lunes, 17 de agosto de 2009

El efecto Duchamp: La implosión en el arte (Entrevista a Graciela Speranza)

ORIGINAL: LecturaAnónimas (El Colombiano)

Ampliación del campo de batalla

Por Mauro Libertella

Es como un artefacto del mismo Duchamp. El último libro de Graciela Speranza, Fuera de campo (Literatura y arte argentinos después de Duchamp), puede interpretarse desde muchos y variados ángulos, como si estuviéramos frente a la maqueta en miniatura de los callejones más conceptuales del arte del siglo XX. ¿Suena ambicioso? Sí. Pero el ensayo está tramado como un laberinto de relatos críticos, lecturas, historias e imágenes que liberan al conjunto de una solemnidad en la que fácilmente podría haber caído. Esa especie de summa duchampiana, cruzada algo vertiginosamente con un sólido canon de la literatura argentina, arma un libro-ensayo-instalación tan curioso como coherente consigo mismo. Hay algo en la propuesta, en esa idea de bocetar los legados más fuertes de Duchamp en el pulmón del arte contemporáneo y ver cómo funcionan en cinco escritores y un artista argentinos (de Borges a Kuitca), que permite una proyección al infinito.

Una vez enunciado este “efecto Duchamp”, toda la literatura que vendrá podría pensarse, si se quiere, según su resistencia o su docilidad para ser leída bajo esta lente. Y es también una proyección hacia atrás, un modo de revisar las lecturas ya estancadas de ciertos libros y conferirles una nueva mirada que haga temblar un poco el lugar en donde estaban cómodamente adormecidas.

Fuera de campo no es estrictamente un libro de crítica literaria. Tampoco es un tratado de arte, ni una biografía crítica de Duchamp. Es, arriesguemos, una lente argumentativa, un espejo deformante en el que un puñado de escritores se miran para verse ahora flotando en la corriente de múltiples bifurcaciones que el arroyo de Duchamp instaló en el océano del siglo XX. Desde esta lente, los contornos de la tradición local son más nítidos, pero también más desarmables. Vista en perspectiva internacional, y puesta a jugar con otras artes y discursos, la literatura argentina encuentra una nueva especificidad, algo propio, pero también, y al mismo tiempo, se posiciona con toda naturalidad entre los pliegues del arte europeo del siglo pasado.

Este punto de tensión entre lo local y lo global ha sido acaso una de las búsquedas críticas de Graciela Speranza a lo largo de su obra. Si tomamos Primera persona, sus conversaciones con narradores argentinos, y Razones Intensas, aquel volumen para el que entrevistó a grandes nombres internacionales como Susan Sontag o Harold Bloom, hay un rumor que es el mismo. También ha buscado, podemos decir, y este último libro sería en ese sentido una culminación, abrir el discurso de la crítica literaria a otros campos, hacer un fuera de campo en la intervención crítica. Recordemos por ejemplo el modo de poner la obra de Manuel Puig en relación con las artes plásticas –pop, neovanguardias– o, ahora, los lazos estéticos entre Borges y el cine. En 2003 publicó Oficios ingleses, una novela en donde se resume un poco esa mezcla de mundos en combustión. Speranza también ha sido guionista de cine y enseña literatura argentina en la carrera de letras de la UBA, además de codirigir la revista Otra Parte.

EL EFECTO DUCHAMP: LA IMPLOSION EN EL ARTE

En Fuera de campo hablás de lo que podríamos llamar un efecto Duchamp en el arte contemporáneo. ¿Qué rasgos estéticos caracterizan ese efecto?
  • El legado de Duchamp en el arte contemporáneo es enorme. Sólo ahora, mirada en perspectiva, su obra aparece como fuente de unidad estética por detrás de prácticas aparentemente muy diversas, como el pop art, el happening, el arte conceptual, el arte de instalación, de posproducción. No es fácil caracterizar ese efecto pero creo que hay tres improntas estéticas que su obra promueve y potencia claramente. La primera, quizá la más sorprendente por la sintonía con Walter Benjamin, es la centralidad de la reproducción, la copia, los desvíos. Duchamp y Benjamin se encontraron una sola vez por azar en un café de París en 1937, pero Benjamin quedó deslumbrado con una copia reducida del Desnudo bajando la escalera que le mostró Duchamp, una escena que resume bien algo que está en el aire de los tiempos, el impacto de los nuevos medios de reproducción en el arte del siglo. En segundo lugar, los movimientos claros de las artes hacia fuera de sus campos y sus medios específicos. Ya no hay límites precisos entre las artes, ya no hay artes puras sino un “arte en general”, y los artistas encuentran en el fuera de campo una energía estética renovadora. Y por último, una preminencia de la idea, un giro conceptual.
Un giro conceptual, ¿es algo nuevo?
  • Siempre hubo pensamiento en el arte, por supuesto, pero a partir de Duchamp y su batalla contra el “arte retiniano”, el arte de la pura visualidad, la preeminencia de la idea es clarísima, al punto de reducir el arte a un enunciado, una definición. El “Esto es bello” como criterio de definición estética se reemplaza por un “Esto es arte”. En el libro sigo el rastro de estas tres transformaciones, evidentes también en la literatura y en el arte argentinos.
Cruzaste a Duchamp, artista central, con una serie de escritores centrales pero de una tradición periférica.
  • A simple vista esa parece la operación más arbitraria. Pero quizá la arbitrariedad mayor es partir de esa visita de Duchamp a Buenos Aires en 1918, cuando yo misma me encargo de demostrar que es poco lo que Duchamp ha dejado a su paso, y es más bien el vacío como en todo su arte lo que resulta estimulante para la especulación crítica. ¿Qué se ve a través de la lente duchampiana que todavía no hemos podido mirar? En algunos casos se trata de reponer diálogos reales con Duchamp, como en Cortázar o Aira. En otros, como en Macedonio, Borges, o Puig, sin esa causalidad eficiente, se puede pensar la interacción entre pensamiento, visión y palabra que también aparece en la literatura y el arte argentinos. Borges y Duchamp, por ejemplo, nunca se conocieron y nunca se mencionan entre sí pero la coincidencia de algunas preocupaciones estéticas, quizás mediadas por Paul Valéry, es indudable.
¿Y qué deja ver esa óptica en la literatura argentina como tradición?
  • Quizás lo más evidente es la cualidad paradójicamente excéntrica de nuestra tradición central, de ahí su sintonía e incluso su anticipación a muchos hallazgos de las vanguardias centrales. Es curioso, pero nuestra literatura moderna no tiene en su canon muchos escritores fácilmente asimilables a eso que en la literatura inglesa o norteamericana se llama el main stream.
Y este recorte, que piensa el efecto de Duchamp en un puñado de escritores de una tradición más bien rara ¿cómo se empapa de los debates más fuertes del siglo XX?
  • Probablemente el entusiasmo de este recorrido deriva de que Duchamp lleva a repensar algunos de los debates estéticos más importantes del siglo XX, a partir de sus encuentros y desencuentros con las vanguardias históricas, su marca en las vanguardias más recientes y, por extensión, en las vanguardias argentinas. Por ejemplo, ¿en qué medida es posible pensar a Duchamp como surrealista? ¿Cuánto se aparta del surrealismo? Estas precisiones son muy oportunas para reconsiderar las relaciones y diferencias de Cortázar con el surrealismo y con Duchamp. Luego, también, una línea que lleva a Guy Debord, el situacionismo y a Godard, en la que el marxismo transforma la dialéctica de la copia y el desvío duchampiano en práctica estética política, muy estimulante para pensar el uso de la cita, el plagio, el apócrifo en Ricardo Piglia. Pero también está la herencia de androginia, transformismo y libertad sexual de Duchamp en el arte pop, sobre todo en Andy Warhol, que se traduce en nuevas formas estéticas y anima la contracultura de los sesenta, que sin duda alcanza a Puig.

No parece nada casual que esas discusiones del siglo XX se estén tocando con Duchamp.
  • El artista norteamericano Donald Judd dijo alguna vez que Duchamp “inventó el fuego”, en la medida que “encontró” el primer “objeto encontrado” del arte, el ready-made. Y efectivamente, con el ready-made Duchamp cambió el rumbo del arte moderno respondiendo una pregunta muy sencilla: ¿es posible hacer obras de arte que no sean obras de arte? Las consecuencias de ese descubrimiento estético son enormes. Duchamp, un modelo de desprejuicio y libertad, el más inigualable quizás, el más genial, cambió totalmente las reglas del juego del arte.
UNA LITERATURA EXCENTRICA

Pasemos a los escritores que trabajás. Cuando leés a Borges trazás algunas relaciones narrativas con el cine ¿de qué se tratan?
  • Borges tomó del cine, sobre todo, ideas estéticas. En principio, un modelo de la traducción desviada que está en muchas de sus ficciones y es el tema de Pierre Menard. Mediante el western, por ejemplo, dice Borges, el cine consigue volver a la épica, un género que la literatura ya había abandonado. El cine puede entonces recuperar y desviar la tradición, traduciendo una obra literaria a otro tiempo, otro espacio, otro lenguaje. Y eso es lo que él hace con los relatos “desviados” de Historia Universal de la Infamia, algunos tomados incluso del cine. La secuencia del saloon en la historia de Billy the Kid es probablemente la mejor traducción del cine a la literatura que se haya escrito y al mismo tiempo es extraordinariamente literaria. Pero creo que la verdadera iluminación de Borges como espectador de cine es el descubrimiento del carácter superficial del cine, que asimila al funcionamiento igualmente superficial del lenguaje y la representación. El arte es puro simulacro, imagen que gira en una superficie plana, un argumento muy eficaz para su batalla contra el realismo y el arte de lo profundo.
¿Y cómo te enfrentaste a esa imposibilidad que parece tener la crítica para leer a Aira por fuera de la dicotomía amor-odio?
  • Ese era el gran desafío: cómo salir de esa dialéctica falsa de culto obsecuente o desprecio que dominó durante años las lecturas de Aira. Quería poder nombrar esa fuerza operativa tan inclasificable de su literatura y una vez más la clave de la lectura fue caracterizar una operación conceptual, difícil de describir con las herramientas críticas convencionales. El propio Aira ha insistido en la noción del continuo y en la imposibilidad de leer la novedad de la empresa en una sola novela. Pero la operación, la centralidad del procedimiento en el conjunto, se ve con más claridad a la luz de Duchamp, y vía Duchamp se recupera el diálogo evidente con Raymond Russell. Bajo la superficie del continuo de novelitas de Aira, como bajo la superficie de la literatura de Russell, no hay nada. Muy oportunamente, además, a través de algunas lecturas críticas de arte contemporáneo, llegué a la idea batailleana de “lo informe” que me ayudó a caracterizar una literatura que quiere ir contra el proyecto, la forma perfecta, la corrección, la verticalidad del sentido, del valor.
En el libro oponés ese continuo de Aira con la forma perfectamente cerrada, hipercorregida de Borges.
  • Efectivamente. Frente al orden borgeano, el desorden de lo informe en Aira. Frente a la intriga bien tramada, la improvisación. Frente a la hipercorrección, la huida hacia delante, el azar, lo heterogéneo. Pero si el libro finalmente los reúne es porque sin duda la preeminencia de la idea es central en las dos literaturas. Eso sí, con consecuencias muy dispares. El modelo borgeano aspira a la perfección del proyecto, del estilo propio, de la obra única y total. El modelo de Aira, en cambio, es un gran antídoto contra la tiranía del proyecto, las constricciones compositivas, el fetiche del estilo. El acento está puesto en el avance. Aira inventó una fórmula muy envidiable de hacer literatura que permite sentarse a escribir todos los días, dejándose llevar, movido por la imaginación, la potencia de la improvisación, sin pensar en las consecuencias. Hay algo de felicidad infantil reconquistada, ¿no?
¿Y quién te quedaba afuera del recorte?
  • Muy notoriamente Saer, por ejemplo, que más que buscar en el fuera de campo, defiende orgullosamente la especificidad poética de la literatura, contra la contaminación con otros lenguajes. En esa batalla, claro, nos dejó una gran literatura y una prosa incomparable. Su cualidad poética se ve muy claramente desde esta perspectiva.
Bueno, esta perspectiva pareció dejar de lado los cuentos de Cortázar para volver a leer desde otro lado a Rayuela, una novela que las nuevas generaciones no tienen en alta estima.
  • Sí, la reevaluación de la herencia cortazariana, no a partir de los cuentos con los que se suele salvarlo sino a partir de Rayuela, periódicamente denostada, es totalmente deliberada. Era una especie de cuenta pendiente. Releyendo la novela, queda claro que el artefacto Rayuela, muy duchampiano, abrió infinitamente los límites del género. Lo admitan o no sus herederos, transformó la novela en una forma flexible, lábil, abierta a infinidad de materiales y combinaciones. Hay que pensar qué era la novela argentina y latinoamericana antes de Rayuela. Imposible imaginar la narrativa de Puig a Alan Pauls, de Aira a Bolaño o Mario Bellatin, sin la vía abierta por Cortázar.
¿Y las nuevas generaciones?
  • Es evidente que en la literatura argentina abundan los experimentadores y también ahora hay intentos muy estimulantes de nuevas mezclas, nuevos dispositivos, nuevos cruces de lenguajes. Claro que no se llega a una redefinición radical de la literatura como la de Puig o Aira todos los días. Por el momento veo hallazgos puntuales: la mediación de la telenovela en el realismo de superficie de Rabia, la novela de Sergio Bizzio, por ejemplo, o la galería muy variada de modelos cinematográficos alternativos que le dan forma y ritmo al nuevo realismo de Martín Rejtman, para hablar de dos libros más o menos recientes de escritores no tan nuevos. Se escribe mucho y muy variado y eso es un muy buen síntoma. Pero no hay que impacientarse. Para ver transformaciones de peso hace falta un poco de distancia.
Quizás haya algo de aquello que Harold Bloom llamó “la angustia de las influencias”. En el canon que armás se puede adivinar la pesada influencia de los grandes nombres sobre los jóvenes.
  • La marca de Aira, es cierto, como alguna vez sucedió con Borges, está en mucha literatura reciente y no es fácil descubrir apropiaciones creativas de su herencia. Lo mismo pasa con Puig. Probablemente, la naturaleza francamente conceptual de sus renovaciones los vuelve muy influyentes pero inimitables. Imposible imitar la rueda de bicicleta. Pero hay reapropiaciones muy creativas del ready-made. Habrá que esperar un poco.
¿Y qué dirías que le han dejado a la literatura argentina estos escritores?
  • El legado más evidente de Puig y de Aira es de libertad, de autorización. Y también quedaron en evidencia los convencionalismos de la literatura. Es una libertad que por supuesto puede ser muy benéfica pero también muy riesgosa para los incautos. En la “mala literatura” de Aira y en los experimentos más extravagantes de Puig hay muchas destrezas prácticas, gran poder de invención y gran eficacia formal, que no siempre se aprecian. Se puede recorrer toda la literatura de Aira y la de Puig sin encontrar incorrecciones sintácticas o falta de gusto en las elecciones léxicas. No sé si se podría decir lo mismo de algunos de sus epígonos.

¿Cómo ves el estado actual de la crítica?
  • Creo que estamos frente a un momento de inflexión en los estudios críticos que va más allá de la crítica argentina. La crítica se ha enriquecido durante las últimas décadas con una variedad muy amplia de saberes teóricos pero hay también algunos síntomas alarmantes, como cierta hipertrofia de los aparatos teóricos, a veces fragmentarios o despegados de sus fundamentos filosóficos, o incoherentes en su eclecticismo. Hay un déficit de cercanía de los textos, de close reading como lo llaman los sajones, que lleva a desatender algunas tareas centrales del crítico: la caracterización de poéticas, de singularidades formales, cuestiones de intención y de valor estético. James Wood, un crítico inglés que me gusta mucho, decía hace poco que los profesores, los historiadores y los críticos debían recuperar su capacidad de argumentar la eficacia formal y el valor estético de las obras. Decía casi textualmente: “¿Quién se preocupa hoy, enseñando Retrato de una dama por décima vez, por explicar en clase por qué es un libro extraordinario?”.
¿Recuperar cierta pasión crítica?
  • Sí. Me gusta el ensayo crítico que avanza mediante hallazgos inesperados, conexiones imprevistas, y va detrás de un enigma, como un folletín o un relato de aventuras. Me gusta esa posibilidad del ensayo de pensar a medida que se escribe. Una vitalidad que no encuentro obviamente en el ensayo burocrático que llena casilleros, en el historicismo árido o jergoso, en la crítica que aplica las teorías de moda o se contenta con armar tramas institucionales, mapas del campo literario, “operaciones”, “colocaciones”. Roland Barthes, por supuesto, es un modelo inigualable del encuentro entre la idea y el goce en el ensayo crítico, de racionalidad apasionada. Susan Sontag decía que Barthes había renegado de los papeles vulgares de constructor de sistemas, de autoridad, de mentor, para reservarse el ejercicio del gusto, que implica naturalmente el elogio. No veo mejor definición de un buen crítico.

Graciela Speranza nació en Buenos Aires en 1957. Crítica, narradora y guionista de cine, es doctora en letras por la Universidad de Buenos Aires, donde enseña literatura argentina. Entre otros libros ha publicado: "Primera persona. Conversaciones con quince narradores argentinos", "Guillermo Kuitca. Obras 1982-1998", "Razones intensas", "Manuel Puig". "Después del fin de la literatura", y una novela, "Oficios ingleses". Ha colaborado en los suplementos culturales de los diarios Página 12 y Clarín, y codirige la revista de letras y artes Otra Parte.

banquete_nodos y redes

Desde principios de los años 90 el proyecto banquete_ evoluciona como una red internacional de conversaciones y acciones entre artistas, científicos, tecnólogos y otros productores de conocimiento. Su objetivo es explorar las convergencias entre los sistemas biológicos, sociales, tecnológicos y culturales, e indagar en un enfoque sistémico y transdisciplinar que cuestione un modelo imperante de pensamiento –antropocéntrico, lineal y dicotómico- cuyas consecuencias políticas, sociales, económicas, culturales y ecológicas apelan a un inaplazable cambio de sensibilidad, de mirada y de rumbo.

Para ello banquete_ ha reunido a antropólogos, artistas, arquitectos, biólogos, filósofos, economistas, neurocientíficos o sociólogos con el fin de reflexionar acerca de los patrones y procesos de transformación que rigen los flujos tangibles e intangibles de materia, energía e información. Con el tiempo, esta red ha vertebrado y consolidado un entorno de colaboración, constituido por distintos centros de investigación, producción y difusión artística y científica. La motivación común ha sido propiciar la interacción entre ciencias y humanidades, y entre éstas y la sociedad.

Por otra parte banquete_ rastrea el binomio arte-vida a la luz de los avances tecno-científicos y en relación con los lenguajes emergentes vinculados a la creación contemporánea. Su campo de investigación y expresión se ha ampliado desde el gen al cuerpo, de la mesa a la red, del espacio público local a la esfera mediática global.

banquete_ es un intento de generar un proceso de creación colectiva, capaz de articular elementos disociados y de combinar conocimientos, métodos y prácticas dispares. Surge del reto de idear y construir entre muchos un espacio de interacción ACTS (Arte, Ciencia, Tecnología, Sociedad) para investigar nuevas formas de creación y transferencia de conocimiento.

En definitiva, banquete_ es un espacio abierto, basado en una dinámica compleja que trata de superar la convencional compartimentación secuencial de los procesos de investigación, formación, producción y difusión cultural; un contexto para practicar un pensamiento transversal que explore la interacción entre los ecosistemas, la tecnosfera y los universos simbólicos que definen el imaginario de las sociedades contemporáneas.

Reactable

El reacTable es un instrumento musical electrónico colaborativo dotado de una interfaz tangible basada en una mesa, e inspirado en los sintetizadores modulares de los años sesenta. Fue desarrollado por el Grupo de Tecnología Musical de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, un equipo de investigación integrado por Sergi Jordà, Marcos Alonso, Günter Geiger y Martin Kaltenbrunner. Múltiples usuarios simultáneos comparten el control total del instrumento moviendo y rotando objetos físicos sobre la superficie de una mesa circular luminosa. Manipulando dichos objetos, representantes de los componentes clásicos de un sintetizador modular, los usuarios pueden crear tipologías sonoras complejas y dinámicas, mediante generadores, filtros y moduladores, en una clase de sintetizador modular tangible. Sólo existen 5 ReacTables, incluido el que se le fue vendido a la cantante islandesa Björk.

El reacTable consta de un tablero semi translúcido iluminado directamente con dos cámaras situadas al otro lado del tablero que analiza de vez en cuando la superficie y sigue los movimientos, la naturaleza, la fauna, la posición y la orientación de los diferentes objetos físicos y lógicos que están situados sobre el tablero por medio de visión artificial. Varios músicos simultáneos comparten control completo sobre el instrumento moviéndo y rotando los objetos en el redondo tablero luminoso. Al mover y relacionar los objetos por la superficie del tablero se modifica la estructura y los parámetros del sintetizador de sonido. Estos objetos conforman los típicos módulos de un sintetizador modular. Simultáneamente, el proyector muestra la actividad y las características principales del sonido producido, otorgándole de esta forma la necesaria retroalimentación al ejecutante. De esta forma varios músicos pueden compartir el control desplazando y rotando fichas transparentes sobre la mesa luminosa. Cada uno de los usuarios puede crear una función sonora diferente.

Entre otras cosas, reacTable intenta ser

  • colaborativo: ejecutantes (en forma local o remota)
  • intuitivo: sin manual, sin instrucciones
  • poseedor de una sonoridad interesante y desafiante
  • enseñable y aprendible (incluso por niños)
  • apto para novatos (instalaciones) y para músicos electrónicos avanzados (conciertos)

ReactiVision, el software detrás de reacTable, es un sistema de computer-vision open source (no la parte de audio, si la de video) y multiplataforma pensado para un rastreo rápido y estable tanto de marcas asignadas a objetos físicos como de acciones multi-tacto. Fue diseñado principalmente como un conjunto de herramientas para el rápido desarrollo de interfases tangibles basadas en mesas y superficies interactivas multi-tacto. El sistema fue desarrollado por Martin Kaltenbrunner y Ross Bencina en el Music Technology Group de la Universitat Pompeu Fabra en Barcelona, España, como parte del proyecto reacTable.

Stelarc (Limasso, Chipre, 1946, Vive en Australia)

ORIGINAL: RITNIT.com
Publicado por xaviera el 30.01.09 en arte , australia , cuerpo , humano , internet , moda , performance , tecnología 0 comentarios

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Stelarc es uno de los performers pioneros en el uso de nuevas tecnologías. Desde 1968 ha realizado innumerables exposiciones y performances en todo el mundo. Su propuesta se basa en la idea de la transición del individuo biológico hacia el cibersistema, a partir del hibridismo entre ser humano y máquina. Esta simbiosis queda patente en sus performances, en las que Stelarc emplea, en estrecha relación con su cuerpo, los más diversos sistemas electrónicos, como la robótica, la Inteligencia Artificial y los sistemas virtuales y de telepresencia a través de Internet. Ha participado en los principales festivales de arte electrónico de todo el mundo. Stelarc es actualmente profesor invitado en el Studio for Creative Inquiry en Carnegie Mellon University. Ha recibido una beca del Visual Arts/Craft Board, Australia Council. Su obra es representada únicamente por las Sherman Galleries, en Sidney.

Jen Hui Liao, Self-Portrait Machine

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La máquina de autorretratos de Jen Hui Liao es un dispositivo que toma una fotografía del modelo y lo dibuja pero con la ayuda de éste. Las muñecas del individuo se amarran a la máquina y son guiadas para dibujar las líneas que formarán el retrato.

El proyecto comenzó de la observación de que casi todo lo que nos rodea ha sido creado por máquinas. Nuestras identidades personales son representadas por los productos de la relación entre hombre y máquina. La máquina de autorretratos encapsula esta relación. Cooperando con la máquina, un autorretrato es generado. Es autodibujado pero desde un punto de vista externo, a través de un movimiento controlado y posibilidades limitadas. Nuestra elección acerca de como somos representados está limitada a lo que la máquina permitirá.

Lo nuevo de Hiroshi Sugimoto

ORIGINAL: RITNIT.com

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Ya hemos hablado de Hiroshi Sugimoto , quien piensa que un buen fotógrafo siempre debe tener algo de científico. Aquí un adelanto exclusivo de su último trabajo experimental.

Impress, Silke Hilsing

ORIGINAL: Ritnit.com

Impress es la liberación de las pantallas táctiles de su rigidez técnica y frialdad. Acerca a los humanos con la tecnología, porque ya no se trata del usuario sujeto a la tecnología, en este caso es el dispositivo mismo que se adapta a lo humano.

Es un dispositivo flexible que consta de espuma y sensores de fuerza, es deformable y se siente agradablemente suave. Impress trabaja con parámetros de posición y tiempo, como otras pantallas táctiles, pero además reacciona a la intensidad de la presión.

El usuario puede fusionarse y colaborar con la tecnología más y mejor que nunca. Puede apretar la información y volar a través de los espacios, generar formas tridimensionales y poner objetos en movimiento deformando la superficie. Cuatro pequeñas aplicaciones permiten una interirorización en un nuevo mundo radical de posibilidades profundamente sensibles e intuitivas.

Creado con Arduino y Processing.

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Aplicación 1: Ponga objetos en movimiento y hágalos sonar deformando la superficie. Dibuje un nuevo objeto de distinto radio y tono dependiendo de la intensidad de la presión.

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Aplicación 2 + 3: Modele un objeto 3D con diferentes niveles de presión en cualquier posición. Después de modelar, guarde el resultado y comparelo con otros resultados en una galería 3D. Vuele y acérquese a través de la galería presionando más o menos.

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Aplicación: Presione las últimas noticias (RSS-Feeds de diferentes agencias de noticias).

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Contacto: sillenet@gmx.de

Cómo pensar el arte en el mundo de la globalización

por Anna María Guasch
Profesora de Historia y Teoría del Arte de la Universidad de Barcelona.
(Publicado en NotasCuratoriales.com)








Ante la emergencia de un mundo globalizado dominado por las tecnologías de la información se impone una nueva manera de pensar, abordar y escribir sobre el arte, una manera que, dejando de lado aspectos de una historia del arte lineal y cronológica, preocupada por los estilos y las tendencias aboga claramente por una narrativa articulada en función de distintos momentos culturales: el momento multicultural , el del reconocimiento de la existencia del “otro múltiple” y el momento global que en su constante tensión e interacción con lo local tiene su equivalente en el interculturalismo. De ahí la importancia de nuevos conceptos como diáspora, nuevo internacionalismo, localidad, estética relacional y arte colaborativo que parecen responder a un común denominador: su proximidad a la cultura más allá del arte y su apuesta por la cuestión de identidad más allá del lenguaje.

En realidad todo empieza en el apasionante momento en que el espacio monocultural de la modernidad etnocéntrica empieza a desmoronarse y se asiste tanto desde el “mainstream” como desde las periferias, tanto del espacio hegemónico como del de las minorías emergentes a un episodio verdaderamente revolucionario en la definición de la identidad: el reconocimiento del “yo múltiple”, el de una máxima expansión , desplazamiento y democratización del hecho cultural en un mundo ya no dividido en estructuras binarias ( lo civilizado/lo primitivo; lo cocido/lo crudo; la cultura/la subcultura) ni tampoco dominado por una mirada etnocéntrica.

Algunos hablan de una estética del “thirdness” o “in-betweenness” y aquí el término “tercero” nada tiene que ver con una estética geográficamente localizada en el “Tercer Mundo”. Su significado, aparte de su proximidad al concepto de “hibridez” tendría más relación con el “tercer cine”, un tipo de discurso que explora y intenta descubrir cómo las prácticas culturales fruto de una emancipación cultural y política tienen que ver con estrategias estéticas. Y en este sentido resulta adecuada relación con el “tercer cine” , un tipo de cine que no se limita a un significado geográfico sino que se extiende a través de otras disciplinas , como las artes preformativas y las artes visuales.

En este nuevo espacio metafóricamente “sin fronteras” que puede parecer la consolidación de la agenda utópica de la “aldea global” propuesta en los años sesenta Marshall McLuhan y que estaría dominado, como reconoce Frederic Jameson, por un circuito de redes comunicacionales alrededor del mundo, por un concepto que alternativamente enmascara y transmite significados culturales y económicos se impone un replanteamiento de los conceptos de identidad y diferencia que suponen una relación cada vez más tensa entre el estado-nación y los nuevos estados posnacionales : “Lo que está emergiendo -sostiene Arjun Appadurai- son poderosas formas alternativas de organización del tráfico de recursos, imágenes e ideas, formas que o bien desafían al estado-nación de una manera activa o bien son alternativas antagónicas pacíficas constituyentes de lealtades políticas a gran escala” .

En este mundo posnacional dominado por lo que el economista Roger Burbach denomina “policentrismo” se impondría la aparición de una nueva etnicidad, capaz de atraer a personas y grupos que por su dispersión espacial son mucho más vastos que los grupos étnicos de los que se ocupaba la antropología tradicional. Una etnicidad que, lejos de estar vinculada con las prácticas “primordialistas” del estado-nación, es transnacional y reclama un nuevo entendimiento de la relación entre la historia y la agencia social, el campo de los afectos y el de la política, los factores a gran escala y los factores periféricos, los flujos culturales globales y las realidades específicas locales, los contextos propios y los contextos ajenos.

Este pensar “más allá de la nación” entendiendo por nación el último reducto del totalitarismo étnico, pero contemplando las múltiples y fragmentarias realidades nacionales no sólo es en la actualidad un tema recurrente en los estudios de política global sino que también puede ser muy clarificador en nuestro ámbito de trabajo: el ámbito de la cultura visual y la teoría del arte contemporáneo y su posición entre lo global y lo local: ¿Qué lugar corresponde a lo local, a las identidades locales (aquí ya no decimos nacionales, regionales, folklóricas, vernáculas , periféricas, étnicas o subalternas) en los esquemas relativos al flujo cultural global? ¿Cuál es el significado de lo local ( y junto a lo local las subjetividades contemporáneas) en un mundo pleno de flujos diaspóricos, un mundo que se ha desterritorializado, un mundo donde además los medios masivos de comunicación electrónicos (lo que llamaremos comunidades electrónicas y virtuales) están transformando las relaciones entre la información y la mediación?.

Es en este contexto que cobran sentido conceptos vinculados a filosofías políticas como el de “multiculturalismo” y en especial el de “interculturalismo”, es decir, el intercambio de culturas a través de las naciones con todo lo que ello supone de una nueva reapropiación de lo nacional y sus contactos críticos con lo internacional: “ El mundo está en proceso de desplazarse de la fase nacionalista a la fase cultural y es preferible distinguir áreas culturales más que naciones”, afirma Rustom Bharucha . El futuro estaría pues en lo “intercultural” superador de la antigua dicotomía identidad/diferencia a través de una mayor potenciación de las subjetividades, las realidades particulares de cada ser humano más allá del concepto de lo “étnico”, y de un mayor diálogo entre lo universal y lo local, entendiendo lo local (sinónimo de sitio o lugar) más como relacional y contextual que como escalar o espacial. De ahí la defensa de una universalidad compartida: “En el espacio vacío del encuentro intercultural, que es como un “punto cero” de un “primer contacto” entre la existencia humana esencial , desaparecen las “etnicidades” de los diferentes participantes a favor de sus identidades humanas universales, de sus creatividades y potencialidades” .

A modo de conclusión
Y llegados a este punto nos gustaría enlazar las teorías de la “interculturalidad” con los análisis de la cultura global de la posmodernidad por parte del antropólogo Arjun Appadurai y sus teorías sobre la interacción y la imaginación . Appadurai habla de una constante tensión entre lo local y lo global, tensión que no se resuelve “desde la resistencia” sino desde la “interacción” entre por un lado las tendencias que buscan la homogeneización y las tendencias a interpretar de acuerdo con la tradición y cultura de cada lugar. Appadurai aporta un concepto nuevo: el de la imaginación , una imaginación como una propiedad de colectivos y no meramente como facultad de individuos geniales, una imaginación vinculada con los diversos componentes de la vida cotidiana contemporánea. Y sobretodo la imaginación como una “práctica social” y como elemento constitutivo esencial de la subjetividad contemporánea.

En este sentido Appadurai argumenta cómo en la actualidad los medios de comunicación electrónicos han subvertido y transformado no sólo la creación de imágenes (de uno mismo y del mundo) sino las mediación de estas imágenes, mediación masiva en todos casos: “Los medios electrónicos transforman y reconfiguran nuestro mundo”, sostiene Appadurai, y los medios impresos y las formas orales, visuales y auditivas de comunicación son alterados por dichos medios electrónicos.

De ahí el papel relevante conferido a la imaginación no para proyectarnos a mundos inventados, mundos de ficción, mundos visionarios o estados emocionales prohibidos. La imaginación se habría desprendido del espacio expresivo propio del arte, del mito y del ritual, y habría pasado a formar parte del trabajo mental cotidiano de la gente común. La imaginación habría penetrado en la lógica de la vida cotidiana de la que había sido desterrada. Las personas comunes y corrientes comenzarían a desplegar su imaginación en el terreno de sus vidas diarias. Los creadores buscarían una compleja interacción entre lo real y lo virtual, provocando una intervisualización global (mezcla de realidad y virtualidad).

Como sostiene Irit Rogoff, los individuos crean inesperadas narraciones de la vida cotidiana partiendo de “el pedacito de una imagen que conecta con una secuencia de una película y con la esquina de una valla publicitaria o con el escaparate de una tienda por la que hemos pasado, narraciones que producen una nueva narrativa constituida, a la vez, por nuestra experiencia del viaje y por el inconsciente .

El trabajo de la imaginación en un mundo poselectrónico no es ni puramente emancipador ni completamente disciplinado, sino que es un espacio de enfrentamiento en el que individuos y grupos buscan anexionar lo global a sus propias prácticas de lo moderno. Además, la imaginación sería la mejor “arma” contra los miedos , las angustias y las violencias como efectos de la desterritorialización en la que estamos sumidos en este mundo dominado por las economías globales. Miedo, angustia del Occidente a perder su condición de “uno”, de perder su papel de centro real. Miedo, angustia y violencia del “otrora” otro ( un “otro” definido en función de etnia, pero también género y raza) de perder definitivamente lo que le sigue definiendo como “otro” a pesar de la galopante homogeneización globalizadora. El miedo que provocan las “personalidades liminares” (adolescentes, inmigrantes, artistas) como representantes de una categoría borrosa y difusa, que genera ansiedad en los estamentos hegemónicos. La violencia que ejercerían las fuerzas abstractas de la globalización contra las minorías, lo cual nos llevaría a hablar de una violencia corporal, incluso íntima, ejecutada en el marco de las relaciones cotidianas, dentro del ámbito de los vínculos propios de la intimidad personal.

Porque, como no reconocerlo, estamos ante un momento, el de la globalización, hacia el cual no podemos si no sentir sentimientos contradictorios: es simultáneamente necesaria y rechazada (contestada tanto desde el punto de vista práctico como simbólico) Es algo nuestro ( que controlamos y usamos, según la versión optimista) y algo que no es nuestro y que podemos evitar, rechazar, negar, eliminar y excluir de nuestra vida, conforme a una visión pesimista.