martes, 19 de enero de 2010
¿Adónde va hoy el Arte?
Predicciones
- En medio del clima electoral en que se encuentra el país, un artista destacado elabora una campaña exitosísima para un candidato adepto al mandato actual. Candidato y artista aparecen abrazados en algunas fotografías de prensa.
- Otro artista –esporádico compañero de juerga del artista antes mencionado- decide trabajar en la campaña de un candidato contrario al régimen actual. Mientras el político pierde estrepitosamente, el artista se impone gracias al respeto que tiene en nuestra tierra la fusión arte-publicidad. Comienza a diseñar libros para instituciones de todo calibre.
- Otro artista –de la misma generación que el artista antes mencionado, pero abstemio-, se empecinará en apoyar la carrera de algunos artistas jóvenes denunciándolos penalmente. El motivo de su disgusto se basa en el hecho de que muchos de estos artistas se han acercado a su obra para homenajearla (apropiándosela) o atacarla (apropiándosela). Los denunciados pierden el caso y su fama se dispara.
lunes, 18 de enero de 2010
El Año Que Se Nos Viene

Luego de un receso de fin de año y para dar inicio a sus actividades en el 2010, esferapública ha invitado a Catalina Vaughan a ejercer la antiquísima ciencia de la predicción.
A mediados del mes de enero se da a conocer el nombre del artista ganador del Premio Luis Caballero. Aunque para esta ocasión el Premio no tuvo el nivel de las versiones pasadas, nadie se sorprende por el veredicto del jurado (al ganador le salen un par de contradictores que cuestionan el carácter inédito de algunas de sus obras).
Para el mes de febrero se anuncia la visita del curador de la Tate Modern. Los anfitriones de rigor para este tipo de visitas elaboran una lista de seis artistas, lo que genera airadas protestas del Campo del Arte. Para compensar la situación el Ministerio de Relaciones Exteriores organiza una exposición curada por el ex embajador Carlos Medellín con el sugestivo nombre de “Arte Colombiano para el nuevo milenio” a realizarse en la Embajada de Colombia ante la Unión Europea.
En el mes de abril sigue sin concretarse en qué consiste el Salón Nacional a celebrarse en Cartagena a finales de año. Varios curadores de los Salones Regionales intercambian correos privados pero ninguno hace público su malestar ante esta evidente falta de planeación (se filtra que el Comité Curatorial invitará a reconocidos artistas del mainstream internacional para que sus obras dialoguen con las locales)
En el mes de junio empieza a funcionar el Instituto Distrital de las Artes. Su director, Víctor Manuel Rodriguez, concentra todos sus esfuerzos en la elaboración de un diagnóstico para definir si en Bogotá hay un Campo del Arte y, si es el caso, implementar el diseño de unas políticas que fortalezcan la generación y consolidación del Campo del Arte (las protestas del Campo del Arte hacen que el director regrese a la vida académica)
Ante la inminencia de las celebraciones del Bicentenario y las dificultades para encontrar una sede, el Instituto de las Artes abre sus oficinas en la terminal de El Dorado, cuya demolición fue suspendida debido a nuevas inconsistencias jurídicas. Ante las protestas del Campo del Arte por semejante decisión, la Secretaría de Cultura pone a disposición de los artistas, gestores y curadores 2 busetas que realizarán dos viajes diarios entre la Plaza de Bolívar y la sede del Instituto (una célebre institución distrital abre la convocatoria “Busetas de la Independencia” para que los artistas interesados en la cultura urbana desarrollen actividades en dichos vehículos durante el largo trayecto entre la Plaza de Bolivar y El Dorado)
En el mes de septiembre Tania Bruguera viene a Bogotá a presentar un performance invitada por una conocida universidad privada de la ciudad. Antes del performance afirma que todo lo que suceda es “parte de su obra”. Para el Performance invita a tres representantes del conflicto en el Campo del Arte a disertar sobre el “El escándalo como táctica publicitaria”. Mientras ellos cuentan sus historias, dos asistentes de la cubana reparten éxtasis entre los ponentes y los asistentes, lo que neutraliza por completo los antagonismos, enfrentamientos y querellas. Esfera Pública se llena en pocos minutos de llamados que invitan a la reconciliación, el perdón por las ofensas y el fin de los enfrentamientos (en su número de octubre la revista Artforum publica el artículo “The final extasis” con fotografías del performance donde conocidísimos y acérrimos adversarios se abrazan efusivamente)
En el mes de octubre se abren las ferias de arte de Bogotá. Ante la baja afluencia de público los galeristas de ArtBo se dedican al cambalache de obras para sortear las dificultades. La Otra abre sus puertas en la sede de la galería con obras en pequeñísimo formato, lo que reduce radicalmente precios y gastos de funcionamiento. Vende absolutamente todo, paga todas las deudas y remodela sus sede (Estefanía Sokoloff escribe en su artículo “La Otra se ilumina” que nada mejor que el concepto de la “micro-feria” para “incentivar el micro-coleccionismo en un país como el nuestro”)
En el mes de noviembre se abre en Cartagena el Salón Nacional. A pesar de que el Comité Curatorial del Salón logra un montaje donde las obras de los artistas colombianos logran (por fin!) dialogar con la de los invitados internacionales, algunos artistas, curadores y ex curadores protestan airadamente pues las obras de invitados como Damien Hirst (la del tiburón) y Gabriel Orozco (el esqueleto de una ballena) capturan absolutamente la atención del público y los medios de comunicación.
En el mes de diciembre el Ministerio de Cultura, en convenio con la Fuerza Aérea Colombiana, organiza tres viajes en aviones Hércules para visitar el Salón Nacional en la Ciudad Heroica. Los cupos se agotan rápidamente, lo que genera airadas protestas del Campo del Arte. Finalmente, el Ministerio logra concertar dos vuelos más y el Campo del Arte deja de protestar (“Artistas e intelectuales se toman Cartagena” y “Cartagena bohemia” son los titulares las páginas sociales de Semana y El Tiempo).
Catalina Vaughan
lunes, 14 de diciembre de 2009
"Paisaje Desmembrado" de Nelson Vergara
Dentro de esta última postura podemos encontrar el trabajo de Nelson Vergara quien con su más reciente obra “Paisaje desmembrado”, nominada al V Premio Luis Caballero, logra reflexionar plásticamente sobre la frágil relación que se establece entre el ser humano y la naturaleza. En conversaciones con el artista, él manifiesta tener dos referentes importantes en su obra: la pintura de Caspar David Friedrich, pintor romántico quien en una búsqueda de cierta espiritualidad muestra al ser humano en una especie de soledad e intimidad, donde se realiza un diálogo perfecto con y en la naturaleza. En la obra de Vergara encontramos vestigios de la famosa pintura titulada “Viajero frente al mar de niebla” (1818), donde vemos a un personaje de espaldas en la cima de una montaña, contemplando el horizonte: “La obra de Caspar Friedrich –dice Vergara-, logra introducirnos en la mirada de quien mira”. Con esta confesión uno entiende buena parte del dispositivo plástico que despliega el artista en su obra: la insistencia en la mirada de quien mira. Mirada mediática que logra configurar un paisaje aún desmembrado. Pero este desmembramiento alude no solamente a un lugar fragmentado, sino también a un cuerpo, pues en efecto el cuerpo es quien posee miembros. Así, la obra de Nelson Vergara, “no es un trabajo sobre la imagen [del paisaje sino, sobre el cuerpo y con el cuerpo [del paisaje” nos dice el artista. Ahí radica la fuerza conceptual de esta obra que logra materializarse con el lenguaje de nuestra época: monitores de televisión, computadores, video-beams, bombillos, alambres, cables, pantallas, telas, etc. Un cuerpo que recorre el paisaje, y da cuenta de ese viaje a través de la naturaleza. A propósito de esto Alejandro Burgos Bernal dice lo siguiente en el catálogo que acompaña la exposición:
“… y este podría ser el significado último de la obra de Nelson Vergara- ese cuerpo que recorre el paisaje –contingencia que asume sobre sí misma su propia espacialidad, su propia temporalidad-, ese cuerpo que en el paisaje experimenta su materialidad, ese cuerpo que a diferencia de Hölderlin no enloquece de orfandad- y sin embargo enfrenta el abismo-, ese cuerpo ocasiona su intervalo…”
El segundo referente importante es la película “Aguirre, la ira de Dios” (1972) de Werner Herzog, donde vemos la aventura del conquistador español Lope de Aguirre, por encontrar con el mítico El Dorado. Aventura que sumerge al conquistador a la demencia total: la imagen a la que alude Nelson Vergara y que todos sin duda recordamos es la siguiente: hacia el final de la película, vemos al conquistador, erguido sobre sus dos piernas, débil, pero fuerte al mismo tiempo por estar preso de la locura. Sus hombres bajo su mando han muerto por diferentes razones, su frágil embarcación que remonta río arriba en la selva, está ahora invadida de unos micos, nuevos navegantes de esa “stultífera navis” o nave de los locos. Ese personaje acorazado, sinónimo de la soberbia humana, quien sueña con dominar a la naturaleza, le interesa mucho al artista para poder reflexionar sobre la naturaleza.
Dicho esto es importante realizar un recorrido por la obra que ocupa toda la galería Santafé y así entender mejor su obra. El espacio, al que ingresamos tras atravesar una cortina negra, está en completa penumbra. Las paredes están pintadas de negro, giramos a nuestra izquierda y nos encontramos con una imagen que ocupa toda la pared: una mujer, vestida de negro, parece flotar sobre el agua: sus pies ligeramente sumergidos en un río o lago, la sostienen para que la leve corriente no la lleve. El viento sopla a su espalda generando un movimiento armónico entre sus prendas, su cabello y el agua. Indudablemente el artista insiste sobre la relación entre la feminidad y el agua como generadoras de vida. Mito legendario de todas las culturas que no nos sorprende hoy por su evidencia, sino más bien por su anacronismo, que lejos de ser peyorativo este término, es fundamental para entender que hoy el agua es más que nunca una necesidad y sin duda es el elemento por el cual, se re configurará la nueva geopolítica dentro de los próximos años.
Nos adentramos en la sala y nos encontramos con una proyección en la pared de un registro del recorrido sobre el río Magdalena, principal río de Colombia. El artista durante el recorrido que dura varias horas, filma con la ayuda de una cámara submarina el movimiento interno del agua, violentada por el paso de la embarcación a motor. Cerca a esta proyección, en un pequeño monitor de vídeo, se proyecta el mismo recorrido, filmado simultáneamente pero en exteriores. Con este dispositivo, el artista insiste sobre lo que parece ser idílico y placentero, y algo que es en sí mismo violento, como lo que no se ve: la contaminación del afluente más grande de nuestro país.
Luego nos encontramos con dos pantallas ligeramente onduladas, que reproducen dos proyecciones que condesan varias horas de filmación de un recorrido. El paisaje esta vez se reduce a una serie de líneas, que se comprimen como se comprime el tiempo. Solamente el espectador puede observar algo del paisaje, cuando su presencia es monitoreada por una cámara de un computador que provisto de un programa especial, registra la imagen del este y simultáneamente el paisaje en las pantallas se abre. El espectador, o en este caso activador deja la zona de registro, para que la imagen del paisaje vuelva a comprimirse. Así el cuerpo del activador interviene directamente en el paisaje, tal y como lo hace una y otra vez el artista, insistiendo en el papel del ser humano que irrumpe en la naturaleza transformándola.
Durante el recorrido, en una de las paredes, encontramos una proyección compuesta por varios fragmentos donde vemos como se avanza en un espeso follaje. Ese avanzar es registrado por una mirada múltiple y simultánea, producto de la incursión de un cuerpo que podría ser el nuestro. Es como si tuviéramos varios ojos y registráramos fragmentariamente lo que vemos a nuestro paso.
En varios lugares de la sala nos encontramos con varios televisores colgados del techo, cuyas pantallas casi tocan el suelo. Estos reproducen una imagen que se refleja en un espejo con las mismas dimensiones que las pantallas. La imagen es imposible verla, solamente vemos un haz luminoso: “se trata de imágenes, de zonas de conflicto armado” dice el artista. Un elemento tan cotidiano como el televisor, donde se hace visible constantemente lo que sucede en nuestro país por los medios de comunicación, esta vez nos oculta algo que es en verdad fundamental: las zonas de conflicto. Crítica sutil e inteligente al papel que juegan los medios de comunicación en un país como el nuestro.
Otra pantalla de televisión -esta vez sí podemos ver algo en ella-, proyecta la imagen turbulenta del agua. La imagen no es muy clara, y como insistiendo en esta evidencia, una bombillo que cuelga del techo y casi toca el suelo, ilumina sin fuerza un dibujo realizado con cable eléctrico. Este fragmento es algo hermético, pero me recuerda a un trabajo de Nam June Paik, donde un Buda miraba un monitor de televisión vacío, donde el televisor es en realidad una caja y donde en vez de imagen hay una vela encendida. El dispositivo empleado por Nelson Vergara es otro, claro está, pero este alude a un cierto acto meditativo al igual que Paik: ¿qué es lo que esa luz que ya no ilumina puede hacer visible?
Para finalizar nos encontramos en la pared opuesta a la primera imagen: con un paisaje del Páramo. En un primerísimo plano, vemos los frailejones que se confunden con nuestra sombra. Esto parece una pintura y tal sensación se acentúa cuando tocamos la imagen o más bien su soporte: una tela, de cierta textura espesa y densa, nos hace pensar en los frailejones. Y para nuestra sorpresa, los frailejones se mueven: no es una pintura, pese a la aparente inmovilidad de la imagen, pues, algunas hojas se mueven cuando un individuo (el propio artista) atraviesa el paisaje, de vez en cuando. Este fragmento- insiste el artista-, muestra como aquél hombre “acorazado”, que recorre ese lugar casi sagrado, origen de ríos y lagunas en nuestra geografía montañosa, se asemeja a Aguirre. Esta imagen se opone literalmente a la de la mujer en el agua, aunque las dos están creadas con la misma opacidad y luminosidad.
En paisaje desmembrado, Nelson Vergara logra que el espectador entre en contacto con la naturaleza, no en el sentido en que lo mostró anteriormente
Rosario López, también de manera magistral, sino en una inmersión profunda, casi meditativa, donde se puede oír al mismo tiempo que observamos y hacemos el recorrido, el sonido del agua, del viento y de ciertos insectos y aves. Una de las mejores obras hasta ahora presentada en el V Premio Luis Caballero, tanto por su factura como por su coherencia conceptual. Esta obra aún se puede observar en la Galería SantaFe del Planetario Distrital.
lunes, 7 de diciembre de 2009
Balance Del V Premio Luis Caballero

Expulsión del Paraíso, de Mario Opazo, fue la tercera obra que el público tuvo la oportunidad de apreciar. Era una puesta artística que incluía video y performance, recreando conceptos relacionados con la idea de desplazamiento; la obra fue descrita por Zalamea como una serie de «instalaciones que contaban con una presencia física y emocional en el espacio, en donde Opazo logró remover las capas del tiempo de manera profunda y sorpresiva».
Posteriormente se presentó Somos estrellas, de Fernando Pertuz; una obra que reunía gran cantidad de imágenes y reflexiones relacionadas con distintos eventos de orden político en la ciudad y en el país; para Zalamea esta obra «trabaja con la vida de la gente y los convierte en protagonistas».
360º, de Rosario López, fue la quinta obra expuesta; compila una serie de imágenes y texturas inspiradas en el salar de Uyuni, en la región del Potosí, Bolivia, e intenta establecer una relación directa entre el paisaje boliviano y la dimensión de horizonte. Para Zalamea, en la obra de Rosario «el paisaje está siempre presente e impregna sus puestas en escena de una particular visión de la escultura contemporánea».
jueves, 26 de noviembre de 2009
Salones Regionales de Artistas Exhiben la crisis socioeconómica y ética
domingo, 22 de noviembre de 2009
Modelos De Trabajo: El Artista Como Gestor, Curador Y Crítico
de La Baulera de Tucumán
en el montaje de su obra
martes, 10 de noviembre de 2009
¡Qué importa quién está hablando!

jueves, 29 de octubre de 2009
Miedo A La Opinión
La caricatura mural, que alude con humor crítico un hecho que ha acongojado e indignado al país, el de los falsos positivos del Ejército, fue censurada durante dos horas en las que se prestó el espacio de la antigua estación del tren de Armenia (donde se aloja el Salón Regional del Eje Cafetero) para un evento del Ministerio de Comunicaciones.
Sin embargo, de entrada el curador de la muestra, Fernando Arias, tomó distancia de lo sucedido: “Autorizamos realizar ese evento dentro del Salón, porque permitiría mayor afluencia de público, pero jamás dimos vía libre para que manipularan las obras y menos para que las censuraran”.
El Salón, que se realiza por primera vez en Armenia, parte de un concepto curatorial que desarrollan los artistas de la zona. MicroMacro, la curaduría de Fernando Arias y Jonathan Colin, es una apuesta que puso a hablar a artistas (en un sentido amplio, pues se invitaron caricaturistas, comunicadores, entre otros) de la realidad económica, social y política, partiendo de los aspectos microscópicos de la vida.
“Invitamos a los participantes a hacer un taller con un bacteriólogo para conocer aspectos de la microbiología y desde ahí hacer una reflexión sobre los aspectos macro de la vida”, explica Arias. En este contexto nació una muestra que comprende obras muy cercanas a lo biológico y otras “menos literales y más macro”.
En el segundo grupo quedó incluida la caricatura de Chócolo (Harold Trujillo Torres) que juega con el episodio de los falsos positivos del Ejército y la actividad de los laboratorios bacteriológicos de clasificar el tipo de sangre.
Por su contenido político, fue precisamente este mural el que despertó la suspicacia de los organizadores del evento, que se realizó en el mismo espacio el pasado 22 de octubre para el Ministerio de Comunicaciones. Ese día, en la inauguración de “Conectando sentidos” —encuentro que busca apoyar a la población con discapacidad sordomuda, llevando equipos tecnológicos y procesos de formación—, los asistentes encontraron —no sin cierta sorpresa— que una de las obras se encontraba parcialmente tapada (ver foto de portada).
Para el equipo que maneja las obras y hace la producción del Salón Regional, fue una sorpresa encontrar cubierto con cartulinas y cinta los textos del mural, puesto que, según explicaron a El Espectador, sólo habían autorizado, en caso de ser necesario, cubrir el fondo de la tarima y sólo el personal que mueve las obras. Arias expresó “que aunque el Salón ha sido una gran cosa para la ciudad de Armenia, este gesto fue un acto de censura y una falta de respeto con el artista y con el Salón”.
En igual sentido se expresó el caricaturista de El Espectador Chócolo, cuyos trazos, muchas veces irónicos y críticos de hechos políticos, han aparecido en los principales diarios del país: “Para mí ha sido motivo de orgullo estar invitado al Salón Regional y ver cómo la caricatura es considerada arte. Pero me tiene muy decepcionado que alguien irrespete mi trabajo de esa manera”, explicó a El Espectador.
¿Quién tapó el cuadro?
Corpocultura, entidad que autorizó y propuso el espacio para realizar el evento del Ministerio de Comunicaciones, negó que ellos lo hubieran hecho: “No hubo censura, puesto que la obra ha estado exhibida ahí desde la apertura del Salón y aun ahora. No di la orden de tapar el mural y no lo hizo nadie de mi equipo”, afirmó el director Manuel Sabogal.
En realidad, la decisión vino de la empresa que contrata el Ministerio de Comunicaciones para organizar la logística del evento. Como lo reconocieron Andrés Beltrán e Íngrid Moreno, “fue decisión nuestra, como organizadores de evento, pues no queríamos que hubiera contenidos políticos en el espacio”. Ellos afirman que fueron autorizados por el encargado del Salón, John Fredy Quinceno, quien a su vez negó haber dado esa autorización.
Lo cierto es que una obra de arte en un recinto dispuesto para el arte no puede ser “censurada”. Por incómoda o políticamente incorrecta que parezca, es una manera de expresarse, protestar o afirmar algo. En pocas palabras, así lo define Vicente Todolí, director de la Tate Modern de Londres: “Un Salón es como un jardín botánico del arte y tiene un discurso, guste o no, que refleja lo que una comunidad tiene para decir”.









