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jueves, 21 de abril de 2016

INTEMPERIE. ESTÉTICAS CONTEMPORÁNEAS DE LA NATURALEZA Y EL PAISAJE

INTEMPERIE.  ESTÉTICAS CONTEMPORÁNEAS DE LA NATURALEZA Y EL PAISAJE 21 de abril, 7:00 pm. MUSEO EL CASTILLO - MUSEO & JARDINES. 
 Están todos cordialmente invitados. Será una cita con el buen arte!!!.
  • ALEXANDRA MCCORMICK
  • ADRIANA SALAZAR
  • EDWIN MONSALVE
  • JOHN JADER BEDOYA
  • SARA OLIER BROME
  • ÁNGELA TORRES
  • ALEJANDRO MUÑOZ
UNA CURADURÍA DE LUCRECIA PIEDRAHITA ORREGO. 
 Imágenes referentes en tarjeta: Sol Lewitt, model, for Complex Form N. 20, 1989. Rg @micahlexier. / Leong Leong Architects. N. Y.

domingo, 10 de abril de 2011

Exposición Colectiva de Pintura, Objeto y Dibujo en Pequeño Formato.

El próximo miércoles 13 de abril a las 7:00 PM, 
El Museo El Castillo inaugura  e invita a:

* Exposición Colectiva de Pintura, Objeto y Dibujo en Pequeño Formato

Invitación 1
Invitación 2

Por Mónica Naranjo

por Pablo Guzmán
por Luisa Isaza

Más de 80 obras en diferentes técnicas, temáticas y estilos, pertenecientes a 32 artistas seleccionados con propuestas contemporáneas de excelente factura, conforman la Exposición de Pintura, Objeto y Dibujo en Pequeño Formato, curada por Lucrecia Piedrahíta.

El Museo El Castillo es plataforma de difusión, circulación y exhibición de la exposición anual de Pequeño Formato. La cuidadosa selección curatorial y la acción crítica sobre la muestra posicionada en el medio, da cuenta de la reflexión que hacen los artistas por el estatuto de la imagen, los textos de la memoria, la iconografía de las prácticas cotidianas, las transformaciones poéticas de los objetos y los lugares de la cultura. En la muestra se reúne pintura, dibujo y objeto tridimensional desplazándose de la realidad a la ficción, del cine a la ciudad, de la ilustración mediada por el acto estético para ofrecerle al espectador la posibilidad de vivir una experiencia de intercambios y experimentaciones públicas. 

“Reflexionar por el ejercicio creativo que plantean los artistas invitados a la muestra de Pequeño Formato es indagar por la ética de las imágenes. Las imágenes habitan el inconsciente que se presenta como la naturaleza incontrolada-, como el espacio sin cotas que no se deja aprehender fácilmente, como el topos donde se instala la percepción, como ese espacio en donde es imposible re-tener la palabra que nombra la imagen que allí habita. ...“El ojo es el espejo de la totalidad divina, nuestra guía y acceso a ella, la garantía de la existencia del mundo, la salida de la cárcel triste del cuerpo, el resumen de la creación, la maravillosa antesala del poder humano, que poseyendo esas imágenes, puede recombinarlas mediante la fantasía, el ensueño, la ironía, la expresión en una forma inédita”, según Miguel Ángel Ramos. Es también, el hombre más universal de todos los universales, Da Vinci, quien se refiere al ojo como el elemento fundamental para captar, para entender, para asimilar lo que nos rodea y, se pregunta _Quién podría imaginar que un espacio tan pequeño podría dar cabida a todas las imágenes del mundo?.”

Esta imagen del ojo que mira permite desplazar el concepto del inconsciente para entenderlo, metafóricamente como el ojo –invisible- a nuestros ojos, ese ojo que mira, entendido como -la garantía de la existencia del mundo- perceptible, sensorial-, que denota y connota, que permite la asociación entre significado y significante. Si Leonardo da Vinci se pregunta: Quién podría imaginar que un espacio tan pequeño podría dar cabida a todas las imágenes del mundo?, es perfectamente posible asociar el ojo con el inconsciente como contenedor de la memoria, como ese espacio para imaginar éticamente contra las imágenes y desde las imágenes. Es en la imagen del ojo que mira en donde confluyen las propuestas de los artistas aquí presentes.


 Lucrecia  Piedrahíta Orrego. Museóloga / Curadora / Candidata a magister en Pensamiento Estético Contemporáneo (México, D.F)



Artistas Invitados
  • Alejandra Estrada 
  • Alejandra Higuita
  • Alejandro García
  • Alejandro Jaramillo
  • Alejandro Tobón
  • Ana Fernández
  • Ana María Velásquez
  • Andrés Layos
  • Angélica María Zorrilla
  • Camila Botero
  • Carlos Alarcón
  • Catalina Jaramillo
  • Caterina Arango
  • Cesar del Valle
  • Lindy María Márquez
  • Cristina Castagna
  • Edwin Monsalve
  • Evelin Velásquez
  • Hernán Marín
  • Johan Barrios
  • Johana Bojanini
  • Juan Manuel Gómez
  • Laura Montoya
  • Fredy Serna
  • Marcela Cárdenas
  • María Luisa Isaza
  • Mónica Naranjo
  • Nadir Figueroa
  • Pablo Guzmán
  • Sebastián Restrepo
  • Verónica Mejía
  • Yosman Botero
Exposiciones abiertas al público hasta el 22 de mayo de 2011


Horario: Lunes a viernes de 9:00 AM a 6:00 PM
Fines de semana de 10:00 AM a 5:00 PM

Mayores informes 266 0900

viernes, 28 de mayo de 2010

Una muestra colectiva que no podemos dejar de ver: Cultura Visual y Territorio - 2. Jorge Gómez en el Museo El Castillo

ORIGINAL: Lecturas Anónimas rácticas Artísticas Contemporáneas
Mayo 26, 2010 5:19 am

Cultura visual y territorio. Ciudad - Paisaje - Naturaleza es la muestra que se abrió al público el jueves 13 de mayo en el museo El Castillo.

La exposición colectiva “Cultura Visual y Territorio. Ciudad - Paisaje - Naturaleza” está en la Sala de Arte y el Salón de Los Torreones como preámbulo a la entrega de la primera etapa del proyecto de renovación de sus parques y jardines.

En la muestran participan los artistas:
  • Alejandro Castaño,
  • Aníbal Vallejo,
  • Fredy Alzate,
  • Fredy Serna,
  • Gloria Escobar,
  • Gloria Posada,
  • Jesús Abad,
  • John Jader Bedoya,
  • Jorge Gómez,
  • Juan Luis Mesa,
  • Luis Fernando Escobar,
  • Mauricio Gómez,
  • Nadir Figueroa,
  • Patricia Bravo
  • Yosman Botero.
Quiero destacar el trabajo del artista Jorge Gómez. Este es un recorrido por la obra de este grupo que conforma la muestra y que no podemos dejar de ver.




Les comparto un texto enviado por el artista Jorge Gómez.

Periódico El Colombiano. Artes Plásticas. Autor: Luis Fernando Valencia
Profesión: Crítico de arte. Nacionalidad: Colombiana.

CONTEXTO: El crítico de arte colombiano Luis Fernando Valencia, se refiere aquí a la obra del artista Jorge Gómez, en un interesante artículo que trasciende la obra en sí misma y se proyecta.

Jorge Gómez expuso recientemente en el Museo de Antioquia, donde ofreció un trabajo con algunas variantes de sus series anteriores, siempre con una técnica densa, fuerte, matérica, llena de contrastes. El artista, que ha destacado en su obra la labor de taller y que nos ha dejado ver en sus lienzos espacios íntimos, ofreció una mirad a su entorno desde una perspectiva muy particular. Sale de su taller en el campo y muestra una ciudad bastante solitaria y en perspectivas impensables, que aún así, le permiten al espectador identificar algunos escenarios. Luis Fernando Valencia destaca en este comentario la fuerza de la obra de Jorge Gómez, así como sus profundos significados y esa capacidad que tiene de no dejar nada en el vacío. Igualmente, el crítico se refiere a la pintura realista que en este caso no es mimética, pues en ella hay un gran despliegue de imaginación. Jorge Gómez lleva varias décadas dedicado al arte. Sus obras se han presentado en exposiciones colectivas e individuales, con una propuesta seria que se ha destacado en diferentes salones. Su vida está dedicada al arte.

Emboscada

A propósito de la obra del artista antioqueño Jorge Gómez

Cuando observamos una pintura de Jorge Gómez lo primero que salta a la vista es su generosidad matérica, el pigmento de color que parece desprenderse del lienzo. Y aún más, de cerca el material pictórico aparece como un volumen caótico en un viaje sin sentido, en una deriva casual. Pero una primera estrategia plástica que el pintor ejecuta convierte el óleo en representación, es decir, ya no pertenece a un mundo inerte, sino a un vehiculo de significación.

Una segunda maniobra le quita a la representación su aspecto mimético, es decir su fidelidad a una realidad, y una tercera operación deja la obra en un estado autónomo. Estamos frente a una pintura ya totalmente independiente de su punto de partida. De lo inerte a la significación, y de ésta a una realidad otra, a un estado pictórico independiente del modelo inicial.

El espacio abandona ahora toda forma de efectismo y se erige con claridad meridiana: nada está puesto al azar, nada queda en el aire. Y hay algo que sorprende. El espacio dialoga con él mismo, sin perder nitidez parece ir elaborándose siguiendo su propia voluntad.

Frente a la forma endurecida de la pintura premeditada, hay aquí una voluntad espacial que dialoga con el artista, la materia parece ejecutar su propia espacialidad, el pintor le sigue el juego. Entonces en la obra aparece una capacidad de aventura, que invade al espectador, una incertidumbre que le permite al observador involucrarse en la obra. Se cumple la sentencia de Novalis: “el verdadero espectador, debe ser una ampliación del autor”.

Y ahora la complejidad abunda. Todas las distancias entre los elementos son diversas. Las diferencias de los distintos campos son notorias, pues cada territorio tiene sus peculiaridades. Esto crea una disonancia que, ya sabemos por la música de inicios del siglo XX, fue una característica que marcó este siglo que comenzaba. Lo inarmónico y lo trágico, por medio de un trazo vigoroso, están actualizados a nuestro presente. La fuerza y velocidad de la factura anulan todo sentimentalismo. Este espacio, complejidad abierta exterior, es pórtico a nuestro tiempo, intrincada y cerrada trama interior.

Al mismo tiempo que la obra afirma, también va negando. A la zona blanca que anuncia el mediodía, la rodea el segmento negro que pregona la noche. De ahí nace lo lúgubre. Esa actitud que ha acompañado al hombre desde el inicio del siglo XX y que en Ser y tiempo, a propósito de la existencia humana, se nombraba como angustia; Pero lo funesto no puede surgir de forma literal, la pintura de Jorge Gómez lo levanta acompañado de un discernimiento pictórico, de una deconstrucción plástica. Entonces lo funesto se rodea de misterio, y con esta dualidad la pintura sale airosa. Y también aparece lo melancólico, pero no de una forma evidente que nos convocaría al ruido y la exaltación, sino a través de la experiencia del arte que nos hace enmudecer.

Hay una angulosidad avasallante, que va desde las ruinas tan estimadas por los románticos alemanes hasta la trágica Balsa de Géricault, pasando por el retrato de Van Gogh en la campiña de Arles que va regando su sombra como un rastro siniestro por toda la Provenza. A pesar de una factura tan decidida, la obra no se instala en afirmaciones definitivas, en sentencias concluyentes. Con su ámbito ruinoso, va levantando más preguntas que respuestas, hasta llevarnos a nosotros mismos, hasta conducirnos a nuestras propias preguntas. La obra que interroga, pensamiento contemporáneo, se diferencia de la obra que afirma, pensamiento moderno. El arte pregunta, la ciencia afirma.

Y ahora surge otra pregunta: ¿cómo evita la obra la narración, cómo evade lo ilustrativo, cómo elude contar una historia? Si para DeIeuze, Bacon logra rehuir lo narrativo por la forma como aísla la figura, estamos, en la obra de Jorge Gómez, no en un interior, sino en un espacio abierto exterior. Cuando la obra está al borde de iniciar una narración, cuando la anécdota acecha, aparece una sombra densa, una penumbra tajante que conserva la obra en el terreno de lo netamente pictórico. Es lo que Heidegger ha denominado “fenómeno”: “el anunciarse de algo que no se muestra, por medio de algo que se muestra”. Lo que no se muestra es lo que oculta la sombra, lo que se muestra es la sombra misma.

El realismo de la obra de Jorge Gómez, como ya se ha dicho, no es mimético. Como la obra no cree en la fidelidad a la realidad como verdad, entonces ahí aparece todo el despliegue de imaginación que el trabajo presenta y su deslizamiento a lo ficticio. Ante la pregunta de Gerhard Richter. “¿cómo puedo pintar hoy y, sobre todo, qué?”, el trabajo de Jorge Gómez responde con un realismo interpretativo, esto es, con un contenido expresionismo, un cubismo apenas rememorado y un tiempo interior que nunca puede exhibir la fotografía. Con relación a este último punto, la fotografía, la pintura que consi¬deramos, invierte los términos de la relación fotografía-pintura: no hay inspiración en la fotografía, parece, más bien, sugerencia para la fotografía misma.

El aspecto deconstructivo en la obra de Jorge Gómez es evidente. En los dibujos es más patente. La deconstrucción es una operación que se retira de los terrenos trillados y abonados por la tradición, para saltar de forma abrupta y discontinua a un solar brutalmente inhóspito. La pintura tiene esos atributos: multiplicidad laberíntica, mutación permanente y fluctuación constante. No hay sistema, ni totalidad cerrada, ni acopio puntual, en otro sentido, lo que existe es espacio asistemático, fragmentación abierta y desplazamiento heterogéneo. Lejos ya del sosiego familiar, la pintura reinventa su nueva travesía. Lo inmutable e inconmovible ceden ante la diseminación y la dispersión.

El espacio abandona ahora toda forma de efectismo y se erige con claridad meridiana: nada está puesto al azar, nada queda en el aire, Y hay algo que sorprende.

Una raíz, así es la naturaleza del artista.

Sus pinturas son matéricas, con una fuerza interior que se transmite al espectador.

Un ciclista que anda por ahí en esta pintura…

La ciudad es silenciosa en la obra de Jorge Gómez.

Una muestra colectiva que no podemos dejar de ver: Cultura Visual y Territorio - 1. Patricia Bravo en el Museo El Castillo

ORIGINAL: Letras Anónimas - Prácticas Artísticas Contemporáneas

Cultura visual y territorio. Ciudad - Paisaje - Naturaleza es la muestra que se abrió al público el jueves 13 de mayo en el museo El Castillo.

Mayo 24, 2010 11:09 am
La exposición colectiva “Cultura Visual y Territorio. Ciudad - Paisaje - Naturaleza” está en la Sala de Arte y el Salón de Los Torreones como preámbulo a la entrega de la primera etapa del proyecto de renovación de sus parques y jardines.

En la muestran participan los artistas:
  • Alejandro Castaño,
  • Aníbal Vallejo,
  • Fredy Alzate,
  • Fredy Serna,
  • Gloria Escobar,
  • Gloria Posada,
  • Jesús Abad,
  • John Jader Bedoya,
  • Jorge Gómez,
  • Juan Luis Mesa,
  • Luis Fernando Escobar,
  • Mauricio Gómez,
  • Nadir Figueroa,
  • Patricia Bravo
  • Yosman Botero.
Quiero destacar el trabajo de la artista Patricia Bravo. Así inicia un recorrido por la obra de este grupo que conforma la muestra y que no podemos dejar de ver.


Les comparto un comentario crítico de Gloria Posada sobre la obra de Patricia Bravo.

Cuerpos, Avatares y Signos
Por Gloria Posada. Artista y Escritora

En las últimas décadas, el arte en Medellín ha asumido plurales lenguajes donde la investigación y el estudio del contexto, han posibilitado gran diversidad de propuestas. Dentro de este amplio panorama el trabajo de Patricia Bravo (Medellín, 1966) evidencia un proceso coherente en el cual la presencia de lo urbano puede rastrearse desde 1990 en esculturas, acciones, huellas, graffiti, ensamblajes, bricolages, montajes digitales y fotografías.

En el trabajo realizado en distintas series que indican énfasis plurales en la búsqueda de la artista, se articulan conceptos en los cuales la vida en la ciudad atraviesa diferentes relaciones: El individuo como ser y cuerpo unívocos sin escisiones metafísicas. La mirada como nexo con el mundo y los otros. La indagación en el pasado o el presente donde se rastrean genealogías. La palabra como trama de unión con las imágenes que indican situaciones sociales complejas y disímiles. Los elementos tierra, agua y aire en atmósferas emocionales asociadas con pulsiones entre vida y muerte. La artista como presencia que vincula hechos biográficos o sociales, lazos entre familia y colectividad. Y como referente en todo ello, la ciudad, hábitat y construcción colectiva en el tiempo donde se enfrentan imaginarios, deseos y luchas por la sobre vivencia.

Una de sus primeras obras esta constituida por objetos seriales, creados con resmas de periódicos locales donde se imprimió la frase: Hechos en Medellín, en una época convulsionada por la guerra del narcotráfico que dejó huellas indelebles en la ciudad. Los objetos, distribuidos y entregados a diversas personas e incluso enviados por correo como vertiente del arte postal, indican un interés persistente en el entorno como resultado de acontecimientos, avatares y conflictos.

Un evento posterior que enfatiza estos señalamientos sobre lo urbano es Huella y memoria (1991), intervención a gran escala donde el cuerpo y su vestigio fueron materializados en heterogéneos lenguajes gráficos. Afiches, graffiti o estampaciones en brea, quedaron en muros, puentes y calles de distintas coordenadas geográficas de Medellín. Allí, el cuerpo de la artista como huella creó una marca territorial, un signo del habitar que surge de su identidad pero se vuelve anónimo, y en esa transformación adquirió pleno sentido la estrategia de la serialidad. Por ello, las figuras como síntesis de lo humano, sin un rostro o señales particulares, generaron múltiples interpretaciones dadas por la gestualidad, el contorno de la silueta y el agrupamiento, en uno de los momentos más álgidos de la violencia en la ciudad.

En otras obras Patricia Bravo enfatiza de manera directa en las problemáticas sociales del país: No se nada (1997), Lo que quedó (1997), En carne propia (1998), Mata que Dios perdona (1998), Esperando esos días azules que si van a volver (1999), En el viento hay alguien (2000), El que tiene el rifle dispara (2006). En ellas, imágenes, objetos y palabras se articulan para reconstruir hechos, dilucidar situaciones, evidenciar conflictos y dramas humanos de la guerra, frente a los cuales la artista se sitúa como testigo con su rostro, su cuerpo o su mirada que interactúa con el observador. Complementando esta relación los reflejos en Ser o no cero (1993), Tan lejos tan cerca (1996) y Entre noche y niebla (2000), posibilitan superposiciones de imágenes donde lo especular implica todas las acepciones de contemplar, reflexionar o pensar. Y en todo ello, no sólo se amplía la percepción, sino que se confronta el estar en el mundo desde la reciprocidad entre ver y ser visto.

En el enfoque asumido frente a la violencia, dos obras son particularmente representativas: Lo que quedó (1997) y Esperando esos días azules que si van a volver (1999). La primera, instrumentaliza la recolección desde un punto de vista casi arqueológico, pero no en el subsuelo sino en la superficie, en las ruinas que son memoria de casas y edificaciones destruidas por atentados terroristas. El trabajo realizado a lo largo de un año en diferentes sectores de Medellín, reunió fragmentos de plurales materialidades que laminadas formaron un gran bricolaje. La segunda, establece nexos entre cielo y tierra, entre contemplar y yacer, mientras el paisaje y el cuerpo son atravesados y unidos por el listado de muertes violentas en un año en la ciudad. El registro innumerable de nombres, edades, armas, lugares, días y horas de cada asesinato, confronta al espectador con una realidad sanguinaria y dolorosa que lo rebasa, que lo abruma.

Pero no sólo la mirada genera vínculos entre observador e imagen, la presencia de la corporalidad y la nominación de los sujetos, brindan una magnitud significativa en la reconstrucción de los hechos ante la comunidad, en tanto los asesinatos y las desapariciones forzadas en Colombia son tragedias donde la pérdida tiene dimensiones inconmensurables porque “…cada individuo posee un cuerpo irremplazable, mediador necesario en todas nuestras relaciones con el mundo, objeto y fuente de placer, o de dolor, e interlocutor activo y exigente de nuestra existencia” [1] Por lo tanto, mas allá de la muerte física se enfrenta la inexistencia social, el fin de una identidad.

Una de las últimas intervenciones de Patricia, es Estar en la Niebla (2007), retratos y testimonios de madres, esposas o hermanas que se superponen en paisajes nublados en transición de la noche al amanecer, donde la memoria es umbral entre vida y muerte, correlato de imágenes y textos sobre el sufrimiento, la incertidumbre y la indefinición existencial como vicisitud que no cesa. Ampliando este sentido afirma la artista: “la obra busca a partir de fotografías poner de manifiesto el sentimiento ambivalente en el que se encuentran los familiares de los desaparecidos, al no saber si sus seres queridos continúan con vida o si están muertos, y cómo la ausencia de un cuerpo, para amar o para llorar, dificulta el duelo…” Entonces, para las victimas la palabra es rememoración, desahogo del dolor causado por la pérdida.
En distintos momentos de la obra de Patricia Bravo lo fotográfico se constituye en fundamento, soporte técnico y conceptual, hecho social y asociación poética o desgarradora entre acontecimientos, escrituras y cuerpos. El interés extendido por este lenguaje en el arte contemporáneo, participa de un fenómeno masivo de proliferación y democratización de las imágenes en la sociedad occidental, donde la plástica marca una instancia diferencial en tanto más allá de referirse al documento como relato histórico, potencia la apertura de significaciones: “…la cuestión de representar la realidad deja paso a la construcción del sentido. La nueva categoría de imágenes técnicas ya no se contentan con referirse al mundo como modelo verificable, sino que se han convertido ellas mismas en verdaderos mundos.” [2]

En las artes plásticas lo fotográfico se ha consolidado en una expansión de relaciones con lo pictórico, y sus dimensiones iconográficas y simbólicas indican una posición, una mirada, un desciframiento del mundo. Por eso, el trabajo de Patricia Bravo tiene implicaciones de incidencia política donde se manifiesta “…una gramática y, aún mas importante, una ética de la visión.” [3]

[1] Juan Antonio Ramírez, Corpus Solus, Para un mapa del cuerpo en el arte contemporáneo, Ediciones Siruela, Madrid, 2003, pág. 13.
[2] Joan Fontcuberta, Ciencia y fricción. Fotografía, naturaleza, artificio. Editorial Mestizo A.C. Murcia, 1998, pág. 19, 20.
[3] Susan Sontang, Sobre la fotografía, Editorial Edhasa, Barcelona, 1981, pág. 13.