domingo, 6 de febrero de 2011

Los invito a todos, muy especialmente al conversatorio sobre arte y ciencia en Bellas Artes.

ORIGINAL: Letras Anónimas - LUCRECIA PIEDRAHÍTA

INSTITUTO DE BELLAS ARTES
SEGUIMOS SIENDO UNA OBRA MAESTRA


Hace cien años, la marcha de las Bellas Artes en Medellín echó a andar por un camino que no tiene un alto en el horizonte,`pues la creatividad, como la vida, no se detiene.

El 7 de febrero de 1911 se abrieron las puertas de las aulas de Bellas Artes para la ciudad, iniciando así el camino de la formación académica de nuestros propios creadores de mundos. En el 2011, cien años después, queremos celebrar este inicio, y compartirlo con ustedes, con una amplia programación académica de alto nivel que abarca seminarios, cátedras abiertas, intervenciones visuales en el espacio urbano, conciertos y demás, haciendo de esta conmemoración, indiscutiblemente, todo un evento de ciudad.

La primera actividad la hemos denominado Cátedra Abierta “100 x siempre, Arte y Ciencia para la Ciudad”. Su tema central será el de los procesos investigativos paralelos en Arte y Botánica.

Invitados:

  • Alberto Baraya
Maestro en Artes Plásticas, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. Master en Estética y Teoría del Arte, Instituto de Estética y Teoría del Arte, Universidad Autónoma de Madrid
  • Álvaro Cogollo Pacheco
Biólogo de la U. de A. y actual Director Científico del Jardín Botánico de Medellín.

Modera:

  • Lucrecia Piedrahita Orrego
Museóloga, Curadora. Candidata a Magister en Pensamiento Estético Contemporáneo (México)

Fecha : 7 de febrero de 2011
Hora : 2:00 p. m.
Lugar : Sala Beethoven del Palacio de Bellas Artes, entrada libre.

lunes, 24 de enero de 2011

La responsabilidad de la palabra: para una ética del decir –pero también del escuchar. Por: Miguel Á. Hernández-Navarro

ORIGINAL: LETRAS ANÓNIMAS
LUCRECIA PIEDRAHÍTA

enero 23, 2011 Arte y curaduría, Mirada Crítica, Prácticas Artísticas Contemporáneas

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“En un tiempo en que nuestro discurso se ha vuelto tan polarizado –cuando tenemos demasiados deseos de culpar por todo lo que aflige al mundo a quienes piensan diferente de nosotros– es importante hacer una pausa por un momento y asegurarnos de que nos hablemos de manera que cure, no de manera que hiera.” Estas son algunas de las palabras pronunciadas por Obama tras los sangrientos incidentes sucedidos en Tucson, Arizona. Más allá de la demagogia que uno quiera encontrar en cualquier discurso, y de los juegos de poder y entresijos de la alta política, lo cierto es que estas frases entran de lleno en dos de los problemas centrales de la vida pública y del uso del lenguaje en sociedad. En primer lugar, la fuerza de la palabra y su capacidad para producir realidades y causar efectos; y en segundo, y relacionado con la potencia performativa del decir, la imperiosa necesidad de un tiempo de reflexión antes de cualquier acto de habla. A estos dos puntos me gustaría sumar un tercero, también urgente y preciso: la necesidad de una ética de la recepción y de una escucha activa y comprometida. Si las palabras pueden herir o curar, y si, desde luego, hay una responsabilidad en el que tiene la capacidad del habla y se encuentra en el lugar de enunciación, también hay, y aún no tengo claro si en el mismo nivel –esto sería algo a debatir–, una responsabilidad –no siempre traída a este juego del decir– en el receptor de la información.

El lenguaje como piel

Por supuesto, somos seres lingüísticos. Las palabras, ya lo sabemos, no son inocuas y transparentes. Son cuerpo, hacen cuerpo, producen tangibilidad. Las palabras curan y las palabras matan. No somos sino palabras. Como sostiene Roland Barthes, “el lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras.” El lenguaje puede temblar de deseo, pero también puede ser un puño que golpea: “el lenguaje opresivo hace algo más que representar la violencia; es violencia” (Toni Morrison).

Esto es algo que todos sabemos, que nadie duda. El lenguaje toca, roza, acaricia, desgarra, reconforta… hiere o cura. Por eso, los que están en posesión de la palabra, los que la tienen porque son nuestros representantes políticos –aunque realmente sólo se representen a sí mismos–, o los que se hallan instalados en los lugares de emisión de la información –los media–, han de ser conscientes de la responsabilidad de este arma tan peligrosa. Y cuanto antes deben comenzar a utilizar el lenguaje de otro modo, “de manera que cure”. Mientras eso no se logre, la distancia entre la palabra y el puño será tan mínima como un acto reflejo.

Los políticos y los medios son sin duda los que se llevan la mayor parte en el “reparto” de lo decible, por utilizar la fórmula de Rancière. Son ellos los que deben mantener una ética del decir, y sobre todo una responsabilidad ante lo dicho. Sin embargo, la esfera del habla pública se ha expandido y se encuentra en un profundo proceso de renovación y resituación. Sin lugar a dudas, la web 2.0. ha extendido y democratizado el reparto de lo decible. Pero lo que parece que no ha acabado repartiéndose del todo es la responsabilidad de ese decir difuso, situado a medio camino entre lo público y lo privado, entre la información y el cotilleo, entre la exactitud y el rumor.

Sé que lo que voy a decir puede ser políticamente incorrecto o impopular, pero, visto lo visto, y leído lo leído, a veces piensa uno que sería necesario dar un carnet de Internet para un uso responsable. Si la red es “la autopista de la Información”, sus conductores deberían ser aleccionados con una normas mínimas de civismo y corrección. Una ética mínima que se sustancie, al menos, en una responsabilidad ante lo dicho o lo vertido ya sea de modo nominal o anónimo –y éste es otro debate abierto sobre el que habría que reflexionar cuanto antes: las virtudes y peligros del anonimato.

Lo que parece claro, en cualquier caso, es que no estamos, ni mucho menos, preparados para afrontar el desafío que supone la transformación de la esfera pública que proporciona Internet. Ni, desde luego, para las responsabilidades que dicha transformación conlleva al convertirnos todos en agentes lingüísticos con capacidad de emisión pública. Por supuesto, eso lo tenemos todos claro, las capacidades de enunciación, los lugares, el “ancho de banda”… el altavoz, en definitiva, de cada uno, es diferente. Sin embargo, los peligros de la irresponsabilidad digital son muchísimos y a todos los niveles.

Rumor y realidad

Sin lugar a dudas, la cuestión del “rumor” es uno de lo lugares esenciales en los que la mencionada irresponsabilidad del habla se hace más palpable. El rumor, entendido en todas las acepciones del diccionario: “1. Voz que corre entre el público; 2. Ruido confuso de voces; y 3. Ruido vago, sordo y continuado”. Como agudamente ha observado Martínez Selva en su Psicología de la mentira, el rumor es una “casi mentira” que puede “poner en peligro la convivencia en grupos y entornos sociales reducidos”. En el rumor hay una verosimilitud, un “podría haber pasado”, que se transmite progresivamente sin ser contrastado y que acaba fundando una realidad sin forma delimitada, pero con presencia tangible. Esa “casi mentira” suele ser de transmisión oral o, en cualquier caso, privada. Sin embargo, con la transformación de la esfera pública anteriormente mencionada, y con la ya conocida redefinición de los ámbitos de lo público y lo privado, el rumor, al ser escrito, transmitido, fijado, “publicitado” o mediatizado, acaba produciendo una realidad mucho mayor que la provocada a través del boca oreja. Los límites se han extendido, y los peligros y potencialidades, también.

Todo lo que he escrito hasta aquí se enmarca, para qué voy a negarlo, en un hecho lamentable sucedido recientemente en Murcia: la agresión al consejero de cultura de la Región, Pedro Alberto Cruz, un acto que cualquier persona medianamente civilizada debería condenar. No entraré aquí a valorar ahora las implicaciones políticas de todo, ni el uso partidista que después se ha hecho –por unos y otros–, ni el circo mediático montado, ni nada por el estilo. Tampoco entraré en consideraciones sobre su gestión cultural ni sobre su trayectoria intelectual. Me toca todo demasiado cerca, tanto profesional como personalmente. Así que quizá mi objetividad sería cuestionable. Lo que sí que quisiera relatar es mi consternación ante el modo en el que la maquinaria de lo que podríamos llamar “rumorología 2.0.” se ha puesto en funcionamiento ante este triste suceso.

Mencionaré un solo ejemplo que considero relevante de todo lo que digo. Un ejemplo que nos habla de la irresponsabilidad del uso del lenguaje y de los peligros del rumor. Y sobre todo, de cómo los rumores pueden llegar también, aunque no provengan de las instancias de poder, a producir realidades que, con indiferencia de fundarse en la verdad o en la mentira, se hacen tangibles y físicas. Demasiado físicas, diría yo.

Hace cuatro años, un anónimo, haciéndose pasar por alumno de Bellas Artes de la Universidad de Murcia, con nombre y DNI falso, envió una carta a una serie de profesionales del mundo del arte y la cultura. En aquella carta se decía –entre otras barbaridades– que Pedro Alberto Cruz, que por entonces aún no era consejero de cultura, sino director del CENDEAC, en sus clases incitaba a sus alumnos a dejar de leer el País y a escuchar la Cope o acusaba al PSOE del atentado terrorista del 11-M y escribía en contra de las leyes de memoria histórica. Por supuesto, sus alumnos se manifestaron de varias maneras ante aquella falsedad –cualquiera que conozca mínimamente a Cruz, o que haya leído alguno de sus textos, sabe que eso no entra en cabeza humana–. Se dijo de mil modos que todo era mentira, que aquella carta era un despropósito. Pero nadie fue escuchado ni creído. Se prefirió creer aquella carta anónima –cuyo autor no fue ningún alumno sino un funesto personaje del mundo del arte murciano (no entraré en más detalles, porque no es el lugar)– que fue, poco a poco, transmitida de un lugar a otro e incluso publicada en varios sitios de Internet, consiguiendo reacciones públicas de políticos, medios y asociaciones contra el “profesor facha de Murcia”. Profesor que, paradójicamente, enseñaba en sus clases a Rancière, Negri, Hardt, Gramsci y a todo el arte más avanzado y crítico que uno pueda imaginar. Esto es algo de lo que yo, con nombres y apellidos, no un anónimo que jamás apareció y que nunca existió, doy fe, como otros muchos pueden hacer, con nombres y apellidos. Pero nadie se preocupó en contrastar la información. Parecía verosímil y posible, así que se dio por buena, sin sospechar en ningún momento la autenticidad de lo escrito.

Hoy, años después, con motivo de la agresión y del circo que se ha montado, ese rumor de fondo que nunca se acalló y que, a través de la repetición y el posteo, ha ido haciendo progresivamente mayor, ha sido reactivado y aumentado. Y varias revistas y plataformas de información independientes han utilizado todo aquello que una vez se vertió –y otras cosas de la misma fiabilidad– como información ya contrastada. El rumor, informe, móvil, que crece y crece, se ha convertido en información. El ruido de fondo ha acabado transformándose en figura. Y la mentira verosímil ha vuelto a escena, crecida y formalizada.

El refrán popular dice “cuando el río suena, agua lleva”. El problema hoy es que el río suena por todos lados y demasiado, y que el sonido ya no es de agua, sino de mil cosas más que ya es imposible delimitar. Todos sabemos a estas alturas de la película que el que una cosa sea mentira no es óbice para que se convierta en realidad. Es más, a lo largo de la historia esto se ha producido en miles de ocasiones. En los inicios del gótico, la confusión por parte del abad Suger de San Denis del primer obispo de París (San Denis) con el pseudo Dionisio Aeropagita estuvo en la base de la utilización de la teología de luz que conformó un modelo arquitectónico y teórico que rápidamente se expandió por la Europa medieval. Algo semejante ocurrió con el célebre desconocimiento de la policromía del arte griego durante el siglo XVIII, que hizo teorizar a Winckelmann, entre otros, acerca de la sublime blancura de las esculturas clásicas y fue determinante en el surgimiento de un modo de hacer, el Neoclásico, inspirado directamente en aquella confusión. Es decir, el desconocimiento, la equivocación, pero también la mentira o el rumor –que no es sino una mentira verosímil, compartida y relativamente aceptada– produce realidades.

Nuestro gran problema hoy es que el rumor circula a una velocidad imposible de imaginar y, sobre todo, que ya ha salido de los límites locales en los que habitualmente se desarrollaba. El rumor digital, el rumor en la era de Internet es, si cabe, aún más peligroso. En primer lugar, porque su capacidad de expansión y de adquirir forma definida es absolutamente metastática. Y, en segundo, porque, aunque realmente creamos que vivamos en un mundo sin distancias y totalmente conectado, las distancias “reales” de presencia, nos mantienen alejado de la realidad física y tangible en la que el rumor se ha producido, de manera que es muy difícil contrastar y anular la potencia de los rumores globales.

Hacia una ética de la recepción

Dentro de todo esto, de las mentiras que producen realidades, de la desinformación, de la manipulación, de la agresividad del lenguaje, del odio de las palabras, del rumor expandido… por supuesto, el lugar del emisor es central. Es ahí donde se mueve la primera la carta. Pero hay más partes. El lector, el espectador, el receptor, no es, ni mucho menos, inocente. Existe una responsabilidad de creencia, de transmisión, de asunción de esa palabra que hiere, que corta, que desgarra, que miente, que manipula. Hay una complicidad en el que escucha, en el que ve, en el que lee.

Por lo general, las teorías de la comunicación, llaman la atención sobre los usos indebidos de la imagen o la palabra, sobre los productores de discurso, pero parecen olvidar el polo receptor, que queda simplemente reducido al final de una batalla lingüística que le llega ya formada y asimilada. Hoy, más que nunca, es necesario una emancipación de la recepción. Un espectador –entiéndase el término en sentido amplio– emancipado. Una recepción crítica, escéptica, productiva, donde, desde luego, se ponga en jaque el papel meramente receptivo y pasivo, pues la emancipación, como sugiere Rancière, “comienza cuando se cuestiona de nuevo la oposición entre mirar y actuar, cuando se comprende que las evidencias que estructuran de esa manera las relaciones mismas del decir, el ver y el hacer pertenecen a la estructura de dominación y de la sujeción.” Es decir, es necesario cortar ese flujo unidireccional y romper la distancia entre el que dice y el que lee. En todo esto hay “una parte” del receptor. Y es la que nos cabe poner en juego.

Como ha señalado Judith Butler, nuestra esperanza está en que el lenguaje también pueda fracasar, en especial el lenguaje del odio: “No se trata de minimizar el dolor que se sufre a causa del lenguaje, sino de dejar abierta la posibilidad de su fracaso, puesto que esta apertura es la condición de una respuesta crítica. Si la explicación del daño que produce el lenguaje de odio excluye la posibilidad de una respuesta crítica a tal daño, la explicación no hace sino confirmar los efectos totalizadores de tal daño.”
La apelación a una ética de la lectura, a una responsabilidad seria y meditada es lo único que nos cabe ahora. Escribir, decir, hablar, actuar de manera que cure. Y leer, recibir, entender, como si fuera un juego, como si las palabras fuesen sólo palabras.

Aunque sea un contrasentido, se trata de ser consciente de los peligros del lenguaje en su uso, de su capacidad para herir al otro y producir realidades. Pero, al mismo tiempo, de desconfiar de ese lenguaje en la lectura, “dejar abierta la posibilidad de su fracaso”. Creer, para ser responsables, y descreer, para pensar por nosotros mismos.

Fuente: http://salonkritik.net/

domingo, 23 de enero de 2011

Warhol persona*. Por: David García Casado

ORIGINAL: Letras Anónimas
LUCRECIA PIEDRAHÍTA
enero 20, 2011 6:48 am Letras Arte y curaduría, Mirada Crítica

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¿Qué miramos cuando miramos a una cámara? La sala principal de la exposición de los films de Andy Warhol que tiene lugar en el MOMA de Nueva York está dedicada a un buen número de screen tests de personajes tan conocidos como Lou Reed, Nico, Dennis Hopper o Susan Sontag. Las proyecciones se muestran en torno a una amplia sala en la que la intención de los comisarios parece ser la de hacer sentir a los espectadores observados más que observadores. Y en un principio esa es la sensación pero cuando pasamos unos minutos en ese espacio nos damos cuenta de que los modos de mirar de los personajes son muy distintos entre sí. Por ejemplo, mientras que Susan Sontag mira de un modo muy neutro a cámara en lo que parece más una foto fija que un video, Dennis Hopper cambia constantemente de registro transmitiendo una rica variedad de emociones al espectador; ambos miran algo muy distinto. Sontag, y su materialismo dialéctico, parece mirar al objeto cámara; Hopper, profesional del espectáculo, parece mirar al espectador, a una conciencia cualquiera susceptible de ser alterada.Es obvio que el concepto de screen test es literal en Warhol: prueba de pantalla.

Nuestro rostro es una pantalla que refleja bien lo que los demás son o bien lo que somos. “I´ll be your mirror” pero también “She’s a femme fatale”, nuestra imagen como pantalla es puesta a prueba, la persona se manifiesta. La cámara es el psicólogo perfecto, un ojo sin vida pero en funcionamiento. El mundo de Warhol es retratado con ese ojo externo, una prótesis, una herramienta cuya relación con el creador es fría, la de una mera adquisición. Personas o sucesos se ponen a prueba bajo su escrutinio indolente y se muestran eternos, como fenómenos puros que se activan gracias al proyector. Warhol no es el autor de la película sino de esos fenómenos, de la puesta en obra de la persona, o al menos del tiempo en el que ésta se pone en función. En su reproducción digitalizada, muda, se pierde quizá un elemento, el viejo sonido de la película rodando y su inevitable fin, lo que dura un rollo de película, unos 15 minutos.

La sala contigua recrea un cine convencional en el que se proyectan los largometrajes Sleep, Empire, Kiss. Del mismo modo Warhol parece querer hacerse autor, como si un de readymade se tratase, de fenómenos de larga duración: un beso eterno, el sueño de un joven, la vista magnífica, siempre fascinante del Empire State. La cámara, de nuevo, posee la frialdad instrumental de un password, de un puro registro, visual y comercial pero con implicaciones filosóficas complejas y, pese a la sobreexplotación del fenómeno Warhol, todavía operativas.

————-

*Warhol persona. Sobre Andy Warhol: Motion Pictures
MOMA December 19, 2010–March 21, 2011

Fuente: http://salonkritik.net/10-11/2011/01/warhol_persona_david_garcia_ca.php

lunes, 17 de enero de 2011

La Caverna de los Sueños Olvidados. Película 3D de Werner Herzog

Avance de "La Caverna de los Sueños Olvidados", Película 3D de Werner Herzog


  • Un viaje en 3D sin precedentes al sitio secreto donde comenzó el arte
  • "Decir que la película es fascinante es semejante a decir que el Gran Cañón es grande"
    (The Hollywood Reporter)
  • "Narrativa envolvente"
    (Roger Ebert)
  • "Perdido en una montaña por 20.000 años"
  • "Visiones antiguas encuentran un visionario moderno"
  • "Lo último que esperaría escuchar es : 'Vamos a ver una película 3D de Werner Herzog'..."
    "... y sí aquí está, es fantástica"
    (Vanity Fair)
Filmada en la caverna de Chauvet-Pont-d'Arc

jueves, 13 de enero de 2011

Hernando Barragán. Artista y Diseñador. "Arduino El Documental" (2010)

ORIGINAL: BarraganStudio | Wikipedia

Hernando Barragán. Barragán, artista y diseñador, divide su tiempo como Profesor Asociado de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Los Andes y el estudio de diseño Openwork en Nueva York. Barragán recibió su MA con Distinción del Interaction Design Institute Ivrea IDII, Italia (Interaction Design).

El trabajo de tesis de Hernando Barragán sobre los lenguajes de programación el lenguaje de programación Processing/Wiring, es reconocido como uno de los aportes principales en el origen del proyecto Arduino.

Arduino es una plataforma de hardware libre basada en una sencilla placa de entradas y salidas simple y un entorno de desarrollo que implementa el lenguaje de programación Processing/Wiring . Arduino se puede utilizar para desarrollar objetos interactivos autónomos o puede ser conectado a software del ordenador (por ejemplo: Macromedia Flash,Processing, Max/MSP, Pure Data). Las placas se pueden montar a mano o adquirirse. El entorno de desarrollo integrado libre se puede descargar gratuitamente. que busca llevar la electrónica de manera muy simple y económica al mayor número de personas.

viernes, 7 de enero de 2011

Seis - Cuarenta por Cuatro - Ochenta por Zigelbaum + Coelho

ORIGINAL: Creative Applications

Seis-cuarenta por cuatro-ochenta es una instalación de iluminación interactiva diseñada para revelar la materialidad de la computación por la recontextualización del píxel común. Compuesto de doscientos veinte módulos píxelados magnéticos en un cuarto oscuro, Zigelbaum + Coelho han hecho que cada píxel puede ser tocado, movido, con modificaciones.

Al inicio del día el módulos-píxelados estén empaquetadas como una pantalla y al final del día han migrado a través de las paredes de la habitación. Al trasponer el píxel de los confines de la pantalla al mundo físico, el enfoque se señala a la materialidad de la computación en sí y las nuevas formas empiezan emerger para el diseño.

El equipo ha desarrollado una nueva tecnología que hace que el cristal de los módulos-píxelados sea sesnsible al tacto , así como también pueda enviar información a través del cuerpo del espectador cuando lo está tocando. Tuvieron que crear su propio vidrio compuesto y el soporte para él. En general, cada módulo también puede recibir datos de entrada infrarrojos para poder controlarlo con un control remoto. Operan con pilas y pueden durar hasta dos semanas con una sola carga, si están usados constantemente.

Oprimiendo el módulo hará que destelle. Si se toca otro módulo, le permitirá copiar el color del primero en el segundo. Los píxeles sólo pueden hablar entre sí a través de su cuerpo, es decir, la combinación de colores de ejemplo para crear nuevos colores o el contacto de dos cuadros a la vez que se copia en color tercero en el nuevo módulo. También trabajan con un control remoto que le permite cambiar cíclicamente los colores desde la distancia.

Materiales: ABS moldeado por inyección / cristal de policarbonato, LEDs diodos emisores de luz, electrónica personalizada, microcontroladores, software integrado, acero inoxidable.

El equipo está publicando un documento con información técnica más detallada al final del mes así que estén atentos a la página web del proyecto.

Diseñado por Marcelo Coelho y Zigelbaum Jamie, con la asistencia de Josué Kopin. Realizado en colaboración con el grupo de interfaces de fluidos, Media Lab del MIT.
(Emilio Gracias)

miércoles, 5 de enero de 2011

La marquesa salió a la cinco… | Jorge Méndez Blake

ORIGINAL: Letras Anónimas . LUCRECIA PIEDRAHÍTA

Arte y curaduría, Prácticas Artísticas Contemporáneas Sin Comentarios

Publicado por Marcela Quiroz Luna.

Una pila de grava esquinada al lado de una pista/estela en gris-casi-negro; una maqueta blanca de espacios condensados y de tan juntos, imposibles; una línea recta en lápiz a pulso trazando sobre un horizonte inexistente los juegos entre galaxias en el canto del techo de la última sala del área expositiva (por ahora visitable) del museo Tamayo; un librero blanco extendido sobre el . que se replica una misma y sola maqueta en color ladrillo y cartón con un solo cuerpo techado, una puerta y un patio… Estas son las obras que Jorge Méndez Blake decidió crear para punzar y estribar el recorrido de su selección de trabajo con el acervo del Museo Tamayo.

Invitado por Daniela Pérez, Curadora asociada del museo, el arquitecto-artista Jorge Méndez Blake desentrañó una inteligente y seductora intervención arqui-bibliófila para articular la muestra La marquesa salió a la cinco… . Intensamente inmerso y evidentemente seducido por el mundo de la literatura como lo ha demostrado su trayectoria, Méndez Blake eligió trabajar sobre un detonador poco usual dentro de las comisiones pensadas para alternar diálogos con la colección Tamayo. Este es el segundo proyecto de intervención dentro del programa de “Acercamientos al acervo” bajo la guía del nuevo equipo curatorial del museo con Magalí Arriola a la cabeza, bajo la dirección de Sofía Hernández Chong Cuy.

Méndez Blake escogió la biblioteca personal de Rufino Tamayo –normalmente resguardada en la casa que habitara hasta sus últimos días en San Ángel– para desencadenar una serie de referencias directas y veladas entre la objetualidad libresca, los enigmas de una constelación bibliotecaria personal y las relaciones (im)posibles de la ficción-relativa –aquella que a pesar de nuestros mejores intentos hace por insertarse en las arenas que gustamos pensar como zonas ciertas de realidad tangible. Extendiendo sutilmente hilos invisibles de diversos grosores y nieveles de tensión entre piezas y textos, Méndez Blake juega con un poco de todo y nada dispuesto al espacio de una biblioteca que hace de su condición esencial el vacío. Lo hace con maestría.

De los casi 400 libros que dan cuerpo a la colección personal de Rufino Tamayo, Méndez Blake nos muestra sólo los lomos a distancia. Elevados en una torre inexpurgable (metaforizando desde Borges, Babel) en esqueleto ahuecado y replicando un perdido proyecto bocetado por Charles Olson (maestro del Black Mountian College), ‘debajo’ y ‘por fuera’ de la institución (histórica, artística, cultural, personal) que comportan, en su emplazamiento presente se avistan apenas algunos títulos entre cantos que no han de ser ya penetrados. Cuerpos (des)critos que no hacen sino ocupar una espacialidad de suyo vaciada.[1]

Jorge Méndez Blake expone-inalcanzables narraciones que ya no deshojan, cuerpos escritos e ilustrados que ya no se (h)ojean, haciendo de su presencia histriónico eje rector de otros cuerpos bibliográficos selectos que decide sí dejar al alcance del público. Entre ellos se disponen Bartleby de Herman Melville, Bartleby y compañía de Vila-Matas; antologías poéticas de Federico García Lorca y de Fernando Pessoa; Ficciones de Borges; La montaña mágica de Thomas Mann, Ulises de Joyce, Construir, habitar, pensar de Heidegger; novelas varias de Chesterton, Doyle, Hawthorne, Orwell; Lo infraordinario de Georges Perec…

Citas-en-ausencia que confiesan la estructura memoriosa e imaginativa de Méndez Blake mientras recorren encuentros dados a un tiempo pretérito imperfecto[2] entre los autores que selecciona. Sobre los bordes de sus páginas algunos señalamientos sutiles en lenguetas transparentes avisan al visitante paciente de un estado distendido para la inmersión dentro de uno de los muchos pozos pequeños, profundos, oscuros y sofocados que el artista ha tendido entre coincidencias y colindancias propias simbólicas y significantes.

El espacio diseñado por Méndez Blake está habitado por una cierta espectralidad hecha de imágenes y palabras (in)visibles –encuentros estéticos, literarios y poéticos dejados en prenda para el descubrimiento y tejido de otras infinitas posibilidades distendidas sobre el potencial de ‘lectores’ por venir. Pues esta es una propuesta expositiva en la que se pide al cuerpo que mira desvencijar sus funciones lógicas para entrenarse en cambio en la lectura (literaria, poética, narrativa, ficcional) de las obras plásticas y la apreciación estética/plástica de los libros, palabras y páginas. Haya que esforzarse así por leer las grietas de un vidrio quebrado (Mauboullés) en una especie de quiromancia-astronómica que se revierte sobre las vibraciones del propio latir de nuestras historias personales encapsuladas, buscando sin temer la identificación del tiempo silenciado de nuestro (in)mutable destino entre las páginas de obra y palabras que Méndez Blake ha decidido situarnos al alcance para encontrar sus pistas y nuestras confirmaciones.

En una puesta en escena de inteligente diálogo curatorial, La marquesa salió a las cinco… se construye como un montaje en el que parece estar siempre en juego un tiempo que no está. El título tomado de una mítica afirmación en conversación entre Paul Valéry y André Breton” “…la marquesa salió a las cinco –figura denostada de todas aquellas palabras infértiles que a juicio del poeta ahogaban la literatura conformada dentro de los intereses del realismo francés en restos decimonónicos– afirma en su inserción la constancia de una temporalidad invocada constituida por un despiece de acciones invistas.[3]

De su proceso germinado entre detalles y coincidencias aparentemente nimias y/o banales surgen las nervaduras de una lectura que hace de la precisión potencia. Así sucede que una de las primeras obras de arte elegidas por Méndez Blake entre la colección Tamayo para colocar en este montaje de biblio/grafías es un tapiz de Robert Motherwell. Habría que recordarse que el Museo Tamayo se inauguraba en 1991 precisamente con una retrospectiva de este artista; quien a su vez resultara haber vivido en un sitio muy cercano a la última residencia de Mark Rothko –última morada en resguardo de su suicidio. Tanto Rufino Tamayo como Robert Motherwell mueren en 1991.[4]

Siguiendo el trazo constelado hemos de decir que una de las obras de Rothko figurada en la colección Tamayo, comparte orientación con el tapiz de Motherwell apenas un par de libreros a la derecha. Esta pieza, en tonos de negro, gris y rojo oscuro-como-de-sangre anuda uno de los puntos de quiebre del recorrido. Devastadora condición replicada que se activa fulminante cuando el cuerpo del visitante atina a sentarse y leer en una de las antologías poéticas el poema La cogida y la muerte de García Lorca.

¡Eran las cinco en sombra de tarde![5]

…terminaba la última estrofa en vela el joven dramaturgo español asesinado por la dictadura franquista. Escritura en la estela oscurecida del duelo taurino sobre aquella hora fatal que a su vez inspiraría a Motherwell para crear una pieza a la que daría el mismo título: A las cinco de la tarde. Esta otra obra de la que nos advierte el recorrido, es una pieza que no está en la colección ni en el montaje presente y que sin embargo, Méndez Blake invoca desde Motherwell y Lorca dotando a su sustancia invisible de un peso en latencia respirable. Tales son las consistencias con las que juega el tendido de La marquesa salió a las cinco… .

Entonaciones que conflagra el artista-arquitecto con otras obras que físicamente ‘no están’ y sin embargo hacen de su ausencia exposición significante, pues es este un montaje sutilmente contundente que construye tanto con lo que encuentra a la mano[6] como con lo que seduce a la vista y lo que supone la mente, luchando con quijotesca bravía por recuperar una memoria que quizá hasta ahora ‘en realidad’ no había sido nuestra.

Sucede así con la pieza Avalancha (Imperio) de Méndez Blake en la que una montaña de gravilla hace por tridimensionalizar la fotografía de Wolfgang Tillmans, Imperio (avalancha) (parte de la colección permanente del museo). ¿Qué es lo que pretende decir este gesto por hacer corpóreo un referente directo que se anuncia con claridad y sin embargo no se muestra? ¿Cómo hay que recorrer los patios encerrados de las maquetas infinitas de Méndez Blake?

Lo cierto es que al salir de las abdicadas habitaciones blancas de la marquesa, dejando al paso impenetrables edificios que-no-son para salir a recorrer ciudades de esculturas envueltas, de pesos vaciados (Abbot, Christo, Chillida); recuperando obras que-no-están entre vistas desnudadas[7] y certeras (O’Keeffe, Okada, Tsutaka), el tiempo que marcará en los recuerdos apropiados de nuestros días el sonar de las cinco de la tarde –aún cuando el reloj no lo marcara– constatará que hemos sido ya sensiblemente pinchados, deshabitados, inventados, confundidos, enterrados, quebrados, releídos, elevados, pendidos y despojados en el vano intento por encuadrar los andamios de nuestra propia escala inenarrable.

En el apéndice de Ulises (de bolsillo, 2009, p 965) Joyce escribía a su amigo Carlo Linati: “en vista del enorme volumen y de la más enorme complejidad de mi maldita novela monstruo, es mejor mandar […] una especie de resumen-clave-esqueleto-esquema para uso doméstico solamente […]”. A un lado sobre la repisa de uno de los muros-librero con que Méndez Blake facetó el espacio de la sala configurando un laberinto de muros (in)visibles, la obra Odd Days in New York de David Lamelas se recarga como si en la espera de su propia misiva a la deriva señalando en inutilidad los días pares de un calendario pasado que parece asegurarnos todavía una pista imprescindible para continuar nuestro andar cotidiano.

Es esa extraña espera imprevista lo que sucede con el visitante cuando se dispone entre la urdimbre de la que pende este pequeño teatro del universo revestido de libreros de madera clara y pintura blanca ofreciendo sus vacíos al despliegue de nuestra propia habilidad para (des)hilar(nos) entre historias de silencios en comunión.

En Tiempo y narración, Paul Ricoeur reflexionaba no sin cierta ingenuidad y tono post-romántico “¿no somos propensos a ver en el encadenamiento de episodios de nuestra vida historias ‘no narradas (todavía)’, historias que piden ser contadas, historias que ofrecen puntos de anclaje a la narración? No ignoro lo incongruente que es la expresión ‘historia no narrada (todavía)’. […] Pero, ¿es inaceptable la noción de historia potencial?”.[8] El recorrido multi-direccional/dimensional que ha conjugado Jorge Méndez Blake dentro del espacio y el acervo del Museo Tamayo responde sin reparo a la interrogante sembrada hace décadas por Ricouer haciendo suyas las posibilidades infinitas de las historias potenciales anidadas en las obras. Comprendiendo el tiempo como ese ‘hacer presente que se interpreta a sí mismo’[9] es esta una apuesta museal que se sostiene con la afortunada pericia que implica irse desvistiendo al desdén de todo aquello dispensable sobre el mismo andar que en otro orden de intereses le hubiera entronado sobrecargada de significantes y altas pretensiones.


[1] “Que nada más había hecho colgar el cuadro / para luego hacerlo descolgar / y darse el gusto de recuperar su pared vacía.” Lee el diálogo inventado por Luis Felipe Fabre que descansa sobre las repisas casi vacías de la biblioteca de la marquesa. Uno de los dos escritores invitados a sumarse al proyecto con la escritura de un texto de formato libre al espacio de una cuartilla que habría de incluir alguna de las obras exhibidas y la citada frase de Valéry.

[2] Subrayando una serie de encuentros y coincidencias sucedidas e hipotéticas que jugarían con el tiempo narrable del pretérito imperfecto tanto como con la incidencia iterable del tiempo del verbo.

[3] Llamando el decir de aquellas acciones y sucesos no necesariamente ‘vistos’ sobre lo real sino avistados al interior.

[4] Compartiendo la misma página de obituarios de una de las ediciones de la revista Artworld en aquel año según lo señala una de las cédulas de la muestra.

[5] García Lorca, Federico. La cogida y la muerte (1934).

[6] Recordando a Roland Barthes y siguiendo el tiempo de la existencia narrada en el cuerpo: “la escritura está en la mano”.

[7] Recuperando el dar imposible del que habla Derrida como un juego en potencia contenido y todavía posible para ese cuerpo que todavía se desnuda ante las obras.

[8] Ricoeur, Paul. Tiempo y narración | configuración del tiempo en el relato histórico. México: Siglo XXI. Tomo I, p 144. (temps et récit. I: l’histoire et le récit. París: seuil. 1985.)

[9] Ibid. p 129.

Imágenes: M. Quiroz

La marquesa salió a las cinco… | Jorge Méndez Blake | Museo Tamayo | Ciudad de México | a partir de septiembre 2010.

Publicado por marcela quiroz luna en 11:51:00

Fuente: http://falladecortante.blogspot.com/2010/11/sobre-la-marquesa-salio-la-cinco-de.html

martes, 4 de enero de 2011

Revista Cambios & Permanencias, una apuesta por la investigación y la amplitud del pensamiento.

Original: LETRAS ANONIMAS. POR LUCRECIA PIEDRAHITA

Bajo la dirección de la doctora Ivonne Suárez Pinzón está ya en circulación la Revista Cambios y Permanencias. Este espacio de investigación, difusión y circulación representa la amplitud de pensamiento de un grupo académico serio que respalda la labor definitiva, que desde la educación, adelanta la investigadora Ivonne Suárez.

En este link podrán seguir la revista y encontrar las convocatorias que se proponen. http://cambiosypermanencias.com/revistas.html

Equipo Editorial

Dirección de Edición

Dra. Ivonne SUÁREZ PINZÓN

Comité Científico

Dr. Michel BERTRAND

Dr. Jean-Pierre DEFRANCE

Dra. Mona HUERTA

Dra. Lucrecia PIEDRAHITA ORREGO

Dr. Germán CARDOZO GALUÉ

Dra. Clara Inés PEÑA CARRILLO

Dra. Lourdes DE ITA RUBIO

Dr. Arístides MEDINA RUBIO

Dr. Christoph SINGLER

Comité Editorial

Dra. Ivonne SUÁREZ PINZÓN

Dra. Clara Inés PEÑA CARRILLO

Dra. Lucrecia PIEDRAHITA ORREGO

Dra. Arlene URDANETA QUINTERO

Dr. Roberto SANCHO LARRAÑAGA

Candidato a Doctor Felipe GRACIA PÉREZ

Candidata a Doctora Lina Constanza DIAZ

Grupo de Árbitros

Dr. Christophe BELAUBRE

Dr. William Elvis PLATA QUEZADA

Dra. Clara Inés PEÑA CARRILLO

Dra. Ivonne SUÁREZ PINZÓN

Candidato a Doctor Leonardo MORENO GONZÁLEZ

Candidata a Doctora Mónica MUÑOZ GALLEGO

Magíster Dolly Rocío CASTELLANOS RUEDA

Candidato a Magíster Boris Alexander CABALLERO ESCORCIA

Apoyo Informatico

Ing. José Luis HERNÁNDEZ JAIMES

O GONZÁLEZ

Candidata a Doctora Mónica MUÑOZ GALLEGO

Magíster Dolly Rocío CASTELLANOS RUEDA

Candidato a Magíster Boris Alexander CABALLERO ESCORCIA

Apoyo Informatico

Ing. José Luis HERNÁNDEZ JAIMES