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sábado, 14 de agosto de 2010

Se busca donante de cenizas - Fernando Arias

ORIGINAL: La Silla Vacía - Olga Lucía Lozano G.

Por casi dos décadas, Fernando Arias ha reflexionado desde su propuesta artística sobre la condición humana, desde muchas perspectivas, y la realidad nacional. Ahora, y como punto final a una serie de trabajos que lo han llevado a reflexionar sobre el secuestro, la desaparición, la calidad de la información que ofrecen los medios masivos de comunicación, el poder y la vulnerabilidad de hombres y mujeres, Fernando Arias convoca a aquellos seres cuya vida se encuentra amenazada por cualquier circunstancia a ceder sus cenizas, una vez mueran, a lo que él mismo llama “una causa plástica”.

Las cenizas del donante serán empleadas para terminar una imagen que refleja de manera inversa la acción católica de “santiguarse” y que tiene como fin servir de base de reflexión al público. Vea en el video la entrevista con el artista sobre el tema, para conocer más a fondo los alcances de la obra y sus objetivos.

jueves, 29 de octubre de 2009

Miedo A La Opinión

ORIGINAL: [esferapublica]

Caricatura de Chócolo censurada

Con cartulinas y cinta pegante se tapó el texto de la caricatura (en gran formato) para que los asistentes no leyeran el mensaje, alusivo a los ‘falsos positivos’.

Sorpresa, decepción o inconformidad han sido algunas de las expresiones de los curadores y participantes del Salón Regional de Armenia (organizado por el Ministerio de Cultura), cuando se encontraron con la obra Falso positivo, del caricaturista Chócolo, tapada con cartulinas y cinta pegante.

La caricatura mural, que alude con humor crítico un hecho que ha acongojado e indignado al país, el de los falsos positivos del Ejército, fue censurada durante dos horas en las que se prestó el espacio de la antigua estación del tren de Armenia (donde se aloja el Salón Regional del Eje Cafetero) para un evento del Ministerio de Comunicaciones.

Sin embargo, de entrada el curador de la muestra, Fernando Arias, tomó distancia de lo sucedido: “Autorizamos realizar ese evento dentro del Salón, porque permitiría mayor afluencia de público, pero jamás dimos vía libre para que manipularan las obras y menos para que las censuraran”.

El Salón, que se realiza por primera vez en Armenia, parte de un concepto curatorial que desarrollan los artistas de la zona. MicroMacro, la curaduría de Fernando Arias y Jonathan Colin, es una apuesta que puso a hablar a artistas (en un sentido amplio, pues se invitaron caricaturistas, comunicadores, entre otros) de la realidad económica, social y política, partiendo de los aspectos microscópicos de la vida.

Invitamos a los participantes a hacer un taller con un bacteriólogo para conocer aspectos de la microbiología y desde ahí hacer una reflexión sobre los aspectos macro de la vida”, explica Arias. En este contexto nació una muestra que comprende obras muy cercanas a lo biológico y otras “menos literales y más macro”.

En el segundo grupo quedó incluida la caricatura de Chócolo (Harold Trujillo Torres) que juega con el episodio de los falsos positivos del Ejército y la actividad de los laboratorios bacteriológicos de clasificar el tipo de sangre.

Por su contenido político, fue precisamente este mural el que despertó la suspicacia de los organizadores del evento, que se realizó en el mismo espacio el pasado 22 de octubre para el Ministerio de Comunicaciones. Ese día, en la inauguración de “Conectando sentidos” —encuentro que busca apoyar a la población con discapacidad sordomuda, llevando equipos tecnológicos y procesos de formación—, los asistentes encontraron —no sin cierta sorpresa— que una de las obras se encontraba parcialmente tapada (ver foto de portada).

Para el equipo que maneja las obras y hace la producción del Salón Regional, fue una sorpresa encontrar cubierto con cartulinas y cinta los textos del mural, puesto que, según explicaron a El Espectador, sólo habían autorizado, en caso de ser necesario, cubrir el fondo de la tarima y sólo el personal que mueve las obras. Arias expresó “que aunque el Salón ha sido una gran cosa para la ciudad de Armenia, este gesto fue un acto de censura y una falta de respeto con el artista y con el Salón”.

En igual sentido se expresó el caricaturista de El Espectador Chócolo, cuyos trazos, muchas veces irónicos y críticos de hechos políticos, han aparecido en los principales diarios del país: “Para mí ha sido motivo de orgullo estar invitado al Salón Regional y ver cómo la caricatura es considerada arte. Pero me tiene muy decepcionado que alguien irrespete mi trabajo de esa manera”, explicó a El Espectador.

¿Quién tapó el cuadro?

Corpocultura, entidad que autorizó y propuso el espacio para realizar el evento del Ministerio de Comunicaciones, negó que ellos lo hubieran hecho: “No hubo censura, puesto que la obra ha estado exhibida ahí desde la apertura del Salón y aun ahora. No di la orden de tapar el mural y no lo hizo nadie de mi equipo”, afirmó el director Manuel Sabogal.

En realidad, la decisión vino de la empresa que contrata el Ministerio de Comunicaciones para organizar la logística del evento. Como lo reconocieron Andrés Beltrán e Íngrid Moreno, “fue decisión nuestra, como organizadores de evento, pues no queríamos que hubiera contenidos políticos en el espacio”. Ellos afirman que fueron autorizados por el encargado del Salón, John Fredy Quinceno, quien a su vez negó haber dado esa autorización.

Lo cierto es que una obra de arte en un recinto dispuesto para el arte no puede ser “censurada”. Por incómoda o políticamente incorrecta que parezca, es una manera de expresarse, protestar o afirmar algo. En pocas palabras, así lo define Vicente Todolí, director de la Tate Modern de Londres: “Un Salón es como un jardín botánico del arte y tiene un discurso, guste o no, que refleja lo que una comunidad tiene para decir”.

Sara Araujo

publicado por El Espectador

domingo, 27 de septiembre de 2009

La seducción de una subasta

ORIGINAL: El Espectador
Por: Angélica Gallón Salazar

Ana Sokoloff seleccionó con su agudo ojo y su criterio de experta las piezas que se rematarán en la velada Conexión Colombia 2009.

Ana Sokoloff. Foto: Diana Sánchez
Ana Sokoloff fue la encargada de seleccionar las obras que harán parte de la subasta Conexión Colombia.

Las dos más grandes casas de subastas del mundo, Christie’s y Sotheby’s, registraron con ánimo y sorpresa, el año pasado, una venta por encima de los 45 millones de dólares semestrales sólo en arte latinoamericano. Después de 20 años de presencia de obras y artistas de estas latitudes en las subastas que direccionan el mercado del arte mundial, la cifra da cuenta de un gran logro: las creaciones de latinos empiezan a estar, más que nunca, entre los gustos de coleccionistas y galerías de todo el mundo.

En esa inmensa marea de colores y lienzos, de millones de dólares y martillos que venden obras por precios récords como el alcanzado por El Trovador, de Rufino Tamayo (México), vendido por 7,2 millones de dólares, hay una mujercita liviana, una colombiana que, de estudiante de historia del arte en Nueva York, de recepcionista y preparadora de café —poco hábil— en las galerías, pasó a convertirse en una de las mayores expertas del arte latinoamericano y en una de las encargadas de colar lo mejor de las obras de Argentina, Perú, Brasil y Colombia en los gustos más refinados: Ana Sokoloff .

Su vida ha transcurrido desde hace dos décadas prioritariamente en la Gran Manzana, aunque durante meses vive más entre aviones y aeropuertos de tanto ir a Basilea, a Venecia, a Berlín, Miami y Buenos Aires en busca de nuevos talentos y cotizadas piezas en sus ferias de arte.

Por estos días, en su agite itinerario se ha colado Bogotá y Ana Sokoloff ha llegado a su tierra de siempre, la que no se le sale del corazón, para asesorar y seleccionar las obras del catálogo de la ‘Subasta Conexión Colombia: el arte por una causa’, que celebra su segunda versión este miércoles 30 de septiembre.

“Queríamos que el catálogo de 65 piezas de esta subasta fuera representativo de las artes en Colombia, pero que a la vez, tuviera obras de artistas que ya han muerto, de los consagrados, los emergentes —o de carrera media— y los muy jóvenes, y todo eso lo tenemos”, comenta la experta sin ocultar la emoción particular que le genera este proyecto en el que ha incluido
las instalaciones de
  • Nicolás París,
las obras de
  • Beatriz González,
  • Carlos Rojas,
  • Bernardo Salcedo,
  • Alberto Baraya,
los dibujos de
  • Mateo López,
entre otras obras remarcables del arte colombiano.

“Esta subasta tiene el potencial de convertirse en un referente del mercado del arte latinoamericano, porque aunque la mayoría de países de la región tienen sus propias subastas, esta es de las pocas con una intención más global, primero en agrupar artistas de toda Latinoamérica y, segundo, en enviar catálogos a compradores de todo el mundo”, añade Sokoloff, quien está convencida de que el arte es un lugar privilegiado para invertir y que es una alternativa para poner el dinero incluso y sobre todo en tiempos de crisis.

Fue justamente el afán de lograr un catálogo que se convirtiera en radiografía de las artes del continente, la razón por la que entre la selección de obras de Conexión Colombia se incluyen también piezas del venezolano Carlos Cruz-Díez, que con su obra cinética ofrece una de las piezas más costosas de la colección ($165 millones); también obras del cubano Julio Larraz y del polémico argentino León Ferrari. “Hell, from the series ideas for hell es una de las obras que quisiera resaltar, por su vanguardismo, asegura Sokoloff. Y es que a pesar de que León Ferrari nació en 1920, hace unos años se hizo una retrospectiva suya en Buenos Aires y levantó polvo y fue gravemente censurada, logrando que sus obras de 2008 fueran casi tan apetecidas y únicas como las de los setenta”.

Para construir este catálogo, Ana tuvo que indagar en la historia de cada obra, analizar en la singularidad de las piezas quién es el artista que la ha creado, cuál es la temática, la técnica, el año de creación, el color, el estado de conservación y cuál ha sido su procedencia desde que salió del estudio del artista —si pasó por galerías o por las manos de importantes coleccionistas—, para poder asignar así un precio estimado.

Aunque el valor del arte es en su gran mayoría subjetivo y se ve influenciado por valores materiales y circunstanciales, esta es una tarea en la que Ana se ha entrenado por años trabajando con Christie’s , en donde además de catalogar miles de obras, evalúa y avalúa piezas latinoamericanas que ella considera serían apetecibles en su mercado.

Para Conexión Colombia, escogimos a artistas que tienen mucho éxito a nivel internacional, como
  • Fernando Arias, que es uno de los colombianos mejor coleccionados en el exterior, y que junto a
  • Rósenberg Sandoval,
  • Nadín Ospina,
  • Doris Salcedo,
  • Juan Manuel Echavarría y
  • Óscar Muñoz,
están en la colección Daros”, explica Sokoloff, quien también resalta la importancia que entre las 65 piezas elegidas tiene el arte cinético: “Contamos con las obras de
  • Carlos Cruz-Díez,
  • Antonio Asís,
  • Luis Tomasello,
  • Martha Boto,
que estuvieron trabajando al mismo tiempo que
  • Negret,
  • Feliza Bursztyn,
  • Fanny Sanín,
  • Carlos Rojas,
  • Ramírez Villamizar
y que estaban buscando y trabajando en una época coetánea y tenían intereses compartidos”.

Cada una de las piezas del catálogo da cuenta de lo mejor y más cotizado del arte, pero también hablan de la exquisitez, rigor y conocimiento de Ana Sokoloff, quien gracias a una indecible memoria visual y años y años de amar el arte, se convierte en el mejor tamiz para que el arte latinoamericano y los negocios hablen el mismo idioma.