus identidades humanas universales, de sus creatividades y potencialidades” .

A modo de conclusión
Y llegados a este punto nos gustaría enlazar las teorías de la “interculturalidad” con los análisis de la cultura global de la posmodernidad por parte del antropólogo Arjun Appadurai y sus teorías sobre la interacción y la imaginación . Appadurai habla de una constante tensión entre lo local y lo global, tensión que no se resuelve “desde la resistencia” sino desde la “interacción” entre por un lado las tendencias que buscan la homogeneización y las tendencias a interpretar de acuerdo con la tradición y cultura de cada lugar. Appadurai aporta un concepto nuevo: el de la imaginación , una imaginación como una propiedad de colectivos y no meramente como facultad de individuos geniales, una imaginación vinculada con los diversos componentes de la vida cotidiana contemporánea. Y sobretodo la imaginación como una “práctica social” y como elemento constitutivo esencial de la subjetividad contemporánea.

En este sentido Appadurai argumenta cómo en la actualidad los medios de comunicación electrónicos han subvertido y transformado no sólo la creación de imágenes (de uno mismo y del mundo) sino las mediación de estas imágenes, mediación masiva en todos casos: “Los medios electrónicos transforman y reconfiguran nuestro mundo”, sostiene Appadurai, y los medios impresos y las formas orales, visuales y auditivas de comunicación son alterados por dichos medios electrónicos.

De ahí el papel relevante conferido a la imaginación no para proyectarnos a mundos inventados, mundos de ficción, mundos visionarios o estados emocionales prohibidos. La imaginación se habría desprendido del espacio expresivo propio del arte, del mito y del ritual, y habría pasado a formar parte del trabajo mental cotidiano de la gente común. La imaginación habría penetrado en la lógica de la vida cotidiana de la que había sido desterrada. Las personas comunes y corrientes comenzarían a desplegar su imaginación en el terreno de sus vidas diarias. Los creadores buscarían una compleja interacción entre lo real y lo virtual, provocando una intervisualización global (mezcla de realidad y virtualidad).

Como sostiene Irit Rogoff, los individuos crean inesperadas narraciones de la vida cotidiana partiendo de “el pedacito de una imagen que conecta con una secuencia de una película y con la esquina de una valla publicitaria o con el escaparate de una tienda por la que hemos pasado, narraciones que producen una nueva narrativa constituida, a la vez, por nuestra experiencia del viaje y por el inconsciente .

El trabajo de la imaginación en un mundo poselectrónico no es ni puramente emancipador ni completamente disciplinado, sino que es un espacio de enfrentamiento en el que individuos y grupos buscan anexionar lo global a sus propias prácticas de lo moderno. Además, la imaginación sería la mejor “arma” contra los miedos , las angustias y las violencias como efectos de la desterritorialización en la que estamos sumidos en este mundo dominado por las economías globales. Miedo, angustia del Occidente a perder su condición de “uno”, de perder su papel de centro real. Miedo, angustia y violencia del “otrora” otro ( un “otro” definido en función de etnia, pero también género y raza) de perder definitivamente lo que le sigue definiendo como “otro” a pesar de la galopante homogeneización globalizadora. El miedo que provocan las “personalidades liminares” (adolescentes, inmigrantes, artistas) como representantes de una categoría borrosa y difusa, que genera ansiedad en los estamentos hegemónicos. La violencia que ejercerían las fuerzas abstractas de la globalización contra las minorías, lo cual nos llevaría a hablar de una violencia corporal, incluso íntima, ejecutada en el marco de las relaciones cotidianas, dentro del ámbito de los vínculos propios de la intimidad personal.

Porque, como no reconocerlo, estamos ante un momento, el de la globalización, hacia el cual no podemos si no sentir sentimientos contradictorios: es simultáneamente necesaria y rechazada (contestada tanto desde el punto de vista práctico como simbólico) Es algo nuestro ( que controlamos y usamos, según la versión optimista) y algo que no es nuestro y que podemos evitar, rechazar, negar, eliminar y excluir de nuestra vida, conforme a una visión pesimista.