martes, 1 de septiembre de 2009

Presentación del proyecto de investigación curatorial MICROmacro


Presentación del proyecto de investigación curatorial MICROmacro de la región Centro-ocidente por Fernando Arias, Jonathan Colin y John Quiceno en el encuentro de equipos de investigación curatorial -13 SRA en la ciudad de Bogotá los dias 21 y 22 de mayo de 2009





Inversiones equipo de investigación curatorial Región Centro-Occidente


Adriana Rios, Análida Cruz y Carlos Uribe hablan de su proyecto curatorial "Inversiones" en el encuentro de equipos de investigación curatorial -13 SRA celebrado en Bogotá, entre el 21 y 22 de mayo de 2009


Correspondencias entre Curador y Etnógrafo

CORRESPONDENCIAS ENTRE CURADOR Y ETNÓGRAFO
Por: Lucrecia Piedrahita Orrego

La curaduría en tiempos posmodernos tiene que plantear múltiples lecturas para públicos diversos y para ello es necesario hacer cruces con diversas disciplinas que establezcan diálogos entre los mismos procesos que implica la curaduría. La historia del arte, la arquitectura, la filosofía, la antropología, las comunicaciones, la literatura, la historia entre otras, conforman el cuerpo de estrategias de investigación y comunicación que unido a conceptos, herramientas y referentes de otros discursos, como la etnografía, permiten desarrollar hoy procesos curatoriales multidisciplinarios.
Revalorando las palabras del profesor mexicano, Jesús Galindo: “La etnografía tiene una vocación del otro, lo busca, lo sigue, lo contempla. Su asombro se resuelve muchas veces en la racionalidad de los propios referentes, pero también hace estallar la certidumbre y alerta a la imaginación. El etnógrafo hace apuestas de sentido, tiene que afirmar algún significado a todo aquello que ha pasado por su mirada y la interacción con los otros, incluyendo la reconfiguración de la percepción de su propia percepción. En estas apuestas de sentido se juega todo el prestigio y la fuerza de oficio de la mirada y el sentido. El etnógrafo toca los hilos invisibles del misterio de lo visible, muestra lo que está más allá de lo evidente y le da forma y lo estructura ante nuestros ojos, en nuestros ojos”. Y es que el recorrido etnográfico es un elemento fundamental de la fase de investigación curatorial que permite reconstruir un mapa de ciudad y definir su territorio a partir del taller de cada artista, en donde el acto curatorial consolidado como investigación, se da desde el mismo momento de la interrelación con los artistas, el levantamiento de una memoria visual, escrita, espacial y temporal que se genera en cada uno de los talleres y los recorridos de ciudad, ésto permite atender a los procedimientos metódicos de materializar la curaduría como proceso. Recurro a la figura del etnógrafo para explicar la labor curatorial asimilando el trabajo de quien recorre un territorio y lo hace suyo y de quién asume la percepción como palabra clave de su oficio. La etnografía expuesta en palabras de Galindo es el oficio de la mirada y el sentido y es este filón el que sirve de base para explicar las acciones de un curador y las prácticas que se derivan de su labor.
El curador inicia su oficio en la mirada que dirige hacia el otro: artista/obra/proceso. De esta manera la obra del artista se constituye en el campo a observar/seleccionar/interpretar, y a partir de estos cuerpos comienza a reconstruir su discurso. Así, la obra del artista, se convierte en materia prima de significación para lograr en el proceso una coherencia conceptual, narrativa y visual que se escenifica en el espacio expositivo. Las correspondencias entre curador y etnógrafo como oficiantes que privilegian la observación, construyen su proceso en la relación, la interacción, la comunicación y el contacto con el objeto de estudio: artista-obra-proceso. El oficio principia en la mirada dirigida al otro, el dirigir la mirada significa señalar un espacio y –estar- es ocupar un lugar, así se desarrolla el acto comunicactivo e interpretativo del curador, de quien emprende un viaje en el otro, de quien selecciona, investiga y se transforma él a su vez, en un actor en construcción del campo artístico. Así avanza la circularidad, nunca aislado del proceso de creación, investigación, formación, circulación y apropiación. De esta manera, el curador considerado la figura mítica excluyente, se mira a sí mismo y entra a formar parte de las dinámicas culturales y sus roles públicos y privados.
El investigador Jesús Galindo afirma que el oficio de sentido complementa la mirada del etnógrafo quien debe ser un observador minucioso. Un cruce más en la correspondencia con el curador: hacer apuestas de sentido, lanzar afirmaciones y reconfigurar informaciones para interpretar su propia cartografía en esa relación artista-obra-espectador. Así entonces, el rol del curador es visibilizar lo privado y conducirlo a la esfera pública, entendiendo lo privado como la obra del artista o su proceso creativo que se define en el taller. De ahí que para explicar el proceso curatorial recurro a la discusión entre las dimensiones de lo público y de lo privado para dar respuestas al papel que debe cumplir un curador. Definir lo público no ha sido fácil a través del tiempo. Hay perspectivas que indican que lo público corresponde a lo estatal frente a lo privado que representa el ámbito de la sociedad. También hay quien advierte que lo público es lo publicitado, dominio de todos, contrario a lo privado, que corresponde al mundo íntimo. Las fronteras que separan lo público de lo privado, son sutiles y son esas fronteras imprecisas las que debe acortar, traducir, interpretar y visibilizar un curador de arte quien entiende que sus determinaciones indican una toma de posición y que la obra de arte tiene una naturaleza pública en sí misma. Las referencias de lo público y lo privado para explicar la labor de un curador no son disímiles pues sabemos que el mismo término proviene del entorno legal.
El curador se responsabiliza de un proyecto expositivo, lo hace suyo, pero ante todo es un mediador que a través de acciones interpretativas genera puentes comunicacionales. El curador es un observador de oficio con un alto nivel de percepción que hace visible una idea, un concepto y “la pone en escena”. De esta manera desarrolla el segundo estadio metodológico del proceso curatorial: la relación obra/concepción museográfica/experiencia del espectador que se escenifica en el espacio de exhibición. Dentro de las prácticas curatoriales, lo público, lo manifiesto, lo ostensible, se materializa en la puesta en obra, ligado al acto interpretativo que acompaña la acción de curar, hecho que se corresponde con lo que afirma Michel de Certeau “al señalar que la interpretación es siempre una práctica localizada –como toda producción ocurre en un lugar- y en tanto producto, produce su propio lugar de producción”. (Ver “Aventuras de una Heterología fantasmal”. Francisco A. Ortega. En Ortega Francisco, La irrupción de lo impensado. Cátedra de estudios culturales Michel de Certeau. En Cuadernos: Pensar en Público. Instituto Pensar, Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2004).

Este ejercicio de interpretación a las prácticas curatoriales nos permitirá entender el 13 Salón Regional de Artista como referente visual en los nuevos lenguajes contemporáneos.

lunes, 31 de agosto de 2009

El cuerpo en el arte contemporáneo


Por LUIS XAVIER LÓPEZ-FARJEAT.
Doctor en estética.Universidad Panamericana de México

“Escribe tú con sangre y te darás cuenta de que la sangre es espíritu.”
Nietzsche

La palabra griega para designar el cuerpo es so-ma. No es erudición vana, pues las etimologías tienen su fondo. Platón observó que so-ma, puede provenir de sema, es decir, ‘cárcel o tumba’. De ahí la tesis que todos conocemos: el cuerpo aprisiona al alma. Paul Ricoeur (1913), un filósofo contemporáneo, ofrece otra alternativa: so-ma proviene de seema, palabra que significa ‘signo’. Podemos vivir el cuerpo, entonces, como la cárcel del alma o como su manifestación externa. Podemos vivirlo con sospecha o gozo; como una limitación o como un medio para la libertad y la expresión de nuestro modo de ser. Desde hace más de treinta años, hemos asistido al culto del cuerpo: el ejercicio físico y la proliferación de los gimnasios, la manipulación genética, las tecnologías reproductivas, la industria cosmética y las cirugías reconstructivas, el cuerpo como objeto de deseo, el miedo a la enfermedad y el triunfo del placer, el temor a la muerte, etcétera. Se suma a este escenario la relación entre el arte y el cuerpo: los seres humanos son también materia prima dispuesta a transformarse en obra de arte. En el siglo XX el arte extendió sus formas de manifestación. Una de las actitudes más originales, fue la adopción del cuerpo humano como soporte y medio para la expresión artística. Esta alternativa es característica del arte contemporáneo. Entre 1919-21, Man Ray (1890-1976) hizo una serie de fotografías a Marcel Duchamp (1887-1968). En una aparecía la famosa cabeza rapada con una estrella de cinco picos y en otras, la imagen de Rose Sélavy.

Los cambios de identidad son una idea común en la obra de este artista. Paulatinamente, su idea se fue perfeccionando: la intención sería transformar el cuerpo del artista, pero también, algo todavía más complejo y atrevido, su personalidad. De este modo, la vida se convertiría en arte: una persona jugando permanentemente a ser un personaje. Duchamp es uno de los precursores del denominado body art o ‘arte del cuerpo’. Éste se caracteriza porque los artistas utilizan el cuerpo humano como soporte material de la obra. En lugar de pintar sobre un lienzo o esculpir algún tipo de piedra, los ‘artistas del cuerpo’ sustituyen esos recursos comunes por su cuerpo o el de otros. Este tipo de manifestaciones artísticas toma fuerza en los años sesenta y setenta. Después de Duchamp y a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, hemos sido testigos de una apertura incalculable de soportes para la producción artística: el cuerpo, la tierra, la Internet, los espacios públicos, el látex, el cine, la fotografía.

El lienzo pasó de moda. La obra de arte, han sostenido algunos teóricos y filósofos, se desmaterializó. A partir del minimalismo de los años sesenta, se consolidó el arte conceptual. Para liberar las obras de arte de la sumisión del mercado, para dejar atrás la exhibición de pinturas con un costo extraordinario en museos y galerías, los artistas comenzaron a experimentar con nuevos materiales. El cuerpo se convertiría entonces en una materia prima recurrente. En 1960, Ives Klein (1928-1962) presentó su conocido montaje Antropometrías del periodo azul. Klein dejó de copiar modelos y a cambio, pintó con ellas. Las mujeres, con pintura azul en su cuerpo, rodaron sobre el lienzo como pinceles vivientes. Manzoni (1933-1963) también usó el cuerpo como material artístico. En 1961, firmó sus Esculturas vivas: mujeres desnudas que se firmaban en alguna parte del cuerpo. Eliminó el lienzo y se dedicó a firmar cuerpos otorgándoles un certificado de autenticidad con la inscripción: “Con la presente certifico que X ha sido firmado con mi mano y, por tanto, a partir de este momento es una auténtica y verdadera obra de arte”.
  • Si Manzoni firmaba con rojo, indicaba que la persona entera era una obra de arte y lo sería hasta su muerte;
  • si firmaba con amarillo, sólo la parte firmada era obra de arte;
  • con verde, imponía una limitación de postura para el cuerpo (obra de arte mientras duerme o está sentada);
  • el malva, indicaba lo mismo que el rojo, pero significaba que se había obtenido el título por un pago.
Su siguiente obra fue un proceso de enlatado de 30 gramos de “mierda de artista”. Manifestaciones como las descritas son las que dieron lugar, a finales de la década de los sesenta, a esa nueva manifestación artística que, como hemos dicho, se conoció con el nombre genérico de body art.

Las primeras manifestaciones fueron asimilables y marcadamente conceptuales; por ejemplo, la obra de Bruce Nauman (1941). En 1966 filmó los movimientos más simples del cuerpo y del rostro en tiempo real. Sus imágenes podrían servir de la misma manera que las láminas anatómicas de los renacentistas. Rainer (1929) y Rinke (1939), siguieron sus pasos con algunas variaciones. Estos artistas proponían que los movimientos reales del cuerpo podían servir como un modo de auto-conocimiento. Ésta es una de las tantas manifestaciones que nos sugieren una aproximación conceptual al tema del cuerpo. La relación existente entre nosotros y nuestro cuerpo, no puede ser enunciada en términos de ‘posesión’ porque ello supondría que somos distintos de él; pero tampoco puede enunciarse en términos de identidad, porque el yo no es puro cuerpo. Gracias al cuerpo, nos reconocemos en coordenadas espacio temporales. Pero no podemos decir que “tenemos cuerpo”, porque “tener”, sólo adquiere sentido cuando el poseedor es distinto de lo poseído y nosotros, no somos distintos de nuestro cuerpo.

Al asumir nuestra corporeidad, estamos obligados a experimentar una especie de desdoblamiento, consistente en que el propio yo guarde distancia de sí mismo y se perciba como otro. Este desdoblamiento es un modo de afrontar la existencia. Las personas nos percibimos como una sola y misma realidad. Problemas similares a estos nos plantean los artistas que integraron FLUXUS, grupo impulsado principalmente por George Maciunas (1931-1978). Las performances de FLUXUS se distinguen de los happenings Puros, en que aquéllas evitan la improvisación. La propia noción, FLUXUS, proviene de la raíz latina que significa ‘fluir’, como una metáfora que sugiere el ‘devenir de las acciones durante un tiempo determinado’. Este movimiento retomó, entre 1958 y 1963, la identidad Dadá, con demostraciones en París, Alemania, Japón y Estados Unidos. Las exposiciones de estos artistas combinaban la plástica, la música y la expresión corporal. FLUXUS no es un grupo homogéneo. Es más bien, un ‘colectivo’ de artistas con tendencias muy variadas y que podrían denominarse ‘arte experimental’.

Entre ellos se destacaron Joseph Beuys, Alan Kaprow, Yoko Ono y el músico John Cage (1912-1992). Beuys es una de las figuras más representativas cercanas a FLUXUS. Su intervención es relevante para comprender la propuesta del artista como obra de arte (es decir, no como un productor de objetos artísticos, sino como un objeto artístico en sí mismo). Su trabajo es el mejor ejemplo de la apertura artística que caracteriza a la mayor parte de los artistas vinculados a aquel colectivo. Beuys plantea, en algunas de sus obras, cómo la especie humana es la destinataria del concepto de arte y por tanto, recurre al tratamiento del cuerpo humano como una herida. Algunos ejemplos: Hombre muerto de 1955, una pequeña figura de plastilina, sin brazos y con las piernas cubiertas de gasa; Virgen, de 1952, un torso femenino envuelto en gasa y depositado sobre un cojín. Se trata de cuerpos fragmentados, fetiches que sugieren un uso ritual. A principios de los años setenta el body art se volvió un tanto agresivo. La idea era buscar los límites del cuerpo y expresar rituales relacionados con la vida y la muerte. Existen manifestaciones cuyo objetivo es explorar los límites extremos del cuerpo humano vinculándose con el dolor y la muerte. Esta implicación física del artista llevada al ‘extremo’, se ha vuelto uno de los tópicos de estudio más importantes y complejos de la actual reflexión artística.

Aunque recientes, estas expresiones ya cuentan con figuras legendarias: Hermann Nitsch (1938), Gunter Brus (1938); Rudolf Schwarzkogler (1940-1969); Gina Pane (1939-1990); Chris Burden (1946), Stelarc (1946); Orlan (1947); etcétera. Estos artistas han llevado a cabo representaciones poco agradables. Son famosos los rituales de H. Nitsch, en donde el sacrificio de animales resulta un medio de liberación de los instintos; C. Burden se disparó una bala en el brazo dentro de una sala de exposiciones;

G. Pane se cortó la piel con cuchillas.

Las reflexiones alrededor de estos actos tan violentos e irracionales, pueden dejarnos atónitos. G. Pane, por ejemplo, ha declarado: “Vivir el propio cuerpo significa también descubrir la propia debilidad, la trágica e implacable servidumbre de sus limitaciones, de su desgaste y de su precariedad; significa conocer sus fantasmas, que no son más que el reflejo de los mitos creados por la sociedad; una sociedad que no puede aceptar, sin reaccionar, el lenguaje del cuerpo. Ello se debe a que no se adapta al automatismo necesario para el funcionamiento del sistema”.

¿Podemos decir, en rigor, que nuestro cuerpo es algo que poseemos como si fuese una cosa? Nosotros somos nuestro cuerpo, no estamos en él ni con él. Las expresiones del cuerpo en el arte contemporáneo expresan esta relación tan particular entre el yo y el cuerpo. En los ejemplos descritos se proyectan una serie de experiencias que involucran la corporalidad. Agresiones, extenuaciones, la búsqueda de los límites del dolor, la lucha entre la vida y la muerte, son temas comunes. Al parecer, las doctrinas filosóficas no han logrado dar una respuesta válida y coherente a estos problemas. ¿Qué es el dolor? ¿Qué la vida y qué la muerte? Éstas son experiencias estrictamente incomunicables, inabarcables desde la mera teoría. Sólo se comprenden cuando se viven en carne propia.

Bajo estos parámetros pueden enfrentarse algunas manifestaciones artísticas que utilizan al cuerpo. Por ejemplo, G. Pane y su teoría de las heridas como una manera de expresar su compromiso social y político. Según declara ella misma, tiene razones para lesionarse: tentar la vida para ser consciente de la realidad de la muerte. Y esta práctica es ahora un lugar común en la protesta pública: huelga de hambre, cosido de boca o el suicidio. Expresiones tan desconcertantes como ésas, exigen una aproximación ética. Parece que el arte contemporáneo nos ha obligado a reconsiderar el polémico binomio arte/ética. Si no es así, ¿qué decir ante las siguientes prácticas?

En 1974, C. Burden permaneció cuarenta y tres horas sentado en un taburete hasta que se desplomó; en otra ocasión, este mismo personaje se crucificó sobre el techo de un auto; Nitsch sacrificaba animales después de haberlos torturado; todavía peor, en 1969, Schwarzkogler muere desangrado por haberse cercenado los genitales. La pregunta es si la introspección que persiguen estos artistas, puede valorarse exclusivamente desde el punto de vista artístico. Es verdad que desde tiempos muy antiguos, los tatuajes, las perforaciones y los rituales extremos, formaban parte de un ceremonial religioso o catártico. Sin embargo, el maltrato del cuerpo y la anulación de la vida son fenómenos que exigen ser pensados más allá de la pura manifestación artística. ¿Qué decir ante la muerte de Schwarzkogler o ante las modificaciones en el rostro de Michael Jackson (1958)? En 1982, Michael Jackson grabó Thriller, uno de los discos más famosos y vendidos de todos los tiempos. En ese entonces grabó un vídeo en donde unos muertos salían de sus tumbas para perseguirlos a él y a su novia. Súbitamente, el rostro de Jackson se volvía, también, el de un monstruo, similar a Frankenstein. El vídeo no estaba tan lejos de la realidad: hoy Jackson es un fenómeno. La metáfora de Frankenstein, es la que se ha utilizado para describir algunas de las prácticas artísticas de los últimos veinte años: un cuerpo reconstruido con los miembros de distintos cadáveres y dotado de vida con choques eléctricos. Las intenciones del ‘científico loco’ son claras: dar vida a la materia muerta. El arte, pues, ha planteado un tema relevante, muy similar al anterior: el cuerpo natural contra el artificial. Sabemos que muchas de las hermosas modelos que aparecen en los medios de comunicación, fueron intervenidas quirúrgicamente, y que, en muchos casos, partes de su cuerpo han sido transformadas.

Asistimos, pues, a la era del cuerpo artificial. Pensemos, por ejemplo, en lo común que resulta ahora que algunas mujeres se implanten senos de silicona o que los médicos repongan algún miembro con una prótesis. Existe un subgénero del body art denominado “transformismo”. La transformación del cuerpo es una metáfora de los anhelos de transformación social. En este sentido, el body art se ha vuelto un arte de protesta en donde se combinan el cuerpo como soporte técnico, con el recurso a las tecnologías que de alguna manera han contribuido a la deshumanización. Parecería que la tecnología está suplantando poco a poco al ser humano, que cada vez es más común colocar elementos artificiales en nuestro cuerpo.

Hay artistas que se han valido de la moda de las cirugías estéticas para manifestarse. El ejemplo más famoso es Orlan, la “artista carnal”. Entre 1990 y 1994, esta profesora francesa de historia del arte se practicó siete cirugías plásticas para cambiar cara y cuerpo y hacerse semejante a varias modelos de algunas obras de arte. Para ella, esta performance significó más que el cambio físico: las cirugías fueron sólo con anestesia local y se transmitieron por la Internet para simbolizar cómo la mujer, ese objeto de violación, era capaz de utilizar la agresión del verdugo sobre sí misma, cómo podía asimilar su propio cuerpo como un objeto dispuesto a ser maltratado. Orlan permaneció sonriente mientras la desfiguraban para sugerir su triunfo sobre la violencia masculina: ya no era un varón quien la maltrataba; era ella misma. A lo largo de su cirugía, Orlan intentaba que el dolor lo experimentara el espectador más que ella. Orlan se operó para obtener la barbilla de la Venus de Botticelli, la nariz de Diana, la frente de la Mona Lisa, la boca de la Europa de Boucher, los ojos de la Psiquis de Gérome. No es que el rostro de esas mujeres le parecieran especialmente hermosos. Le atraían, más bien, su mitología, su historia y sus biografías. Orlan se vale de la tecnología en su proceso artístico. Primero, hace un esbozo digital en el computador. Después, presenta su rostro ideal y acto seguido, pasa al quirófano. A diferencia de la mayoría de las mujeres que asiste al cirujano plástico, Orlan no desea ser bella. Desea transgredir y modificar los cánones tradicionales de la belleza femenina. Para ello, como señala L. Kauffman, se vale de tres aspectos: en primer lugar, de la pintura clásica occidental, de Leonardo da Vinci en adelante; en segundo lugar, del psicoanálisis de Freud y Lacan; y por último el género epistolar aplicado a las nuevas tecnologías. Esto último quiere decir que Orlan utiliza un nuevo modo de comunicación: sus operaciones serán transmitidas por la Internet y mientras esto sucede, sus admiradores o los simples curiosos, pueden enviarle señales de apoyo vía e-mail o fax. Ella responderá al instante. Como ya podemos concluir, Orlan está utilizando las nuevas tecnologías médicas y de telecomunicación, para mostrarnos el modo en que éstos reconstruyen al ser humano. Orlan deconstruye la idea que tenemos de feminidad. Existe otro artista, Bob Flanagan (1952-1996), que hace lo mismo con la masculinidad.

Flanagan nos muestra cómo los sentidos humanos han sido reinventados por la tecnología. Con la invención del microscopio, el osciloscopio, los rayos X, las tomografías y todos los aparatos utilizados actualmente por los médicos, se ha modificado el modo de percibir el cuerpo. Una cosa es pues, nuestro cuerpo exterior y otra nuestra constitución interna. Flanagan sugiere que los médicos se enfrentan al cuerpo humano como si fuese una máquina descompuesta. Los enfermos son esas ‘cosas’ que hay que arreglar e inmediatamente aparecen tabúes: el cuerpo de un enfermo de cáncer o de fibrosis quística es poco agradable. Flanagan pretende exhibir la enfermedad, el dolor, la muerte y con ello, desmitificar la idea del cuerpo hermoso. En una de sus obras, Visiting Hours (Horas de visita), decora el museo como si fuese un ala pediátrica: radiografías pulmonares, monitores de vídeo que muestranj su cuerpo maltratado y vulnerable. Estos recursos como las radiografías y los monitores, contribuyen a encuadrar imágenes específicas destinadas a determinar la percepción del espectador.


Stelarc también se inscribe en el transformismo. Este personaje es un anatomista cuya intención principal, es recomponer el cuerpo humano a la luz de la robótica y la ciencia ficción de nuestros días. Varias obras literarias y cinematográficas nos han mostrado cuál será el hipotético futuro de la humanidad: la dominación de la tecnología y la toma del poder por parte de las máquinas. En escenarios como esos, el cuerpo humano es débil y obsoleto ante la sofisticación de los robots. Los seres robotizados son un producto de los seres humanos. Nuestra limitación corporal, nos ha obligado a crear maquinaria que nos permita llevar a cabo funciones que naturalmente no podemos hacer. En los años setenta existió una serie que ejemplifica muy bien esta cuestión: The Six Million Dollar Man, también conocido como El hombre nuclear. Steve Austin es un astronauta. Tras un accidente, los científicos del gobierno norteamericano lo intervienen quirúrgicamente para reconstruir sus dos piernas, uno de sus brazos y su ojo. De este modo, se vuelve un hombre biónico: es poderoso, es capaz de correr a altas velocidades y dar saltos de gran altura, su ojo le permite observar detalles a larga distancia. El coronel Austin es una máquina y al mismo tiempo un ser humano.

Una película también norteamericana plantea un caso todavía más agudo. Me refiero a Robocop. Murphy es un policía de la ciudad de Detroit. Unos delincuentes lo balacean brutalmente y en principio, muere. Una industria de robótica lo reconstruye y lo transforma en un policía robot. No obstante, al conservar su cerebro, Murphy sigue siendo Murphy y por tanto, padece una crisis de identidad permanente: ¿Es un robot o un ser humano? Poco a poco, no dejará que le llamen ‘Robocop’, sino Murphy. Sin embargo, ahora su estructura corporal es superior a la de los demás policías: su armazón de metal soporta las balas, su visor computarizado le permite disparar siempre en el blanco correcto. En la saga de estas películas, la industria de robótica trata de suplantarlo constantemente con una máquina más perfecta y avanzada. Pero los nuevos diseños no tienen algo que Robocop sí tiene: el cerebro de un policía noble. Se suman a esta película muchas otras bien conocidas desde Terminator hasta Yo robot. Con estos antecedentes podemos comprender mejor las intenciones de Stelarc.

Su trabajo consta de tres etapas:
  • la primera es un estudio sobre los límites físicos del cuerpo humano;
  • en la segunda se vale de la robótica para suplir los defectos corporales y entonces diseña extensiones complejas del ser humano;
  • en la tercera, concluye que la limitación de los seres humanos no se remedia con la invención de extensiones, sino que prácticamente habría que rediseñar todo el cuerpo. De este modo, podríamos resistir y quizá abolir experiencias como el dolor físico, el hambre y la sed o el cansancio.
Con esta tesis detrás, Stelarc habla del cuerpo obsoleto y aventura la posibilidad de crear un robot, un ciborg.

Las modificaciones tecnológicas del cuerpo humano transmutan nuestra manera de ver el mundo. También nuestra identidad: ¿Qué es propiamente humano? El problema ha dado mucho que pensar a los filósofos, los médicos y los antropólogos. Para Stelarc el cuerpo es una herramienta, una máquina diseñada para manipularse. Por ello, podemos inventar piezas que se adapten a él para perfeccionar sus funciones (por ejemplo, cuando se utiliza una mano-robot para alcanzar objetos ardiendo en llamas) o también podemos reemplazar sus partes como si fuesen refacciones (como cuando sustituimos alguna extremidad u órgano interno por algo artificial, una bomba, un marcapasos o una prótesis).

Estamos ante una expresión artística que explora cómo los avances de la Medicina y la tecnología inciden en nosotros, si es que estamos dispuestos a aceptar que nuestra identidad incluye nuestra corporalidad. ¿Qué somos? ¿Cuerpo y alma? ¿Cómo se integran estos dos elementos para hacernos los humanos que somos? Varias generaciones de filósofos, pensaron que nuestros actos y modos de ser estaban determinados por nuestra mente. Posteriormente, esta tesis no fue tan clara. Los filósofos de la mente siguen discutiendo el asunto. Stelarc postula que estamos determinados por el cuerpo y no por la mente. Por ello, afirma que si cambiamos nuestro cuerpo, cambia nuestra vida entera. De ser así, la Fisiología es el saber más importante.

Stelarc nos está invitando a un cambio radical del ser humano. Esto es lo mismo que pretende ofrecernos la genética actual: un ‘niño a la carta’ o un clon. Pero Stelarc también es terminante: el cuerpo es una estructura impersonal, evolutiva y por tanto, podemos rediseñarlo. Este artista estaría dispuesto a experimentar en carne propia lo que algunos filósofos de la mente han llamado ‘cerebros en una cubeta’. Este experimento consiste en colocar un cerebro en un recipiente, conectarlo a un computador programado para simular los estímulos sensoriales en la masa gris. Esto es lo mismo que le sucede a los personajes de Matrix, seres humanos dormidos, pero conectados a una matriz que les permite vivir como si estuviesen despiertos. Pero, ¿cómo cobraron conciencia los primeros prófugos de la ilusión?

13 Salón Regional de Artistas, zona Centro Occidente

Desde hace algunos años los Salones Regionales de Artistas son sinónimo de descentralización. Manifiestan la transición del pensamiento de las regiones a través de prácticas artísticas que revelan nociones de espacio, tiempo y de reflexión contextualizada sobre las estructuras sociopolíticas del momento, entre otras, a partir de la mirada estética de los creadores.

Uno de los propósitos del Salón Regional, a partir de las convocatorias formuladas por la curadurías presentadas desde el Ministerio de Cultura, es la puesta en escena del pensamiento reflexivo, la mirada y consideración que plasman los artistas y colectivos de artistas al proponer, formular y presentar sus trabajos ante la comunidad en general,.

Lo más relevante de estos procesos artísticos y de estas búsquedas expresivas a partir de las convocatorias de los Salones Regionales, son los procesos de investigación. La reflexión que tanto individuos como colectivos realizan sobre las temáticas propuestas por las curadurías, fortalecen la variedad de procesos investigativos en arte y demuestran tanto el carácter interdisciplinario del quehacer artístico contemporáneo como sus múltiples lecturas.

El 13 Salón Regional de Artistas, zona Centro Occidente no es la excepción. Para el proyecto Inversiones S.A. se presentaron 82 propuestas y para el proyecto curatorial MicroMACRO 150. Cifras que indican que el arte, los artistas y los colectivos de artistas de la región viven un momento creativo y de movilización de pensamiento en función de acontecimientos y problemáticas sociales.

Es evidente que existen fallas, y que no todo es fácil en el campo de las practicas artísticas contemporáneas en Colombia, pero el papel que han desempeñado los Salones Regionales ha sido importante para el panorama del arte colombiano y por el momento para algunas regiones es la única opción que tienen para reformular con sus propuestas el papel del artista en la sociedad, mostrar su talento artístico a partir de su pensamiento estético y de contribuir con su discurso con las prácticas artísticas contemporáneas en Colombia.

Lisa Van Bommel (1978)

Por Clara Duque Tello




Estudios
  • Real Academia de Bellas Artes, La Haya, Holanda, 2005
  • Escuela de Arte Carlos Baca Flor, Arequipa, Perú, 1999.
La relación del hombre contemporáneo extraviado en la naturaleza es la columna vertebral del trabajo de Lisa Van Bommel, gracias a lo cual logra una gran variedad de aplicaciones que van desde un jardín portable hasta un invernadero crítico.

Su trabajo es variado y parece iniciar en una reminiscencia última de la naturaleza en nuestro intento de conectarnos a ella, con un jardín portátil en una bolsa de plástico o en plantas de interior que son principalmente patéticos testigos que han perdido el contacto con su hábitat original.

Su visión de la naturaleza como proceso industrial eficiente para la producción en serie, con una reflexión sobre la destrucción del campo y una metáfora de la interacción humana y la impotencia, en ese sentido, su trabajo es una especie de parábola, una alegoría de las deficiencias humanas, a menudo bellas o inocentes, sugiriendo imágenes alucinatorias. El envase se ve bien, pero por dentro está el fermento y la putrefacción.

Los urbanitas tenemos una relación alterada con la naturaleza: por una parte la vemos como el escenario para la recreación y por otra parte como un hábitat no natural. Las tribus que existen en el globo están alerta tratando de proteger sus (las) fronteras de la caza, la tala y la industria. Este mundo está tan civilizado que la naturaleza es una forma de amenaza.

Los países muy desarrollados, tiene apenas pocos metros cuadrados de tierra natural. Los parques, bosques y jardines son recuerdos de lo que alguna vez fueron. Por ahora son bellas nostalgias, bucólicas melancolías, una forma de detener el tiempo? Sembramos plantas y flores, las sometemos a stress increíble para que crezcan rápidamente y cortarlas y llevarlas dentro de la casa. Y allí reconstruir un fragmento de paisaje natural en medio de la sala!

No vivimos la naturaleza, la naturaleza también somos nosotros y estamos dentro.



Entonces aparece la propuesta de Lisa Van Bommel “jardines portátiles” -2004- (1) que siembra bolsas pláticas transparentes, con vegetación florecida dentro y que dispersa por las calles de la ciudad para que cualquier transeúnte las lleve, como quien lleva la compra. Así el nuevo dueño, tendrá verde cerca de sí, lo llevará donde vaya.

Esta propuesta es paradójica: las plantas por definición están plantadas, esto es enraizadas. En esta propuesta, la vegetación es portátil, tan móvil como los habitantes urbanos.

Los jardines portátiles están en toda la ciudad y se los puede llevar quien lo desee. Como en algunas ciudades hay oferta de bicicletas públicas. Es una oferta democrática incluso altruista por cuanto la naturaleza no debería tener propietarios, sino administradores; la propuesta es simbólica. Y es transgresiva porque pone a la naturaleza entre una bolsa de plástico haciendo una aguda crítica a la imposibilidad del urbanita de tener una relación natural con la naturaleza.

Con la obra “efecto invernadero” 2005 hace un edificio a escala y lo llena de plantas por completo: la sensación que da es que es inadecuado, como lo es un zoológico para los animales que lo habitan.

No es una crítica a un invernadero, pero es extraño que por una parte se talen bosques enteros, incluso algunos protegidos y por otra parte se cultiven plantas en medio de ambientes artificiales. En ambos casos las razones que se exponen tiene que ver con la calidad de vida de los seres humanos.

Las plantas absorben dióxido de carbono y oxígeno, es lo que las hace vital para los humanos, pero es todo lo contrario: los humanos necesitamos oxígeno y exhalamos dióxido de carbono.

Equilibrio ecológico es la relación simbólica entre vegetación y humanos. Los bosques primarios son los pulmones de la tierra.

La obra “este lado abajo” 2006 es un pequeño invernadero en forma de casa, pegado con el techo hacia abajo en una pared, como un valioso objeto de arte o como un artefacto curioso en un museo de historia natural.

El planteamiento es expresamente una inversión: cada vez hay más hierba en el efecto invernadero, pero en el techo. Esto es lógico dado que es de la tierra de donde proviene la hierba y la tierra no es solo lo que cuelga, porque está también el efecto de la gravedad, la tierra hubiera caído. Pero esta propuesta está por encima de lo que está encima y lo que está debajo de manera normal. En esta situación en donde todo está al revés y nada es lo que parece o lo que se quiere o lo que se necesita, da a la obra un aversión cínica del proverbio natura artis magistra.




Las flores y las plantas en la sala no sólo son inocentes desde el punto de vista estético sino que son un ejemplo de la lucha y de la colonización de la naturaleza, una imagen MICRO de la actitud que conduce a la destrucción y finalmente amenaza con tragedia.


Otras Obras
  • Obra sin nombre, video 2004.
  • Obra sin nombre, video 2005.
  • “gérbera en cloro” 2006: docenas de gérberas en sus cartones de empaque, con el tallo sumido entre una piscina de cloro.
  • “casi plantas” 2006: probetas de vidrio con semillas florecidas que cuelgan del techo sostenidas por cables regularmente instalados ordenando la serialidad. Es una instalación que toca lo minimalista y pone la probeta en cuestión como símbolo por excelencia de los ensayos de laboratorio.
  • Para cualquier flor feliz 2007, basado en los textos de Emily Dickinson.
  • Video “kuss” –beso-, 2005 en donde hace referencia a la relación alterada hombre naturaleza y se propone restaurarla cosiendo una hoja de un árbol a un cuerpo humano. Es un beso que busca reparar, pero que hiere y hay sangre.

La página de la artista:

www.lisavanbommel.nl

Otras citas:

http://www.haagsekunstenaars.nl/cv/32879/

[1] Tragbare Gärten, 2004.

555 KUBIK, Daniel Rossa Urbanscreen. "¿Cómo sería, si una edificación fuera un sueño?"

ORIGINAL: Urbanscreen


Conceptualmente, este trabajo se basa en la ilusión del concepto teórico y de los patrones visuales a partir de la arquitectura de la Galería de Arte Contemporáneo de Hamburgo. El edificio fue construido por O. M. Unger en 1995: La silueta de la cuadrícula se desarrolla a través de la arquitectura y en su interior. Con una consistente red de orden geométrico le hace aparecer monumental y lejano.

Se rompe por lo tanto con la idea básica de la proyección para resolver la austeridad y el análisis estructural del edificio con la utilización de técnicas especiales visuales. La permeabilidad resultante de la fachada establece el punto de vista de los enfoques conceptuales y geométricos liberando una nueva interpretación, que son gráficas en movimiento utilizables. Esto crea una situación de auto-reflexión, en la textura y la sensación de amplitud del lugar, por el edificio en sí que se describe en el proceso y la estética.

Producción: urbanscreen.com
Dirección de Arte: Daniel Rossa
Dirección Técnica: Thorsten Bauer
Diseño 3D: David Starmann
Diseño de sonido: Jonas Wiese
Realizado con el MediaServer mxwendler.net
Atención al cliente: Hamburger Kunsthalle.

Theo Jansen, bestias de la playa

ORIGINAL: Ritnit

Desde hace quince años, el holandés Theo Jansen se ha dedicado en cuerpo y alma a crear una nueva forma de vida. Sus “Strandbeest” (bestias de la playa) parecen tan orgánicas que desde lejos se confundirían con inmensos insectos o esqueletos de mamuts prehistóricos, pero están hechas a partir de materiales de la era industrial: tubos de plástico flexible, cinta adhesiva. Nacen dentro de un ordenador en forma de algoritmo, pero no requieren motores, sensores o ninguna clase de tecnología avanzada para cobrar vida. Se mueven gracias a la fuerza del viento y a la arena mojada que encuentran en su hábitat de la costa holandesa.

Desde su laboratorio de Ypenburg, Jansen estudia la historia de la evolución biológica para dotar a sus nuevas generaciones de criaturas de capacidades cada vez mayores. Su sueño es que algún día aprendan a evolucionar sin su intervención y continuen sus vidas como cualquier otro organismo, sometidas a los ciclos de la naturaleza.

Todos los que observan por primera vez la belleza de una de las criaturas de Theo Jansen desplazándose sobre la arena entienden de inmediato que el trabajo de este ingeniero, científico y artista es algo especial. Sin embargo, durante más de una década ha permanecido en la oscuridad y sólo recientemente ha sido descubierto por la comunidad artística internacional. En la pasada década deslumbrada por la revolución digital, su obra podía parecer rudimentaria, sobre todo en comparación con la sofisticada producción que estaban realizando sus coetáneos en el campo del arte robótico. Hoy, en la era en que la convivencia entre la técnica y la naturaleza en pos de la sostenibilidad es una prioridad urgente, sus estrategias de diseño resultan más relevantes que nunca.

Las criaturas de Jansen comienzan su gestación como una simulación dentro de un ordenador, en forma de organismos de vida artificial que compiten entre sí por ser el más veloz. Jansen estudia las criaturas vencedoras y las reconstruye tridimensionalmente con tubos flexibles y ligeros, hilos de nylon y cinta adhesiva. Aquellas que se desplazan más eficazmente donarán su “ADN” (la longitud y disposición de los tubos que forman sus partes móviles) a las siguientes generaciones de Standbeest. A través de este proceso de hibridación y evolución darwiniana, las criaturas se vuelven cada vez más capaces de habitar su entorno, y pueden incluso tomar decisiones para asegurar su supervivencia; el “Animaris Sabulosa”, por ejemplo, hunde su nariz en la arena para anclarse si detecta que el viento es demasiado fuerte para permanecer en pie.

Jansen trabaja ya en la séptima generación de criaturas de la playa. Sus últimas piezas pueden incluso transportar pasajeros en su interior -el “Animaris Rhinozeros”, un gigante de dos toneladas de peso que puede ser movido por sólo una persona- y llegar hasta donde no haya viento ni arena, gracias a un ingenioso sistema de impulsión basado en aire comprimido almacenado en botellas de refrescos.



(Video original de TED.com)

En el futuro, el artista holandés prevee que sus creaciones se volverán cada vez más sofisticadas anatómicamente: desarrollarán músculos, un sistema nervioso, y algún tipo de cerebro que les permita tomar decisiones complejas. Y un día, anhela, las criaturas de la playa no le necesitarán para seguir evolucionando. Manadas completas en las playas competirán por ser las más veloces y estables, y transmitirán de manera autónoma su ADN a las siguientes generaciones, integradas ya por completo en su ecosistema.

Tras abandonar sus estudios de física, Theo Jansen empezó su carrera artística en los 70 como pintor. Posteriormente se comenzó a interesar por áreas como la aeronáutica y la robótica. Su “UFO” (OVNI), una aeronave con forma de platillo volante con la que aterrorizaba a los habitantes de la ciudad holandesa de Delft, y su “máquina de pintar”, un robot que traza graffitis sobre una pared, mostraron su habilidad para aplicar sus conocimientos de ingeniería a diferentes proyectos artísticos. A comienzos de los 80, Jansen comenzó a crear programas de simulación algorítimica de vida artificial. Su interés por diseñar organismos vivos y autónomos a través de software le lleva a iniciar su serie de esculturas cinéticas “Strandbeest”, el proyecto que le ha proporcionado un reconocimiento a nivel internacional. Entre otros galardones, Jansen ha recibido el premio especial del jurado en Ars Electronica 2005.



Texto vía ARTE+PENSAMIENTO